El Presidente Calderón en el 98 aniversario de la defensa del Puerto de Veracruz

El Presidente Calderón en el 98 aniversario de la defensa del Puerto de Veracruz
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Discurso

Almirante Mariano Francisco Saynez Mendoza, Secretario de Marina.

General Guillermo Galván Galván, Secretario de la Defensa Nacional.

Doctor Javier Duarte de Ochoa, Gobernador del Estado de Veracruz. Reitero, a través de usted, mis condolencias, ya expresadas, a los veracruzanos por los tristes acontecimientos del día de ayer.

Senador Sebastián Calderón Centeno, Presidente de la Comisión de Marina del Senado de la República.

Diputado Eduardo Andrade Sánchez, Presidente del Congreso del Estado.

Magistrado Alberto Sosa Hernández, Presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado.

Licenciada Sara Luz Herrera Cano, Presidenta Municipal de Alvarado.

Licenciada Luz Carolina Gudiño Corro, Presidenta Municipal de Veracruz.

Honorables miembros del presídium.

Distinguidas, distinguidos invitados especiales.

Almirantes, capitanes, oficiales y marinos de México.

Jóvenes cadetes de la Heroica Escuela Naval Militar.

Señoras y señores:

Como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, es un honor para mí el poder conmemorar con ustedes el XCVIII Aniversario de la Heroica Defensa del Puerto de Veracruz.

Ésta es una de las gestas heroicas que mejor reflejan los valores de nuestros marinos, la valentía y el pundonor, la lealtad y la lucha sin claudicaciones, la vocación de servicio y el profundo amor a México.

Hoy recordamos con admiración y respeto la memorable batalla en la que el Teniente José Azueta y el Cadete Virgilio Uribe, con el apoyo de los veracruzanos, defendieron a sangre y fuego, y con la vida, esta ciudad y a México, frente al ataque de las tropas invasoras.

Atentos al llamado de la Patria, estos jóvenes no titubearon en ofrendar su propia vida en la defensa de nuestras libertades y de la soberanía nacional.

Sé bien que este ejemplo de patriotismo está vivo en el corazón de nuestros marinos y de quienes se están preparando para servir a la Patria desde las filas de nuestras instituciones militares.

Ustedes, son dignos herederos de la larga tradición de honor, valor y lealtad de la Armada de México. Por eso, celebro que hoy, también, estemos aquí, reunidos junto con sus padres y sus hermanos, para participar en esta Ceremonia de Jura de Bandera de los Cadetes de Primer Año de la Heroica Escuela Naval Militar.

Al ver el significativo número de mujeres que, hoy, juran Bandera en esta Academia, me congratulo de que en estos años se haya impulsado, de manera decidida, la incorporación plena de las mujeres a las Fuerzas Armadas de México.

Quienes hoy comienzan su formación en estas instalaciones, tienen una responsabilidad muy importante con México y con los mexicanos.

Hoy, inician una larga travesía, una travesía de su vida que los llevará a surcar los mares y a vivir muchas experiencias, muchas extraordinariamente gratas; otras, ciertamente, muy difíciles, pero todas enriquecedoras e irrepetibles.

Tengan siempre presente que todo su esfuerzo, toda su satisfacción, todo su sacrificio, es y será, siempre, reconocido por los mexicanos, que confían en su Marina Armada y que saben que en sus integrantes está lo mejor que tiene nuestro país.

Ustedes son salvaguarda de la soberanía nacional y de la seguridad interior de nuestro México, en particular en nuestros mares y costas.

Y a lo largo de la historia se han consolidado como baluartes de la ley, del Estado de Derecho y de nuestras instituciones democráticas.

Nuestra Marina ha correspondido siempre a la admiración y el respeto que el pueblo le ha profesado, con su disciplina, su lealtad y su profesionalismo a toda prueba, y con su valentía y aplomo para hacer frente a cualquier peligro que amenace a los mexicanos.

Los marinos de México han estado al lado del pueblo, al lado de las mexicanas y los mexicanos, en los momentos más difíciles, y eso es algo que el pueblo, nunca, nunca olvidará.

