Las balerinas

-¡Entonces ya no entendí ¿Nos vemos hoy por la tarde o mañana temprano?

Me tomo por sorpresa su pregunta pues el supuesto motivo se había extinguido un día antes, incluso ya me había resignado aunque evidentemente deseaba verla, por lo que me alegró de sobremanera su pregunta.

-Nos vemos hoy, en el crepúsculo. Le respondí.

día estaba nublado y no pintaba para componerse, el viento frío propiciaba un cambio de planes, el mundo siguió su marcha vertiginosamente, dentro de la monotonía la vida es como el agua del río que fluye y no se repite nunca, solo la muerte trunca lo posibilidad del cambio diario, el aburrimiento es una forma de mansedumbre con la que se acepta la muerte, por el momento no la acepto.

Como lo vaticiné, el viento arreció y la temperatura descendió.

-¡Qué mal día para hacerla salir, si decide cancelar voy a estar completamente de acuerdo!

Solo estando afuera tuve conciencia de las terribles condiciones, el frío me calaba hasta los huesos, los árboles se sacudían con fuerza, la tierra volaba y debía uno cubrirse la cara.

-¡Qué locura hacerla salir! ¡Espero quepa la prudencia en ella!

Los minutos transcurrieron y no llegó.

-¡Bendito sea Dios!, siempre lo dije, es una persona centrada y ecuánime, ni explicación se requiere pues afuera se está cayendo el cielo.

De pronto, la voz más anhelada ilumina la madriguera...

-Hola, Hola

¡Por Cristo redentor! ¡Ella llegó y no lo puedo creer!

Enfundada en una chamarra verde olivo que la envuelve casi de cuerpo entero, solo se ven sus enormes ojos, una gran sonrisa y sobre sale su espesa cabellera.

En un flashazo retrospectivo la imaginé abriéndose paso entre los estragos del norte para llegar a la cita, es una mujer de una sola pieza, juro por Dios que no hay otra igual.

La conversación inició sin hablar y solo con las miradas:

-"Aquí estoy echa un asco, no es para menos, casi no llego ¡Que valemadrista es este! Traigo tierra hasta en la conciencia".

-"Hay morrita entre más despeinada más bonita", " ja ja ja sus balerinas del 3 parecen de muñeca".
Y a continuación en tono amable...

¿Tremendo norte verdad?

-No fue nada, ya casi ni se siente, ¡ni siquiera me despeinó!

-¡Qué pena! Por favor toma asiento ¿gustas una manzana?

-Hay claro gracias, justo lo que me gusta.

-¡Grandioso brindemos con manzana!

-¡Por la roca que ha sido mi corazón!


-¡Por tu sensibilidad que hoy nos reunió!


El "crunch" de ambos llenó el ambiente, mezclados con risas y frases de diversos temas, un hermoso cuadro pintado con tonos y pinceles escogidos por la actitud de ella y la mía propia, solo el sonido del viento desde el exterior recordaba que seguía el mal tiempo ¡por Dios todo poderoso que todo mal tiempo en la vida es doblegado y convertido en el más bello cuadro con la actitud de dos!

Cuando hablan los ojos sobran las palabras, no obstante nos enfrascamos en resolver la cuestión de sus dos deducciones erróneas que le mencioné a propósito de la última, no por el error sino por la causal inexistente, analizamos los puntos y comas que modifican el sentido de las palabras y me convenció con las comillas que se le forman en ambos extremos de su boca cuando se ríe.

Cambiamos de tema y discutimos el adjetivo "voluptuosa" de la protagonista del cuento "La última brisa del año", inicié con mi interpretación:

- Se refiere a un aspecto erótico que en una expresión irreverente digo que es del agrado de Dios.

Ella arqueó ligeramente la ceja derecha y con elegancia respondió:
-No, se refiere a una varita de nopal

-No, la real academia de lengua española dice que es un tema erótico.

-No, se refiere a una varita de nopal.

Y con ese lenguaje exquisito de mi cultura, repliqué:

-¡Que está re buena pues!

Fin de la discusión.



