
Para nadie es un secreto que la ceremonia del Grito del 15 de septiembre de 2011 realizada en Xalapa (la primera de la actual administración), fue muy mal organizada, lo que redundó en acidas críticas contra el gobernador Javier Duarte, que no tuvo más remedio que asumir el costo por la falla de sus subalternos, muchos de los cuales quisieron inventar el hilo negro.
Ahora, para el tema de las Fiestas Patrias, se optó por recurrir al “librito” y dejar las ideas de “vanguardia” en el escritorio. Para ello, asumió el control el subsecretario de Gobierno, Enrique Ampudia, quien recurrió al equipo que estuvo a cargo de Acción Social de Gobierno del Estado por casi una década, el cual fue encabezado por Harry Jackson.
Así pues, sin ocurrencias y recurriendo al manual, este grupo de ex funcionarios logró que dicho evento (al igual que la ceremonia de los Niños Héroes y la parada militar del 16 de Septiembre), contaran con una organización eficiente que permitió, en buena medida, el retorno de la gente a la Plaza Lerdo y el Parque Juárez, esto, a pesar de las críticas que en otro sentido se puedan hacer.
Una cuestión es innegable, para la inmensa mayoría de la población, la Noche del Grito es una verbena popular más allá de connotaciones políticas (la cuales, en su momento, son válidas), por ello, el papel de las autoridades es organizarla y organizarla bien.
Con esto queda demostrado que el trabajo político y administrativo, para dar resultados, requiere de una par de cosas muy sencillas: tener oficio y compromiso.