En ese destacado patriotismo han perdido la vida, por desgracia, en diversas circunstancias, elementos heroicos de la Marina Armada de México y de las Fuerzas Armadas, mexicanas y mexicanos patriotas que recordamos entrañablemente y que no olvidaremos.

Por ellos y por todos los que han ofrendado su vida a la Patria en defensa de sus hermanas y hermanos mexicanos, pido que guardemos todos, respetuosamente, un minuto de silencio.

(MINUTO DE SILENCIO)

Muchas gracias.

Ante los huracanes, las inundaciones, los terremotos o la amenaza de los delincuentes y los violentos, ustedes han mostrado siempre su espíritu generoso, solidario y patriota para apoyar a quien más lo necesita, para defender al indefenso, para ayudar al necesitado.

La Marina no sólo ha sido y es ejemplo de compromiso en la construcción de un México soberano, seguro y libre, como al que aspiramos, sino que es emblema del profundo sentido humano y solidario que caracteriza a nuestra sociedad.

Por eso les digo, cadetes, que servir a la Patria, y en particular servirla desde la Armada de México, es uno de los honores más grandes al que puede aspirar cualquier mexicano. Y es un doble honor cuando se sirve a la Nación, precisamente, en los tiempos que la Nación necesita a los mejores de sus hijas e hijos.

Es un doble privilegio servirla en tiempos de grandes exigencias y desafíos, porque hoy las amenazas y los enemigos que enfrenta nuestro país, son, ciertamente, muy distintos a los que afrontaron los marinos hace casi cien años aquí, en Veracruz. Pero la entrega, la rectitud, y la vocación de servicio de ustedes, son perennemente las mismas.

En efecto. Durante la segunda mitad del Siglo XX, la agenda internacional de seguridad se transformó profundamente, particularmente después de las guerras mundiales, el surgimiento y la terminación de la llamada Guerra Fría.

La principal amenaza a la estabilidad global, se convirtió, entonces, en la posibilidad de una confrontación entre grandes potencias, que podía, incluso, significar el uso de armas nucleares, y para países como México, casi durante toda su vida independiente, como lo fue para otros Estados Nación, el mayor riesgo a su soberanía, también, se significaba por provenir de las posibilidades de agresión, conflicto e invasión por parte de otros Estados, como efectivamente ocurriera durante la Heroica Defensa del Puerto de Veracruz, que hoy conmemoramos, ante la absurda e inaceptable invasión americana.

En el Siglo XXI, sin embargo, hay nuevas amenazas. El mundo, en la globalización, se ha transformado y la confrontación armada, entre Estados Nación, va cediendo, poco a poco, su lugar a otras amenazas, como lo constituyen, sin duda alguna, las mayores amenazas de nuestro tiempo, el terrorismo o el crimen organizado, como la fuente más importante de preocupación, incertidumbre e inestabilidad casi para cualquier Nación de nuestro Continente.

Los imperios criminales no sólo se han expandido en términos financieros y geográficos; también, han construido sofisticadas redes de actividades ilegales alrededor del mundo.

Por eso, reconozco su callada y tesonera labor en la defensa de las mejores causas de la sociedad, en particular, en esta entidad, que mucho ha sufrido la vejación de criminales, hasta hace poco tiempo impunes.

Hoy, ustedes están en la primera línea de batalla de defensa de la gente, de defensa del pueblo, de las familias pobres, trabajadoras y atribuladas de nuestro México y de Veracruz. Con espíritu de cuerpo, cada marino ha puesto en esta noble labor todo su arrojo, toda su entrega, toda su capacidad, en algunos casos a costa de su propia vida.

Por eso, ustedes están llamados a seguir el ejemplo de los Cadetes que pelearon, en este mismo lugar, por defender la soberanía de nuestro país en 1914.

Nunca se rindan, como nunca se rindieron Azueta y Uribe. Y sigan adelante, mostrando cada día su amor por México. Así, serán dignos herederos del legado de honor que nos dejaron estos magníficos mexicanos, héroes caídos en defensa de la Patria, pero inmortales, por su sacrificio, lleno de gloria, de honor, de gallardía y de Patria.

