10 de mayo: un festejo que nunca llega

¿Qué vas a hacer con esa niña? Le preguntaban algunas vecinas curiosas. “Ya está buena pa ser mamá”, le respondía la ahora abuela con tono orgulloso.

Y es que Blanca tuvo a su primer hijo cuando sólo contaba con 14 años. Su vecino se la robó tras una borrachera, y como la deshonró no podía regresar a su casa hasta que se hincara y pidiera perdón. De ese rapto nació su Juan, su hijo mayor, quien cuenta ahora con 30 años y que vive en el “otro lado” porque en el rancho no hay para comer.

Blanca tiene otra hija, que ya se “juntó” hace tiempo y tiene dos hijos. Toda una “prole” que la mujer de 45 años ve con mucho orgullo… y a los que tiene que mantener.

Su salario como empleada doméstica no le es suficiente. Su hija, la que vive en el burdel, ha tenido que pasar por varias enfermedades y abortos, producto de su mala vida. Cuando le pregunto que por qué sigue viviendo en esas condiciones me responde: “pues qué se le va a hacer, si está junto a su marido”. El marido de Tere, la hija, es el dueño del burdel y desde que la vio se la llevó con él con la promesa que se irían a Estados Unidos para ayudarla a trabajar y estudiar. Tere fue víctima de varias violaciones en la frontera, se hizo adicta a la cocaína y consume alcohol en cantidades industriales. No sabe con certeza quién es el padre de su criatura, a quien tuvo que dejar al cuidado de su madre en cuanto nació porque le estorbaba en su empleo como prostituta.

El niño ha padecido de todo: enfermedades, hambre, humillaciones. “Es el hijo de la puta”, le dicen en el pueblo. Pero a Blanca nada le importa. Forma parte de ese grupo de mujeres que sobreviven en México con un salario que no le alcanza ni para medio comer. Según datos del INEGI, en México existen 1 millón 991 mil 646 trabajadoras  domésticas y la mayoría carecen de servicios médicos, prestaciones, guarderías o estabilidad laboral. Blanca es casi analfabeta, no cursó más que el primer año de primaria y trabaja desde los 9 años. Cuando estuvo casada fue internada en varias ocasiones debido a que su marido la golpeaba. Tiene el cuerpo lleno de cicatrices, una de ellas en la cabeza. Sólo recuerda que cayó una noche en un charco de sangre después que su esposo-verdugo la golpeó con una botella hasta dejarla inconsciente.  Fue la última vez que lo vio. Creyéndola muerta el hombre desapareció y estuvo prófugo por mucho tiempo. Después supo que murió en una balacera. Blanca aún le llora, dice que es su marido a los ojos de dios, que no importaba que la golpeara pero que no debió morirse. Dice que todo lo que vive es su cruz, que así le toca por ser mujer.

Blanca se pasea por el pueblo tomando de la mano a su nieto y baja su mirada con cansancio. Para ella, como para millones de mujeres en México, no ha existido nunca una celebración del Día de las Madres.

Twitter de la escritora: @Mar_Morales_