Tengo dos opciones, quejarme o agradecer, elijo la última y doy gracias.
Hoy estoy del otro lado, del lado de aquellos a los que en algún momento algunos llaman rateros, abusivos, cafres.
Hoy que estoy del otro lado puedo entender mucho mejor a los que no lograba entender porque eran así.
Hoy que estoy del otro lado me doy cuenta que aún dentro del gremio hay quienes piensan que somos enemigos, pero que también hay quienes se esfuerzan por dar el mejor servicio al cliente.
Pero adivinen que, pues que no siempre fue así, durante algunos años disfrute de buenos restaurantes, de automóvil a la puerta y de descansos de fines de semana. Me jactaba de ser un buen cristiano, pero estaba muy lejos de serlo. Y que conste que aún no lo soy.
¿Como llegué a este lado? Fue muy fácil.
Fui derrotado por mi, por el indebido exceso de confianza en mi mismo, porque en todo ese tiempo pensé que lo tenía todo controlado. Y es en este lado dónde Dios me ha mostrado que el tiene todo bajo control, aunque para el ojo humano no lo parezca.
Hoy que estoy del otro lado, puedo ver lo bueno y lo malo de las personas, de lo necesitado que esta la gente del amor de Dios, y que basta tan solo un poco de lo mucho de ese amor para cambiar la vida de alguien a quien probablemente nunca mas volverás a ver.
Hoy que estoy del otro lado puedo entender el actuar de algunos compañeros, que en muchos de los casos no justifico, pero entiendo.
De este lado he podido oir, mirar la desesperación de aquellos que han tenido que trabajar mas de 16 horas continuas y saber que aún no es suficiente.
Si amigos, soy taxista y ahora me toca estar de este lado.
Sobre el Autor:
Adrián Celis
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