Horacio y su Vaso


Dada su formación moral, Horacio decidió rechazar el ofrecimiento y, bajo el cobijo de Mecenas (con quien descansa prácticamente en la misma tumba), decidió dedicarse a su poesía que podemos encontrar dividida en cuatro géneros: sátiras, epodos, odas y epístolas, estas últimas ya al final de su vida, donde se presta más al trabajo de reflexionar sobre la moralidad de su época.

Es en esta última parte de sus obras, en las epístolas, donde nos deja una de las sentencias que más reflejan el destino del imperio: “Si el vaso no está limpio, lo que en él derrames se corromperá”.

De acuerdo con un estudio realizado por la Universidad del Sur de Alabama (SAU), sobre la corrupción en América Latina (http://www.elauditor.info/articulo/715), en los países donde el nivel de educación y desarrollo es menor, mayor es el índice de corrupción. También, factores como la desigualdad económica, la fragmentación étnica y la estabilidad democrática, son variables con mucho peso en distinguir un país con mayor o menor corrupción.

México no está exento de esto, por el contrario. Un estudio al que refiere Andrés Oppenheimer en un artículo para La Nación (http://bit.ly/1JbN9UI) nos dice que detrás de Haití, Bolivia y Ecuador, México es donde más víctimas de la corrupción se han encontrado.

Obvia decir que la corrupción no es un fenómeno nuevo en México, por el contrario. Se trata de un sistema de vida donde la gran mayoría se encuentra inmerso. Desde el que busca sobornar a un policía por pasarse una luz roja (o el que se deja sobornar por uno, es lo mismo: la corrupción siempre requiere cuando menos de dos), hasta el que por conseguir dinero fácil se presta a fingir un servicio que nunca prestó o a inflar su precio para que todos salgan económicamente beneficiados menos el verdadero destinatario del servicio (tú lector, o yo). Todos –en mayor o menor medida–, hemos estado dentro del vaso de Horacio aunque muchos ahora reclamemos que el vaso se lave y otros se mantengan en el cinismo por conservarlo tal y como está.

Además de las causas que señala el estudio de la SAU (que podrían sintetizarse como atraso educativo y falta de ingresos de una gran mayoría) la corrupción en México cuenta con tres ingredientes adicionales que no necesariamente son únicos de nuestro país, pero sí en crecimiento exponencial: Uno, la falta de persecución del delito –la impunidad es quizá la peor parte de todos nuestros gobiernos (de cualquier color)–; dos, ese pensamiento mágico que lleva a creer que la ley del menor esfuerzo es la que funciona y que el dinero “caerá del cielo”; y tres, el cinismo de algunas autoridades que acusan y pontifican sobre lo que, en privado, adolecen, como es el caso de aquel artículo que escribió hace ya algunos años Genaro Góngora Pimentel –sí, ese que con tráfico de influencias metió a la cárcel a la madre de sus dos hijos, Ana María Orozco–, y que define, para él, las causas de la corrupción en México (http://bit.ly/1WhhYey).

Por ello, noticias como las que se publican actualmente sobre Sierra Gorda 150 y todas las que se han publicado a lo largo de diferentes sexenios como la contratación de servicios “fantasmas” por 92 millones de pesos que se hicieran durante la gestión de Marisela Morales al frente de la PGR o sobre el seguimiento del “caso Granier” en Tabasco –y sin que nos dejen llamar a reflexión o nos impidan levantar alto la voz para su justa sanción–, no debieran ni extrañarnos ni llevarnos a acusar de mayor o menor corrupción a uno u otro partido político que gobierna (desde cualquier nivel de gobierno: municipal, estatal, federal), cuando es el vaso el que está sucio. Es el sistema que los/nos contiene el que necesita una limpieza profunda.

Sin embargo, mientras el voltear la vista o el manipular la ley sean moneda de cambio de nuestro sistema, pasarán partidos, gobiernos y generaciones, y será un tema que quedará sin solución.

Hasta ahora para lavar el vaso de Horacio, solamente se requiere de voluntad individual y que el gobierno federal –para empezar–, emprenda acciones que dejen constancia innegable de que va en ese sentido (aunque parezca que este ya falló en el intento). Si esto sigue así, lavar el vaso será una tarea de proporciones épicas que nadie se atreverá a hacer.

Así de fuerte.

Sobre el Autor

Manuel Moreno Periodista, comunicólogo, conferencista. Escribe la columna "Didascalia" para la versión impresa de Merca2.0, dirije la estación por Internet "Radio Calaña" donde tiene un programa llamado "Memorabilia". memorabilia-mmoreno.blogspot.mx

Twitter: @ManuelMR