En nuestro país, por desgracia, la violencia económica no está tipificada como delito ni es causal de divorcio. Sin embargo, según datos del INEGI la sufren un 29 por ciento de las mujeres que viven en pareja. Lo grave es que no se dan cuenta. La idea – mal adoptada—de “el que paga manda” y que el hombre es quien debe “proteger a la mujer”, es más común de lo que creemos y se da, aunque parezca ilógico, mucho más en las ciudades que en ambientes rurales y entre parejas en las que ambos tienen estudios de licenciatura.
Los daños emocionales que ocasiona este tipo de violencia pasan de igual forma desapercibidos y van desde una baja autoestima, ataques de ansiedad, insomnio, problemas alimenticios como obesidad o anorexia hasta un paulatino deseo de venganza, que se puede incrementar en periodos de crisis o momentos de emergencia familiar como el mencionado en líneas arriba. Asimismo, el hombre que ejerce la violencia económica en su pareja, sufre ciertos desequilibrios emocionales como inseguridad, celos excesivos y un alto deseo de control que puede desencadenar en violencia física.
Visto desde esta óptica, el control del dinero en la vida conyugal va más allá de un asunto económico. La mujer que lo padece – y desconoce—se autocondena a vivir en una relación que le ocasiona más displacer que felicidad y que daña también a los hijos. El caso de María es el de muchas que duermen con dos enemigos poderosos: el marido y la violencia económica. Son dependientes de ambos y romper el lazo les parece imposible por el temor a no tener los medios para subsistir aun contando con los estudios necesarios para hacerlo. Una cuestión cultural en la que estamos en pañales como país y que esperemos cambie a corto plazo. ¿A mujeres como María se les puede decir “feliz día de la mujer”? Se los dejo de tarea.
