Sacrificios, estos los hacemos para probar,
Para cumplir con algunas expectativas, propias o ajenas,
Así transcurre con la vida de las personas, así fue con nosotros,
Pero te diré, la vida en ocasiones puede ser caprichosa,
Lo que antes te daba miedo, hoy te puede aportar un gran placer.
¿Cómo esta el hombre que duerme a tu lado?
Y otra vez veo en tu ojos y me reconozco en ellos,
Y pienso que somos como dos espíritus que se atraen
Pero que han vivido distantes uno del otro.
Y me odio a mi mismo por no haberme quedado contigo,
Cuando tenía que hacerlo.
Y ahora que estoy frente a ti se va la paz
Y llega con un mar de emociones descontroladas,
Y de pronto tus labios puestos en los míos, ¡frenesí!
Quisiéramos deshacernos, estamos eufóricos.
Y un pequeño destello en mi conciencia
me dice que estoy en una tierra que ya tiene dueño; pero que puedo hacer,
tal vez esta sea la única oportunidad de tenerte como nunca antes.
¿Eres feliz? –Si, respondiste-
Y te entregaste a mi, y empezamos a perder el control, la sangre empieza a hervir,
Y que el placer empiece a embriagarnos . Las palabras sobran,
El aire se hace tóxico, nos fabricamos ilusiones.
¿Qué es lo correcto? No lo se...
Pero aquí estoy contigo, amándote.
Y se que el final esta cerca, lo puedo sentir.
Se que el pronto te llamara y tendrás que partir.
Y de pronto.... Tu boca se abrió -Fuiste y siempre serás- dijiste,
Cerré los ojos; te fuiste y la puerta se cerró.
Sobre el Autor:
Adrián Celis
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