El tiempo vuela cuando estoy con ella, tal singularidad no la incluyó en su magnífico análisis del tiempo que hizo en "Las tardes sin memoria", solo me consuela ver sus balerinas botadas por un lado y ella platicando hasta con los dedos de los pies, expresándose como poseída por Atenea, solo comparable con aquellos diálogos que concluían a media noche, según se puede leer en las primeras hojas del libro de 326 páginas escritas por ambos, lleno de emotivas frases y anécdotas que pude ver en perspectiva por la gracia de ella que tomó la historia completa que tenía guardada entre los rizos de su cabello y me la compartió gentilmente. Reconozco con humildad su grandeza.

Llamaron mi atención los lentes cuadrados que armonizan a la perfección con su rostro, me pregunté ¿cómo se verá el mundo a través de ellos? Extendí los brazos escasos centímetros y los tomé entre mis manos con intensión de ponérmelos, me invadió una sensación de incertidumbre de probarme un accesorio femenino, pero la complicidad de ella me quito los temores y me los puse. Vi completamente borroso de cerca, vi completamente borroso de lejos ¿qué rara atrofia muscular tendrá en sus ojos? ¿o será que estos lentes solo funcionan en ojos grandes? Siempre estuve erróneamente convencido del fin estético de sus lentes, otro más de mis prejuicios.

Pero no quedó aquí. Mi espíritu investigador salió a relucir:

- ¿y a ti como te corrigen la vista estos lentes con los que yo veo borroso de lejos y de cerca? Hagamos una prueba ¿vale?

Primero sin lentes ¿ves esas letras de lejos?

Ella adoptó una actitud seria y volteó hacia un letrero que apunté con la mano.

-Si, las letras son: A, M, O, R.

(la palabra que deletreó es ROMA).

-Bien ahora mira estas letras chiquitas y dime que letras son.

-Sí, las letras son: A, N, I, M, A, L

-(la palabra que deletreó es LAMINA, confío en que solo se trató de su rara característica de leer al revés y no fue una alusión personal).

-Ahora con lentes ¿qué lees de lejos y de cerca?

-Leo AMOR ANIMAL, pero más brillante.

Mi conclusión, propia de un neófito en la materia, es que con lentes y sin lentes igual lee al revés y escribe al revés.

#AmorAnimal.

La noche transcurre construyendo puentes con palabras cuya estructura promete quedar en el recuerdo. El diálogo, ahora en voz baja y pausada, gira en torno a la sensación que nos genera mirar una puesta de sol.

- Cuéntame ¿Cómo fue aquel atardecer que capturaste para ilustrar tu última obra literaria?

Ella tomó una nueva postura y alzó su mirada, un bello semblante resaltó sus grandes ojos que brillaban al hurgar en sus recuerdos.

- Fue un atardecer que iba camino hacia mi casa, un poco contrariada por cosas hasta cierto punto irrelevantes. Apresurada caminé cuesta arriba por la calle que sube una loma con la vista clavada lanzando una que otra maldición. Cuando llegué a la cima tuve frente mí un paisaje que por arte de magia calmó mi agobio, el sol se había ocultado formando las sombras a mí alrededor, y en el horizonte había una franja rojiza entre la obscuridad de la tierra y la luminosidad del firmamento. No dudé en capturar ese poema.

 

- Cuando recibí tu obra literaria lo primero que apareció fue esa fotografía y me detuve a imaginar cómo la capturaste a pesar de mis ansias por leer el extenso texto. Yo te imaginé en la cima de un cerro, sentada mirando la puesta del sol, con tu libreta pequeña escribiendo en retazos lo que estabas sintiendo. Imaginé ver el bolígrafo entre tus dedos deslizándose sobre el papel en curvilíneos trazos donde solo el color negro de tus uñas me permitía seguir las trayectorias formando palabras. Te imaginé con tu parsimonia, una vez puesto el sol, levantarte y seguir caminando en medio de la nada cuidando el retazo en tu corazón para unirlo algún día.

Sus ojos se tornaron vítreos y sus mejillas se encendieron. Un nudo en la garganta le impidió musitar siquiera, es hora de dejarla descansar.