México: narcotraficantes fundamentalistas

Autoritarios, con problemas económicos extremos, en los que los poderes judicial y legislativo están en manos de un autócrata, policías y fuerzas armadas temibles y corruptas, infraestructura moderna en destrucción, una entropía creciente conduce a desintegrarlos. ¿Es razonable esa hipótesis en el caso de México? ¿Debemos prepararnos para algo como eso? El 11 de diciembre de 2006, el entonces Presidente Calderón ordenó movilizar  6500 soldados a Michoacán para la misión, imposible de confesar, de arrebatarlo a los cárteles que prácticamente gobernaban. Comenzaba la “Guerra al Narcotráfico”.

Caballeros Templarios


Hoy ante el Presidente Peña Nieto se levanta un nuevo cartel, fundado en 2011, con el curioso nombre de los Caballeros Templarios. Nacidos como disidencia de un cartel tradicional, la Familia Michoacana, ya desde entonces en decadencia, ha pasado a ejercer el control del narco en el estado. Otros sugieren que es la misma “familia” que decidió cambiarse el nombre para despistar. El misterio se profundiza, pues dicen que su líder es Nazario Moreno, “El chayo”, a quien  declaran muerto las autoridades, sin aportar pruebas. Lo que se  hace evidente con los acontecimientos actuales, es que los Templarios tienen la hegemonía en la zona.

Este grupo merecería un estudio especial, pues tiene extraños visos ideológicos y fundamentalistas, que van mucho más allá de una mera organización delictiva. Han distribuido casa por casa en Morelia su “código” de 53 puntos. En él se declaran una ”orden” cuyo propósito es “cuidar” a los habitantes del “estado libre soberano y laico de Michoacán”. Una vez que un individuo entra a la orden, no podrá abandonarla, a costa de su vida. Sostienen apoyar la libertad de expresión, de conciencia y de religión”. Prometen no abusar del “alcohol…ni de las mujeres castas ni menores de edad”. Quien viole esas normas recibirá como castigo que lo amarren a un árbol por cuatro días y recibirá baños de agua fría y azotes constantes. Dicen luchar “contra el materialismo y la tiranía”

Carteles mexicanos sustituyen los de Medellín y Cali

Ese mismo diciembre, el gobernador de Baja California organizó con el Gobierno Federal una operación similar en Tijuana. Allí desarmaron gran parte de la policía, por las múltiples pruebas de su connivencia con las bandas. Para febrero de 2007, la operación se extendió a Nuevo León y Tamaulipas. Y en 2012 el balance global cuenta la asombrosa cifra de más de 60000 muertos entre narcotraficantes, funcionarios policiales y militares, con un 10% de civiles. El auge de los cárteles de México se debe a que suministran la totalidad del consumo norteamericano a raíz de la destrucción de los de Medellín y Cali.

El tráfico de drogas era en ese momento-y lo sigue siendo- de dimensiones asombrosas, dado el enorme control territorial que ejerce en el llamado “triángulo dorado”, formado por los estados Chihuahua, Durango y Sinaloa. Decapitaciones, secuestros, masacres constantes y actos de terrorismo componen el cuadro dantesco de una industria que produce alrededor de cincuenta mil millones (50 mil millones) de dólares al año, igual que dos o tres naciones centroamericanas juntas. El aparato de Estado está inficionado profundamente por los sobornos e incluso se conoce una tabla de tarifas de acuerdo a la jerarquía, si son simples funcionarios o jefes de policía. Calderón  declaró la guerra, entre otras porque el carcoma en la sociedad mexicana ya empezaba a representar una amenaza a la seguridad nacional, hasta el extremo que un escritor mexicano señaló que se estaban “colombianizando”, para describir el parecido con la situación hasta el triunfo de Alvaro Uribe en 2002.

Calderón no se equivocó

A diferencia de quienes piensan que esta ofensiva “fue un error”, si no se produce hubiera ocurrido el hecho sin precedentes de que una potencia como México evolucionara pacíficamente a convertirse en un narco Estado. No había una alternativa estratégica racional. Muchos, incluso pensadores importantes, creen que la salida es la contraria, la legalización, comparando con la experiencia de la Ley Seca norteamericana, origen de las mafias que sacudieron y ensangrentaron el país, y que desaparecieron luego de derogada. Pero no hay comparación posible. La Prohibición  era una extravagancia puritana en un mundo en el que producir y vender alcohol era más que lícito.

