¿La resiliencia contribuye con la salud?

La palabra resiliencia proviene del latín resilio, que significa volver atrás, dar un salto; primariamente está emparentado con la Física y hace referencia a la capacidad de un material para recobrar su forma original, después de haber estado sometido a una condición de exigencia máxima. Se proyectó por analogía a las ciencias humanas para referirse a la facultad que permite a las personas, no obstante en condiciones adversas, salir indemnes y transformadas positivamente por dicha experiencia. 
Esta capacidad es tan antigua como el mismo hombre, muchos pueblos a través de la historia tuvieron que resurgir de catástrofes, guerras, exterminios, éstos son ejemplos indiscutibles de conductas sociales resilientes.

La medicina posee muchos campos de acción para recurrir a la resiliencia, dado que su ejercicio siempre implica a dos o más personas, en situaciones, muchas veces límites.

La salud mental es evaluada mediante la correspondencia entre la conducta de un individuo y el comportamiento esperado por el grupo social al cual pertenece.

Una persona en crisis puede desajustarse y alejarse de lo que se espera de ella socialmente,  máxime cuando se desconocen las causas de su estado.

Una situación de enfermedad, en general, produce: angustia, depresión, motivaciones negativas, encierro; no sólo lo afecta particularmente a él, su entorno familiar vive esa situación como puede, y no siempre de forma saludable. Medicina y Resiliencia (Primera parte) Dra. Elisabetta Pagliarulo

(ver: http://www.cirro.com.ar/web/modules/smartfaq/).

El paciente que más contribuye con la curación es aquel que mantiene su espíritu y esperanzas por encima de la condición física o mental, y está dispuesto a mantenerse firme desde una plataforma en donde no examine ni saque  las conclusiones  que debería dejar a la medicina.

El miedo sugiere estar lejos del bienestar y la efectividad en la curación.

Si queremos estar sanos tenemos que defender la salud.  Si queremos ser felices, optemos por ponernos del lado de la felicidad y de un entorno armonioso.

En una oportunidad tuve en mis manos el libro “El laboratorio interior” de la médica tanatóloga y terapeuta biopsicosocial, Stella Maris Maruso, en donde explica claramente la relación mente-cuerpo, y agrega “que las enfermedades que matan a la mayoría de las personas en las naciones desarrolladas ya no son las enfermedades infecciosas, sino las enfermedades crónicas degenerativas como las cardíacas, la hipertensión, el cáncer y la diabetes;  para estas enfermedades no hay una cápsula mágica. Incuestionablemente están relacionadas a factores psicológicos, de estilo de vida, ambientales, sociales e incluso espirituales.

La espiritualidad no es sinónimo de religiosidad; no necesariamente se debe ser religioso para ser espiritual o viceversa. Definida a grandes rasgos, la espiritualidad es un sentido interno de algo más grande que uno mismo, un reconocimiento de un sentido de la existencia que trasciende las propias circunstancias inmediatas. Incluye una amplia variedad de características como un disminuido enfoque en el ego, un sentimiento de amor que lleva a actos de compasión, empatía, gratitud y la experiencia de paz interior. Estas características no son solamente inherentes y enriquecedoras, sino que también son eminentemente conductoras hacia la salud y la sanación”.

Estos tesoros del carácter modelan y transforman a cualquier persona que desee estar sana, no dejándose influir por la derrota ni por el desaliento.

La fe y la confianza ayudan a elevarse espiritualmente y a conducirlo hacia la curación definitiva.

Mary Baker Eddy, investigadora  de la conexión Mente-cuerpo y defensora del tratamiento mental en el Siglo XIX, experimentó situaciones que podrían haberla llevado al caos, física y mentalmente, pero descubrió que podía hacer mucho por ella misma al defender la salud como única plataforma sólida ante la adversidad. No se dejó influir por el desaliento ni por el temor en ningún sentido.  Le dio real valor a la autoestima.

Entendió que a medida que la condición sea alarmante o difícil, tanto más fuerte y sincera tiene que ser la fe y el amor, y así salir victoriosos.

La resiliencia permite a las personas, no obstante en condiciones adversas, salir indemnes y transformadas positivamente por dicha experiencia. Es experimentar una nueva forma de contemplar la vida y percibir que la salud y el bienestar es una condición de la Mente y no de la materia.

Ante cualquier dificultad, tenemos dos opciones:  salir victoriosos o derrotados.

¿Por cuál optamos?

Elizabeth Santángelo integra el Comité de Publicación de la Ciencia Cristiana en Argentina y escribe artículos relacionados con el impacto que produce el cultivo de la espiritualidad en la salud y en los distintos aspectos de la vida cotidiana.
@elisantangelo1