La primera brisa del año

Su mirada se fijó al frente buscando afanosamente el camino entre la obscuridad, fue inútil e instintivamente se detuvo al tiempo que sus pupilas se dilataban al máximo tratando de recoger la luz inexistente. Bastaron tres segundos para que sus ojos empezaran a identificar tonos en la obscuridad que le permitió reanudar su paso, ahora lento y cauteloso. El silencio era ensordecedor, súbitamente escuchó un chasquido puntual en el suelo, sintió que volteó su mirada pero sin la certeza de haberlo hecho a falta de orientación visual. Contuvo su respiración, escuchó el golpeteo de su corazón acompañado de una lenta exhalación, su adrenalina al máximo preparó su instinto básico de supervivencia, el viento gélido endureció aún más su rostro. El siguiente chasquido fue ahogado de inmediato por otro sonido igual, luego otro y otro, impactando todo a su paso, eran gotas de lluvia, la primera del año que la pilló sin paraguas y solo la visera de su casco la guareció. Quién lo diría, nueve días antes entre sus mejores deseos de año nuevo incluía un paraguas roto para que  la lluvia de la felicidad salpicara sorpresivamente con gotas gruesas, y ahora en su jornada las gotas de una brisa en la oscuridad la habían sacado de su rutina envenenada. Un latigazo de congruencia salió de lo más profundo de su ser y sacudió su humanidad, lentamente se irguió y barrió con su vista las sombras fantasmales que aliadas con la lluvia esperaban llenarla de miedo, lejos de eso, lentamente fue abriendo los brazos hasta extenderlos completamente en clara recepción de la lluvia como abrazando a una entrañable amiga.

La luz del alumbrado cercano proyectó su sombra más grande, recortando con exactitud su figura de pies a cabeza creando una sombra marcial con los brazos abiertos en lo alto. La dureza de su rostro se había transformado en sonrisa, motivada por haber salido de la rutina que envenena y mata y otro tanto porque no fue intimidada, todos sus demonios sucumbieron ante la fortaleza de su espíritu. Con su vista al cielo vio que cada gota en su precipitación reflejaba la luz del alumbrado dando la impresión de una alfombra dorada en constante movimiento, se quitó el casco y su cabellera se desdobló sacudiéndose con violencia al final de su viaje. Bajó el zíper de su chamara, extendió sus brazos y empezó a girar, en la primera vuelta se había desprendido de la chamarra que ahora giraba con ella, tirada de su mano derecha en balance cinético con su cabellera extendida en el lado opuesto. En la sexta vuelta soltó la chamarra que salió despedida desbalanceando el giro de su cuerpo que la obligó a detenerse, no así su emoción. Blusa y pantalón completamente mojados y adheridos delinearon su voluptuoso cuerpo que empezó a saltar levantando sus manos al cielo lo cual plugo a Dios, regocijándose en medio de la lluvia brincando hasta el cansancio. Los saltos fueron cada vez menos intensos y más espaciados hasta detenerse, miró a su alrededor y continuación a su interior, vio un sol radiante capaz de transformar la rutina en entretenimiento, la fuerza de una tormenta en una frágil brisa, la temida muerte en una amiga que abraza, disfruta y se regocijan antes acompañarla en el viaje eterno, no por ahora, tal vez mañana…