Si México legalizara la producción y comercialización de drogas en un contexto en que casi todos los países occidentales la persiguen, se convertiría en un Estado Forajido con 3000 kms. de frontera con la primera potencia mundial. Impensable. En la sociedad mexicana no se ha producido una alianza entre grupos terroristas y narcotraficantes que hasta hace poco parecía invencible, ni tampoco con el sistema político, al estilo colombiano. No hay “farcpolítica” ni  “parapolítica”. Ni Piedad Córdoba ni Zulema Jattin. Ni tampoco hay movimientos armados desde hace mucho tiempo, y no merece tal definición el “zapatismo” de aquél humorístico “Sub Comandante Marcos”.

Los “zetas”

Estados Unidos y México firmaron el Plan Mérida e igualmente los grupos de izquierda radical, en su conocida mentalidad, lo han tildado de ser una nueva versión del Plan Colombia.  Para 2010 por lo menos ochenta municipios estaban en México bajo el control “narco”, tal como más de la mitad del territorio colombiano estuvo  bajo la alianza FARC-narcotráfico. La dureza y dificultad de la confrontación con los irregulares tiene que ver también con los denominados “zetas” un grupo de desertores militares, calificados y entrenados óptimamente por los gobiernos mexicano, israelí, egipcio, y comandos de élite gringos en manejo de altas tecnologías militares, defensa personal, combate en condiciones extremas, resistencia física, etc.

El cártel del Golfo les “hizo una oferta que no podían rechazar” -triplicarles el sueldo que recibían del Estado- y se pasaron con armamento a las filas criminales.  Los “zetas” pertenecían al Grupo Aeromóviles de Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano (Gafes), una super unidad de élite formada en la Escuela de las Américas. De acuerdo con fuentes del ejército norteamericano, más de cien “zetas” cambiaron de bando.

El gobierno de Calderón declaró que sólo en el DF hay más de 200 en los gangs, entrenados por ellos.

Pero también recibieron una represión implacable. De los 36 miembros de su estructura dirigente, 23 fueron abatidos o capturados. Expertos sostienen que el tráfico está en manos de dos grandes capos, Joaquín “Chapo” Guzmán (Cartel de Sinaloa) y Osiel Cárdenas (Cartel del Golfo), mientras para otros analistas no son dos “familias” sino ocho las que lo controlan. Barry McCaffrey, Zar Antidrogas durante el gobierno de Clinton, al rebatir ambas teorías, sostiene que son treinta mega organizaciones que articulan  cien secundarias.

El Estado mexicano comienza a ganar

Otros enumeran siete cárteles: el de Juárez (Carrillo Fuentes), el del Golfo (Osiel Cárdenas), el de Tijuana (Arellano Félix), el de Colima (Amézcua Contreras), el de Sinaloa (Palma-Guzmán Loera), el Milenio (Valencia) y el de Oaxaca (Díaz Parada). En Michoacán crearon el terror Los Caballeros Templarios y La Familia Michoacana, esta última ya destruida por la ofensiva del gobierno. En Sinaloa, el cártel de Sinaloa, y el de los Beltrán Leiva, este último desmantelado. El del Golfo, en Tamaulipas. El de Juárez. El de Los Negros en Tijuana, exterminado. El cártel de Tijuana también recibió impactos devastadores de la ofensiva gubernamental y está prácticamente disuelto. A pesar de tales triunfos, se profesa a veces una especie de narcoescepticismo  que supone la invencivilidad del fenómeno, por corresponder a corrientes globales poderosas.

Pese a algunos discursos políticamente aliñados, Calderón detuvo la metástasis y consiguió importantes éxitos en la Guerra. No hay “Estado fallido”. La mortalidad por hechos de violencia por cien mil hbts. en México es menor que en Venezuela y Guatemala, y Caracas es comparable, en inseguridad, nada menos que con Ciudad Juárez. La experiencia colombiana demostró que no pueden soportar la acción decidida del Estado, aunque el triunfo definitivo no es de la noche a la mañana. Hoy Medellín y Cali son ciudades seguras y no los infiernos de hace quince años. La experiencia demuestra que si el Estado mexicano mantiene el rumbo, podremos ver un México liberado de esa enfermedad.

 


 

Carlos Raul Hernández
@carlosraulher Ph.D y Mg.S Ciencia Política, Sociólogo. Titular, jefe Cátedra América Latina UCV. Obras:La Democracia Traicionada, Vertigo Comunicacional y otras. Escribe en ElUniversal