El ruido, violencia acústica que avanza a pasos de estruendo en México

El ruido, violencia acústica que avanza a pasos de estruendo en México

 

““Usar audífonos durante tiempos prolongados y en volúmenes que van de 90 a 100 decibeles ha provocado problemas de audición en alrededor de 19 millones de jóvenes mexicanos”, alerta la especialista Ana Lidia Domínguez

CIUDAD DE MÉXICO, 30 de abril (Al Momento Noticias).- Si una persona estuviera expuesta, sin protección, al ruido que produce un cohete espacial cuando despega, se volvería sordo en un instante. Los 150 decibeles que alcanza una acción como esta son suficientes para reventarle el oído a cualquiera.

Por eso sorprende que en la Ciudad de México, un lugar particularmente ruidoso, existan zonas que alcancen diariamente hasta los 120 decibeles, sin que sus habitantes se sientan particularmente vulnerados. Una de estas regiones es el perímetro donde se encuentra el aeropuerto de la ciudad, donde el ruido de los despegues y aterrizajes forma parte de la “violencia acústica” de todos los días.

“Ya nos acostumbramos; después de algunos años ya ni nos percatamos de los aviones”, dicen los vecinos. La verdad es que se han quedado sordos y no se han dado cuenta.

“En México tenemos una relación bien particular con el ruido, es sabido que somos ruidosos y lo soportamos todo el tiempo”, comenta en entrevista con Al Momento la doctora Ana Lidia Domínguez Ruiz quien, junto con la doctora Jimena de Gortari Ludlow, creó “Ruido SOS”, un proyecto de información sonora que enseña a la gente a escuchar el espacio, a identificar los sonidos que se generan en lugares públicos y privados.

Domínguez Ruiz —entrevistada en el marco del Día Internacional de Lucha contra el Ruido, que se celebra hoy, 30 de abril— afirma que en los últimos años, el ruido ocupacional, aquél que se produce en un trabajo, ha comenzado a ser desplazado por el recreacional, aquél que se busca por el puro gusto de experimentar la potencia sonora.

No se trata de una cosa menor. Esto ha provocado que en los últimos años la pérdida del oído se presente en personas cada vez más jóvenes, que gustan de exponerse diariamente y durante varias horas a música con volumen alto, ya sea en un antro o con sus audífonos. Sin embargo, afirma Domínguez Ruiz, parece que nadie lo ve demasiado grave. Se trata de un mal silencioso que avanza a pasos de estruendo.

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dosis-de-ruidoSegún datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente 120 millones de personas en el mundo tienen deficiencias auditivas por causa del ruido ambiental, es decir, aquel que se produce por automóviles, fábricas, antros y el uso excesivo de alarmas.

La OMS indica que América Latina es la región más ruidosa del mundo. Entre las ciudades que menciona están Caracas (Venezuela), Lima (Perú), Río de Janeiro (Brasil), Buenos Aires (Argentina). En esa poco honrosa lista, la Ciudad de México ocupa el quinto lugar.

Mucho de ese ruido proviene casi en su totalidad de los entornos de la vida cotidiana y de los ambientes laborales. Esto ha provocado que miles de personas presenten profesioacusia, que es la disminución de la capacidad de escucha por la exposición prolongada a altos niveles sonoros en ambientes laborales.

Un estudio elaborado en la Coordinación de Salud en el Trabajo del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), señala que casi el 30 por ciento de las enfermedades de trabajo registradas entre 1992 y 2002, correspondieron a traumas acústicos crónicos por la presencia de ruido excesivo en los centros de trabajo.

Existen ciertas profesiones donde la gente se expone a altos niveles de ruido durante medio día, toda su vida, como un obrero, un agente de tránsito o la gente que trabaja en construcción. Todos ellos ocupan diversos tipos de protección, como cascos, impermeables, gafas, pero muy raramente protectores para el oído.

“Durante mucho tiempo los investigadores prestaron mayor atención al daño del ruido en el ámbito profesional. En Francia, por ejemplo, detectaron por primera vez el ‘mal del calderero’, gente que trabaja en las calderas y que empieza a perder el oído. Pero ahora, lo que preocupa más es el ruido recreacional o la socioacusia, que tiene que ver con hábitos de escucha; es un ruido al que te sometes por el puro gusto de experimentar la potencia sonora”, explica Domínguez Ruiz, quien se refiere específicamente al uso de audífonos.

“Usar audífonos durante tiempos prolongados (10 horas, aproximadamente) y en volúmenes que van entre los 90 y 100 decibeles ha provocado problemas de audición en alrededor de 19 millones de jóvenes mexicanos entre los 15 y 24 años de edad”, alerta Domínguez, de la Universidad Pedagógica Nacional.

