
CIUDAD DE MÉXICO, 16 de abril (Al Momento Noticias).- Los ateos y los agnósticos disfrutan más del sexo que las personas creyentes y la influencia de la educación y la crianza tienen un gran peso a la hora de intimar, sostiene la psicóloga, experta en temas de pareja y familia, María Ester Flores.
Las personas creyentes –sigan, la religión que sigan – desarrollan el sentimiento de culpabilidad una vez terminada la relación sexual, sea con su pareja o en un encuentro casual. No es que se dé todo el tiempo pero sucede, según la experta.
“Y es que las familias que tienen un núcleo de crianza basado con más fuerza en la religión, tienden a ver el sexo como un pecado”, refiere.
María Ester Flores asegura que cuando esto pasa es porque culturalmente y socialmente “hay una represión hacia la mujer, que tiene que estar a la disposición de su marido, a su servicio y esto desmotiva la espontaneidad en la mujer”.
La especialista basa su explicación en el libro “El Círculo Íntimo: Dinámica Sexual Familiar” de Miriam y Otto Ehrenberg (1992), texto que determina cuatro tipos de padres y cómo influyen sus metodologías en la sexualidad de sus hijos.
Los padres represivos inician con la resolución del sexo como pecado.
“Al estar el tema del sexo asociado al pecado hay toda una represión. Se niega toda pregunta sobre sexo y si se hiciera es mal vista y castigada. Entonces, cuando esas personas crecen tienen todo eso guardado en la cabeza y cuando tienen relaciones sexuales manejan un sentimiento de culpa”, explicó Flores.
La consecuencia de los padres represivos es que los hijos se van “al lado oscuro”, a las escapadas, a adelantarse a la sexualidad y muchos casos terminan con embarazos no deseados. Además, son más vulnerables a malas relaciones interpersonales con sus parejas.
Los padres intelectuales tienen también su cuota de responsabilidad en la “culpa post sexo”; estos padres suelen bombardear a sus hijos con temas pero no ahondan y tampoco predican con ejemplos por lo que desencadena rebeldía en los muchachos y los hace buscar sexo inseguro.
Los liberales, por su parte se revelan en cierta parte al tema sexo-pecado. Son los que suelen decir: “tenga cuidado si va por ahí” o el “¿ya sabe lo que tiene que hacer, verdad?”; al final desarrollarán en sus hijos esa culpa de “me dieron cierta libertad pero también traicioné su confianza”.
Lo que se provoca es un arrastre de sentimientos que siguen acechando en la edad adulta, desarrollando que en el futuro se repita el patrón, un círculo vicioso.
Pero existen los padres sanos, los cuales sin caer en el exhibicionismo denotan que tienen buena química sexual y saben hablar con sus hijos de ello sin tabúes ni tapujos.
Los padres sanos no deben ser precisamente ateos o agnósticos pero saben separar la religión de la sexualidad.
Esa separación es la que estudió el sociólogo estadounidense Darrel Ray, quien apunta que, el sentimiento de culpabilidad por tener deseo sexual es casi el doble entre los devotos que entre los no creyentes, en una escala del cero al 10.
Según su evaluación, quienes practican una religión muy estricta hacia los valores morales desarrollan hasta 8.9 de culpabilidad, mientras que los ateos y agnósticos obtuvieron una puntuación de 4.71 y 4.81, respectivamente.
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