La vida sexual de un hombre no empieza a los 20 ni acaba a los 70

La vida sexual de un hombre no empieza a los 20 ni acaba a los 70

 

CIUDAD DE MÉXICO, 20 de octubre (Al Momento Noticias).- La vida sexual no debe tener límites, aprende a hacerla plena durante toda tu vida.

1. Menor de 25 (varón joven): Potencia sin control. La adolescencia y posadolescencia se caracterizan por una gran potencia sexual, a la que muchas veces se da salida a través de una frecuencia masturbatoria que oscila entre una y hasta tres veces diarias. Sin embargo, los cambios físicos y psíquicos que se van produciendo hasta la llegada de la edad adulta provocan cierta inestabilidad sexual.

La explosión hormonal o el exceso de energía producen erecciones involuntarias y poluciones nocturnas. El pene alcanza su cénit en sólo tres segundos. Aunque la edad de pérdida de la virginidad cada vez es más baja (casi siempre por debajo de los 18 años) y la posadolescencia cada vez más larga (extendiéndose hasta los 25), este es un periodo en el que aún se está experimentando con el cuerpo, y tiene gran importancia, pues la vida sexual estará siempre marcada por estos primeros pasos.

Los sexólogos coinciden en que, en estos años cruciales, los hombres responden instintivamente a los estímulos eróticos, siendo tan frecuente la bisexualidad como la eyaculación precoz, sobre todo en relaciones esporádicas.

2. Entre 25 y 30 años (adulto joven): Experiencia y satisfacción. Entre los 25 y los 30 años cristaliza la identidad sexual y aumentan la autoestima y la necesidad de contacto físico. En esta edad, que se extiende hasta los 40, la potencia sexual es alta pero mesurada por la estabilización del carácter. Las erecciones son menos espontáneas, tardan algo más en llegar a su cumbre (entre 10 y 15 segundos) y el ascenso testicular es ligeramente más lento. La masturbación disminuye, si bien aumenta el consumo de pornografía. Los problemas más frecuentes son enfermedades venéreas, mala utilización de los métodos anticonceptivos y adicción al sexo y a las drogas sexuales.

3. Entre 30 y 55 años (adulto maduro): Madurez y deseo. Con la crisis de los 40 se dispara el deseo sexual psicológico, pero el cuerpo no siempre obedece las órdenes del cerebro. A partir de los 45, la sombra del gatillazo está presente, y aunque no se necesiten, se recurre a los medicamentos que garantizan la respuesta eréctil. Entre los 45 y los 55 años se dan más casos de infidelidad; entre otras cosas, por el hastío y para disfrutar por fin de esas perversiones que ya no provocan sentimientos de culpa. La masturbación apenas existe y la necesidad de conquista supera al mismo deseo.

En cuanto a las erecciones, se ralentizan, tardando el pene unos 20 segundos en ponerse completamente duro, disminuye su turgencia y se alarga el periodo entre erecciones. El gran problema de esta edad es aceptar que se es demasiado joven para usar viagra y muy viejo para tener una respuesta eréctil instantánea.

4. Mayor de 55 años (adulto mayor): Sexo después del sexo. Como dice el sexólogo Francisco Cabello, “la sexualidad en edades maduras es diferente pero no inexistente, no subimos las escaleras a la misma velocidad con 60 años que con 30, pero las subimos”. En una encuesta realizada por la Universidad de Chicago, tres de cada cuatro hombres de entre 57 y 64 años afirmaron ser sexualmente activos, si bien reconocieron que el coito y el orgasmo pasan a un segundo plano en beneficio del sexo oral o las caricias íntimas. Pero el tiempo no pasa en balde, y a partir de los 75 años la erección puede tardar hasta cinco minutos en llegar a su cima, el orgasmo se hace de rogar y el pene exige una estimulación prolongada para alcanzarlo; por su parte.

Los niveles de testosterona apenas se reducen, pero sí baja la producción de semen y espermatozoides y también el deseo sexual. Todo esto se traduce en una menor necesidad física de eyacular y una disminución de las contracciones orgásmicas. A veces pueden pasar días desde la última eyaculación hasta la siguiente erección. Se imponen una vida sexual más tranquila y ayuda clínica y psicológica para capear problemas como la disfunción eréctil, la hiperplasia prostática, la ansiedad durante el coito o la anorgasmia.

Los sexólogos coinciden en recomendar para los trastornos sexuales de esta edad un tratamiento farmacológico que aúne testosterona y vardenafilo, con el objetivo de “recuperar la erección, maximizar el estado físico y mejorar el estado anímico en general”.

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AMN.MX/arm