Jóvenes cadetes:

Hoy, los mexicanos estamos luchando por la seguridad de las familias y la tranquilidad de los ciudadanos. Estamos luchando y construyendo el México seguro, el México justo, el México próspero al que aspiramos.

Y, por eso, nos enfrentamos con determinación a quienes pretenden impedir el arribo de ese México anhelado, a criminales viles y desalmados; delincuentes que, sabemos, no tienen reparo en secuestrar o extorsionar, y que no dudan en asesinar a quien no se esclaviza a sus caprichos.

La violencia criminal, lo sabemos, crece, en la medida en que el Estado no le hace frente y se traduce, entonces, ante el abandono, en angustia y dolor para muchas familias y comunidades; en sufrimiento y desazón para  mexicanas y mexicanos de bien.

Frente a los criminales que así lastiman a nuestra población, por eso hemos respondido con lo mejor que tenemos, con nuestra Marina Armada de México, con nuestro Ejército Nacional, con nuestra Policía Federal.

Y ustedes han salido en apoyo de los desamparados, en apoyo de los ciudadanos, y son miles de mujeres y hombres valientes que tienen la mejor preparación, el mejor equipo, la mayor disciplina, pero sobre todo, están forjados en valores que los hacen moralmente, también, superiores frente al enemigo: la vocación de servicio, la generosidad, el respeto a la ley, la lealtad a la Patria.

Al igual que Azueta, al igual que Uribe, no estamos dispuestos a cederle la plaza a ningún enemigo.

México no se rinde y no se rendirá. Antes bien, avanzará, contundentemente, hasta la victoria. No claudicaremos en la protección de la población y en la defensa de las instituciones.

Mientras sea el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, mientras sea yo el Presidente de México, no titubearemos en la lucha contra los enemigos de México. No daremos tregua ni cuartel a los criminales.

Jóvenes cadetes:

Éste es el último 21 de abril en que tengo el honor de conmemorar con ustedes la Heroica Defensa del Puerto de Veracruz.

La vida me ha dado el extraordinario privilegio de estar al lado de ustedes, los  Marinos de México, de trabajar hombro con hombro, con las mujeres y los hombres de mar, por el bien de nuestro pueblo.

Ustedes han luchado con determinación y  lealtad por México. Lo han hecho, además, pensando en el interés superior de la Patria, con apego a la Constitución y obediencia a la ley y respeto a los derechos humanos.

Por eso, se han convertido en garantes de los derechos y las libertades de millones y millones de mexicanos.

En este día tan especial, quiero decirles que me siento muy orgulloso de ustedes, porque son ejemplo de servicio desinteresado al pueblo de México; servidores públicos solidarios y valientes, comprometidos verdaderamente con las mejores causas de la Nación.

Entre los mayores honores de mi vida, es ser, precisamente, Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas de México.

Les reitero mi agradecimiento y mi sincera felicitación.

Y los instruyo a que sigan trabajando incansablemente por el bien de la Patria.

Sigan trabajando por heredar a las generaciones futuras el México seguro, justo y próspero, que viene ya y que todos anhelamos.

Como reza el Himno de la Heroica Escuela Naval Militar: Marchen siempre por la senda de la gloria, y cantando un himno al mar, luchen por la Patria y la victoria.

Lleven siempre con honor el uniforme que tan gallardamente portan; honren a sus padres y, sobre todo, cuiden, cuiden con celo su buen nombre y cuiden a México. Serán las únicas cosas verdaderamente valiosas que podrán heredarle a sus hijos.

Crean y luchen, luchen firmemente por los ideales, los principios y valores, aquellos que puedan darle sentido pleno a su vida.

Y de corazón les digo, que nunca, nunca se arriesguen a llevar una vida sin ideales.

Enhorabuena a todos.

Les deseo el mayor de los éxitos en su carrera naval y en su vida entera.

Y a todos ustedes, les deseo que haya siempre buen viento y buena mar para los marinos de México y para los jóvenes cadetes que hoy juran la Bandera Nacional.

Enhorabuena y muchas gracias.

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