“Es un exceso de exposición,  es demasiado tiempo y de repente parece demasiado ilógico que la gente crea que eso no le va a perjudicar de alguna manera. Ahí hay una población vulnerable por el ruido. Porque la gente pierde naturalmente el oído a los 60 años de edad, que es la presviacusia. No obstante, se ha comprobado que las actuales generaciones están perdiendo el oído 15 años antes. O sea, las enfermedades propias de la edad, se están presentando en personas de 45 años. Eso conlleva a tener una generación sorda.

Domínguez que cuando una persona utiliza audífonos de pastilla, se impide que entre aire al oído y, en consecuencia, que el timpano y las membranas auditivas tengan movimiento, con lo cual se empiezan a endurecer, que es justo lo que provoca la sordera. Por eso, dice, es recomendable utilizar audífonos de diadema y en volúmenes moderados. “No es recomendable utilizarlos a más de la mitad de su capacidad. Cuando una persona cercana puede oír lo que una persona con audífonos está escuchando, quiere decir que es demasiado fuerte el volumen”.

En opinión de Domínguez, el mundo puede experimentarse a través de sus sonidos. Te das cuenta de que los sonidos en tu casa van cambiando a lo largo del día. Hay sonidos que te despiertan, hay momentos en donde el ruido baja, hay menos densidad acústica. La calle tiene un ritmo, la ciudad tiene un ritmo. Mientras hay espacios que están dormidos, hay otros que están funcionando. “Eso es un ritmo.

Las horas picos, por ejemplo, son las horas más ruidosas de la ciudad. Esa es la idea de que el mundo suena. Ahora, no sólo es el ruido. La idea del paisaje sonoro es bien interesante, porque te permite identificar los sonidos característicos de un lugar. Una ciudad no suena igual a otra. Hay sonidos que son característicos de ciertos lugares”.

-¿En qué momento la acústica de una ciudad se convierte en violencia acústica?

-La variación de esa percepción depende de muchas cosas. ¿Hasta qué punto un sonido resulta molesto? El ruido de una fiesta será molesto si estás o no en la fiesta. El problema viene cuando hay una saturación de fuentes sonoras, es decir, que no escuchas esos sonidos aislados, sino que escuchas muchísimas fuentes al mismo tiempo, y eso en primera instancia produce densidad acústica, lo que satura tu oído.

El otro punto son los decibeles que se utilizan. Los decibeles son la medida física para determinar a partir de qué nivel el sonido empieza a producirte daños. La OMS fija en 65 decibeles durante el día y 62 durante la noche, el nivel máximo antes de que se produzcan afectaciones al oído y al cuerpo en general. Pueden presentarse dolores de cabeza, problemas con la respiración o con el ritmo cardíaco, incluso ansiedad y estrés.

El oído escucha desde los 10 decibeles (canto de pajaritos y sonidos de la naturaleza), hasta 140 decibeles, que es lo que puede soportar el hombre antes de perder el oído. Con el despegue de un cohete (150 decibeles) el oído se puede perder automáticamente.

-¿En la Ciudad de México, en la zona más ruidosa, en hora pico, a cuántos decibeles se llega?

El aeropuerto es un grandísimo problema de contaminación acústica. Ahí la gente vive expuesta a más de 120 decibeles por el despegue y aterrizaje de aviones. Pero más que zonas, el ruido de la ciudad se identifica primero por actividades y de ahí se pueden ubicar ciertas regiones. Tenemos, por ejemplo, lugares altamente ruidosos como restaurantes y antros, que predominan en colonias como la Condesa, la Del Valle, la Nápoles, San Ángel, y en ciertas zonas de la Roma.

-¿Qué hacer para revertir el problema?

-Debe ir en dos vías: en términos legales y de educación cívica.

“Primero se deben producir leyes acorde a la realidad mexicana. El problema es que México ha intentado adoptar medidas de otros países, cuando nuestro país tiene una relación muy  particular con el ruido. Es sabido que somos ruidosos y soportamos el ruido.

“Además, hay un problema de ordenamiento territorial. Debería de haber zonas de fábricas separadas de la vivienda; el aeropuerto no debería estar  frente a la entrada del metro. Se supone que debería haber zonas de inmunidad sonora alrededor de hospitales y escuelas; sin embargo, eso no existe, aquí los usos de suelo están mezclados.

“Por otro lado está la educación cívica. La gente cree que es muy normal no escuchar muchos sonidos. La gente que vive cerca del aeropuerto muchas veces está habituada a eso. A ellos les parece que está muy bien así. No es que se acostumbren, es que ya se quedaron sordos. Hay que tener la conciencia de que existen condiciones perjudiciales para la escucha.

“Hay que promover cierta educación para ser empático en el sentido de pensar que lo que tú haces en casa, sobrepasa esos límites. El sonido es flujo y es vibración. Tiene que ver con el individualismo urbano, debes aprender a ser sonoramente consciente de tu alrededor”.