De su pelo crespo a sus ojos grises, había un espacio que podía medir con lo que duran dos suspiros; de la mano corta por la flexión del codo, un charlatán usurpador de mi lugar la hacía ...

  De su pelo crespo a sus ojos grises, había un espacio que podía medir con lo que duran dos suspiros; de la mano corta por la flexión del codo, un charlatán usurpador de mi lugar la hacía ...
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