¿El PRI PARA QUÉ?

Siempre “procuraremos” hablar peyorativamente del partido que gobernó más de 70 año, por los lastres que hemos tenido como democracia, pero debemos de ir más allá de las devaluaciones, y problemas gubernamentales que nos atollan día con día cada vez que escuchamos la palabra PRI, ¿por qué no ir más allá del referente común, repetido por los medios o la mercadotecnia?, ¿Por qué no dejar de repetir, y analizar bajo nuestros propios argumentos?

No vengo a proponerles el sufragio por un partido político, insisto, la democracia la elige cada uno, con sus creencias y su intuición para elegir el futuro de México, pero eso sí, es importante que cada elector tenga presente lo  que ha hecho y lo que puede llegar hacer un partido político por nuestro país. En ocasiones se dice poco de unos y mucho del que gobierna, y mucho menos del partido antagonista que no ha gobernado México.

Gobernar y convencer, son 2 palabras muy difíciles de acompasarlas al electorado, por la experiencia de los gobiernos, y la insatisfacciones de los mismos. La experiencia y la confianza  nunca deberían salir sobrando después que el candidato gana  la elección.  ¿Por qué?, Quizá simplemente por el agotamiento del sistema político; las creencias y las promesas son virtual denominador de los políticos que siguen acartonando el mensaje, para que un remoto momento los electores sigan creyendo en la posibilidad de que con ellos, el país emergerá.

Sin duda,  la democracia y los partidos políticos se están desgastando cada vez más, el olor a futilidad está cada vez más presente, y la muestra de ello existe en la “Joya de la Corona” (DF) donde 2 ciudadanos sin experiencia para gobernar, son candidatos para administrar una de las ciudades más grandes del mundo, ¿es válido?, ¿debemos permitirlo?

Pertenecer a un partido político, en ocasiones tiene beneficios, pero en muchas otras te hace ser una persona desconfiable para poder gobernar por México. El meollo del asunto no es quedarse solo en el discurso “común”, sino analizar e inferir, basados en hechos, y no en simples, cotidianas y repetitivas palabras, que quizá se las lleven el viento.

@RicardoLlamas
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