Mi ciudad, una metrópoli bullente y dinámica, es testigo mudo de las alegrías y las tristezas de quienes la habitan. Miles de personas salen todos los días a sus calles con diferente afanes; hay gente que quiere comerse al mundo y va sonriente mirando todo con cierto aire de suficiencia; hay otros que mal viven el día a día y se arrastran al trabajo o a la escuela; pero hay otros, muchos más de los que creeríamos, que van con ojos de muerte sin que la mayoría, indiferente, nos demos cuenta. Estos últimos van gritando en silencio su adiós a la vida y mero ni siquiera sus familiares o amigos más cercanos se dan cuenta, o si lo perciben fingen no notarlo porque, cada uno en lo suyo, todos nos hemos vuelto en cierto grado insensibles y egoístas.
Y muchos de esos ignorados, esos incomprendidos que están pidiendo ayuda sin que nadie los escuche —porque todos los suicidas avisan de sus intenciones, dicen los psicólogos—, han encontrado un lugar simbólico en Xalapa para despedirse del mundo: el puente de Xallitic.
En los últimos años, según estadísticas de los propios habitantes de ese emblemático barrio fundacional, más de veinte personas se han quitado la vida arrojándose al vacío. En los últimos treinta días un hombre y una mujer, por separado, utilizaron el viejo puente para suicidarse, lo cual vendría a reforzar la idea que existe en ese lugar una macabra tradición xalapeña.
Existe en la literatura científica utilizada por los psicólogos algo llamado El Efecto Werther, que hace referencia a la novela de Johan W. von Goethe titulada “Los sufrimientos del joven Werther” (1774), en la que se cuenta la historia de un joven que, tras un desengaño amoroso, se suicida con un disparo en la cabeza. La venta del libro se prohibió en varios lugares de Europa porque desencadenó una ola de suicidios en jóvenes mediante el mismo método usado por el protagonista de la obra; incluso los suicidas eran de la misma clase social y usaban la misma ropa descrita en el libro. Esto, que también es conocido como “Efecto copycat”, consiste en el aumento de los casos de suicidios que siguen a la aparición de historias sobre casos reales de suicidio en los periódicos, y que se producen en áreas geográficamente próximas a la distribución del medio o al lugar de los acontecimientos. Estamos hablando entonces, si consideramos lo anterior, de un “Efecto Xallitic” en nuestra ciudad, pues que haya dos suicidios con tan pocos días de distancia uno con otro debería de darnos en qué pensar, sobre todo a las autoridades, tanto de Seguridad Pública como de Protección Civil.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha emitido algunas recomendaciones a los medios de comunicación para manejar las notas que hablan de los suicidios, toda vez que luego de que ocurre alguno en un grupo poblacional es muy frecuente que ocurran más. Se debe evitar a toda costa hacer una apología de ello, sobre todo si consideramos que al momento de redactar las notas sobre suicidas es muy recurrente usar frases como “salida a sus problemas”, “lo único que le quedó”, “para salir de su decepción”, etcétera; es decir, haciendo ver que el suicidio es una especie de solución —jodida, pero solución al fin—. Es necesario, también, no hacer cosas como homenajes o asumir a los suicidas como mártires y objetos de adulación pública; recordemos el caso del chico que se suicidó hace unos meses en el municipio veracruzano de San Juan Evangelista, que pidió un homenaje de manera póstuma en la escuela a la que asistía, cosa que las autoridades escolares hicieron y que propició que luego otra niña también se quitara la vida, dejando una carta en donde pedía lo mismo que su compañero.
El suicido es un tema muy delicado, toda vez que no sólo afecta a quien lo comete sino a su círculo familiar y social, por tanto habrá que tratarlo de manera muy delicada y responsable. En tanto a lo que respecta al Puente de Xallitic, bien harían nuestras autoridades en tomar medidas preventivas, quizá poniendo alguna especie de protección, toda vez que ya son demasiados muertos en un mismo lugar, a lo mejor tomando ejemplo de lo que se hizo en el Puente Metlac, allá en la zona de Córdoba y Orizaba, en donde varias personas se han arrojado desde ahí, lo que motivó a ponerle malla para evitar más suicidios.
Mientras eso ocurre estemos atentos a lo que sucede con nuestros familiares y amigos, no sea que nos estén mandando mensajes de ayuda y no nos demos cuenta.
Alejandro Hernández y Hernández
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