
alcalde de Xalapa, Américo Zúñiga Martínez
Mi ciudad es un lugar con fama de ser un bastión cultural, un referente de la intelectualidad y de la creación literaria, sitio de poetas, lugar de pintores, cuna de creadores y semillero de mentes brillantes. En Xalapa se respira arte y hasta en las calles puede uno ver gente ejerciendo alguna muestra de ello, quizá no en el lugar más digno pero sí con una gran convicción.
Y así como hay arte en las calles muchos, llamémosles soñadores, emprenden aventuras formidables para llevarlo a donde debe de estar: a los teatros, a las salas, a las galerías, etcétera. Las más de las veces no ganan dinero, si acaso la satisfacción de haber montado una obra, de haber llevado algo de cultura a un buen número de personas o de haber acercado el arte a sus conciudadanos. Porque aun no siendo negocio o, incluso, teniendo que poner dinero, en esta Atenas veracruzana hay gente que procura que los demás cultiven sus mentes y sus almas.
Uno pensaría que ante esta iniciativa ciudadana habría, de parte de las autoridades municipales, una gran disposición para ayudarles a impulsar la cultura y las artes; lamentablemente no siempre sucede.
El acercamiento del arte a la sociedad es, al parecer, algo subversivo, algo peligroso que hace que los ciudadanos piensen, que se concienticen con los problemas de su entorno, que muestren empatía para con sus conciudadanos más desprotegidos y que entiendan que se puede lograr un mundo mejor y más justo. Y habrá de ser por todo eso que muchos de los alcaldes que hemos tenido en los últimos años son indiferentes con la cultura, incluso hasta la ignoran y por ello destinan muy poco dinero del presupuesto para su impulso y su difusión. El colmo es que ahora, desde la oficina central del Ayuntamiento, se pretende gravar las muestras culturales que se dan, a contra corriente casi, en la ciudad. En complicidad con la legislatura local, que es la que aprueba los cobros de impuestos que los alcaldes pretenden llevar a cabo, se han hecho modificaciones a la ley para que los espectáculos culturales, ópera, teatro, etcétera, sean gravados con nuevos impuestos a partir del año entrante.
Y aunque luego de hacerse públicas las adecuaciones a la ley que permitirán estos gravámenes, el alcalde de Xalapa se ha dado a la tarea de decir que no son nuevos impuestos sino un reordenamiento, no deja de ser una realidad que éstos se cobrarán e inhibirán de manera contundente las expresiones artísticas y culturales, y contribuirán a desalentar a los que por puro amor al arte, literalmente, intentan acercar el teatro, la poesía y la música al pueblo.
Qué triste que quien nos gobierna no entienda que el gran capital de Xalapa es la cultura, y que más haría por el desarrollo económico de la región, vía turismo intelectual —por llamarle de alguna manera—, impulsarla que inhibirla con impuestos.
Y hablando de dinero, que a final de cuentas es el Leitmotiv del asunto, se me ocurre una pregunta ya para terminar, ¿y sí para hacerse de fondos el alcalde, en lugar de más impuestos a las expresiones artísticas, o “reordenamientos” ambiguos para cobrarlos, dejará de pagar tanto dinero para promover su imagen en los medios de comunicación? Digo yo, dejar de erogar casi cien mil pesos diarios mejora, por fuerza, la economía de cualquier entidad gubernamental.
Alejandro Hernández y Hernández
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