
PARÍS, 13 de mayo- Este año se cumple el centenario del nacimiento de una de las más grandes y reconocidas cantantes de Francia, la inolvidable Édith Piaf, por lo que su país natal ha decidido traerla de vuelta al mundo terrenal a través de la Biblioteca Nacional de Francia (BnF), donde se podrá revolver el baúl de los recuerdos más glamorosos y aplaudidos de la gran diva de la “chanson française”.
La muestra “Piaf” que traerá de regreso a esta emblemática cantante, constará de documentos originales que moldean una vida poblada de leyendas que la misma artista registró en su biografía para engrandecer el mito de la chica con voz poderosa y cuerpo diminuto (1,47 metros), misma que poseía una voz que encantó a muchos en su época y que hoy día sigue generando muchas sensaciones en las nuevas generaciones.
La exposición estará abierta el 23 de agosto y reúne 400 artículos y curiosidades que repasan la vida sórdida y jovial de la artista, varias partituras, manuscritos, fotos y grabaciones inéditas, y todo esto será posible gracias a los archivos donados por Danielle Bonel, el inseparable secretario de Piaf, y por supuesto por Efe Joël Huthwohl, comisionado de la exposición.
Édith Piaf, la mujer de la sonrisa triste
La cantante nació el 19 de diciembre de 1915, en París, Francia, y falleció en los Plascassier, Grasse, un 11 de octubre de 1963. Su nombre verdadero fue Édith Giovanna Gassion, y es considerada una de las más célebres cantantes francesas del siglo XX.
Pero ¿cómo es que consiguió llegar a conseguir la fama mundial? ¿De dónde venía? ¿Por qué es conocida como la mujer de la sonrisa triste? ¿Cuáles son obras más emblemáticas?
Édith Piaf, no solo fue cantante, sino que también destacó como actriz de cine y teatro, ya que poseía una personalidad destacada desde pequeña que inspiró a numerosos compositores, convirtiéndose también, en la mentora de jóvenes artistas que también alcanzaron la fama internacional.
Piaf se crió con su abuela paterna en un burdel, después de que su madre decidiera dejarla con su abuela materna por no tener dinero suficiente. A su vez, la abuela la entregó a su padre, quien al tener que ir a la Primera Guerra Mundial, la dejó al cuidado de su madre.
Luego de que su padre regresará del frente, la llevó consigo a vivir la vida de los artista de los pequeños circos itinerantes, independientes y miserables, donde la pequeña Piaf dio a conocer su talento excepcional cantando melodías muy populares tal como su madre lo hacía.
A los 14 años se separa de su padre y se va a vivir al Hotel Clermont, en Montmartre, Rue Veron Nº 18, donde residió a partir de 1929. Desde su canto en las calles empezó a crear su camino como cantante y más tarde fue reconocida y firma su primer contrato en Polydor y graba su primer disco en 1936 “les Mômes de la cloche” (“los niños de la campana”).
El éxito la alcanzó cuando a los 20 años, el empresario Louis Leplée la descubrió en la calle y le dio el sobrenombre de “La Môme Piaf” (equivalente a “gorrioncillo” en argot francés).
Con él grabó su primer disco, “Les Mômes de la cloche”, y conoció cierto éxito, no obstante y tras la muerte de Leplée, dueño del cabaret donde se presentaba constantemente, Piaf fue llevada al escándalo y al linchamiento mediático, situación que la regresaría a la calle y a los pequeños cabarets miserables.
Sin embargo, su inolvidable voz hace que se reúna con Raymon Asso, el cual la llevo a la fama mundial al prepararla profesionalmente para trabajar en el género Music Hall, con el que debutó en el teatro ABC de París, para convertirse en una estrella de la canción francesa.
Édith fue conocida como la mujer de la sonrisa triste pues en cada una de sus notas escupía la tragedia de su existencia, desde que nació hasta su muerte.
Siendo una adolescente Piaf tuvo a su única hija, Marcelle, quien murió a los dos años y medio de una meningitis.
Tras la Segunda Guerra Mundial, Piaf logró convertirse en un símbolo de la Liberación para una Francia que necesitaba volver a creer en sí misma.
En aquella época grabó “La Vie en Rose”, la gran canción de su vida. Dos años más tarde se lanzó a conquistar Nueva York y se enamoró del boxeador Marcel Cerdan, el gran amor de su vida, él cual murió en un accidente de avión, situación que llevaría a la cantante a lanzarse en brazos de la morfina y se cree que el “Hymne à l’amour” fue una canción dedicada para ese amor que terminó en una tragedia.
Después de haber contraído matrimonio con el cantante Jacques Pills en los años 50, su vida comenzó a tornarse gris y poco a poco empezó a apagarse en 1960, cuando abandonó la escena por prescripción médica.
Sin embargo, la artista proclamaba que ella “prefería morir a dejar de cantar”, por lo que regresó a los escenarios en 1961 para reavivar el legendario Teatro Olympia de París, con un concierto proverbial en el que estrenó “Je ne regrette rien” (No me arrepiento de nada).
Édith Piaf se presentó como las más grandes en el escenario, con tez pálida y un vestido negro de escote en “V” y mangas ceñidas y hurgó en su pasado de alcohol, romances y morfina, para interpretar “Je ne regrette rien” que había escuchado en voz de Louis Armastrong, de la que dijo: “Me arrancó el corazón”, y la interpretación de la cantante simplemente fue inolvidable.
A esas alturas, estaba muy enferma y le era difícil tenerse en pie, lo cual solo consiguió con importantes dosis de morfina.
En el año de 1963 falleció en una casa de campo en la localidad mediterránea de Grasse, cuando tan solo tenía 47 años. Su cuerpo fue trasladado clandestinamente a París, donde al día siguiente se anunció que había muerto allí. Sus restos descansan en el cementerio de Père Lachaise.
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