Las sombras del PRI y la “renovación generacional”

Un primer acto: “Dejamos de ser un partido con alma, nos hemos convertido en siglas solitarias, en una franquicia para llegar al poder sin considerar las propias contradicciones que pueda ocasionar el entramado de intereses”.

Segundo acto: “Los cuadros políticos leales han sido relegados, incluso por panistas que siguen incrustados en la Administración Pública Federal y no por méritos. Muchas gubernaturas las tendría el PRI si hubiera postulado a los candidatos naturales, pero no, las fobias del presidente o del gobernador, fueron más grandes. Nuestros liderazgos cambiaron de partido y ganaron. Para unos es traición, pero para otros rebelión, al final la disciplina no es ciega. ¿No fue más traidor al PRI el mandamás que puso a un incondicional para perder?”.

Tercer acto: “Lo que más daño ha hecho al PRI es tanto cambio de dirigencia nacional. Los ponen y sacan peor que una coca cola en el aparador de una tiendita. No hay continuidad en liderazgos, salvo en la época que fuimos oposición, es decir, sin el primer priista …”

Cuarto acto: “El PRI perdió su gran ventaja frente a otros partidos y no me refiero a su fuerza electoral, sino a la capacidad de debatir proyectos nacionales, ideas en cada vena y fibra de México. Al hacerlo reclutaba a los mejores de la diplomacia, la ingeniería, la economía, la agronomía e incluso así dio oportunidades a quienes optaron por las armas en los 70´s. Ese ejercicio nos permitió debatir ideas para cada segmento y hoy ….”

Quinto acto: “Estamos hasta la madre de estar defendiendo a pillos, ineptos y corruptos. Es lo que más nos cuesta ante el electorado. Pagamos facturas ajenas y la corrupción e impunidad nos salen muy caras además de dar curules y gubernaturas a indeseables”.

Sexto acto: “Veamos con cuidado al electorado, tengamos autocritica para aceptar que sólo la mayoría de gente de la tercera edad y los menos letrados, votan por nosotros. Es decir, no puede ser orgullo que el voto duro tenga esa realidad”.

Séptimo acto: “El péndulo ideológico es como un mito ya por más que seamos de la Internacional Socialista, no sabemos que somos, salvo los tecnócratas que nos invadieron”.

La fuerza territorial nacional que ningún partido mantiene en México, la añorada disciplina y coordinación del poder que incluso apremian mucho de los partidos políticos más formados de otras latitudes democráticas, no puede estar en un abismo o en una mira autoritaria. El PRI ha mantenido una autocrítica disimulada de los siete puntos anteriores (más los que se acumulen) porque no ha vuelto a reposicionarse entre priistas como el instituto político donde caben todos. Esa tarea de cirujano atraviesa, más que con una renovación generacional,  con un dialogo intergeneracional, de lo que fue, es y busca ser un PRI en transformación.

Con 12 años en la oposición, el PRI en el poder no puede volver a una balcanización que sostienen dos fantasmas; gubernaturas que han estado más propias en el ejercicio de gobierno en el siglo XIX que en el siglo actual y dos, la falacia de que renovación generacional es transformación. ¿Transformación de que? Juventud no es sinónimo de una “fresca en la política” que exige un diálogo abierto con toda la sociedad, trasparencia de gestión, pero también eficiencia para dar resultados sabiendo que la aportación es también para la nación y no para el feudo.

Un partido que haga valer su peso histórico, no como lastre, sino como oportunidad para seguir participando en la prosa del siglo XXI. No basta el recuerdo de glorias pasadas ni caminar sobre cimientos que el fango de la inmovilidad rebasó.  Retomar la conciencia histórica, que va más lejos que el calendario electoral, exige ver desde el poder (de nueva cuenta, en la segunda alternancia) la razón ideológica y casi mítica de volver a preguntarnos  ¿para que queremos el poder? Así lo hizo el momento de nacimiento del PNR en 1929 y así también en la mudanza al PRM y después al PRI. No fue un juego de siglas, ni de migración de conceptos, fueron momentos claves de nuevas edificaciones para ganar confianza y vislumbrar un nuevo camino que la sociedad mexicana marcaba. La institucionalización del poder militar, la solvencia del mando civil, la edificación de un corporativismo que sirvió en su momento histórico (y también de cuando crecimiento y desarrollo no estaban divorciados), fueron algunos vectores de la transformación.

Hoy, evaluar que es Revolucionario e Institucional, debe acompañar un debate con altura. Si de verdad se busca ser un nuevo revolucionario en una nueva geografía institucional marcada por el pluralismo, el desgaste del régimen presidencial y por la incertidumbre electoral, donde por la intensa participación de los mexicanos ninguna fuerza política tiene asegurado el triunfo, es un deber emprender el nacimiento a una nueva etapa histórica. 

Las horas decisivas rumbo al 2018 pasaron conciencia de que antes están las 12 gubernaturas en el 2016 y antes que eso, estaba el factor de unidad política con alguien de la casa. El asunto se afianzó con Manlio Fabio Beltrones como nuevo dirigente nacional, ejemplificando que no se puede gobernar en soledad sino con la inclusión de todos los equipos. Frente a los catastrofistas que buscaban el réquiem al viejo partido, una lección de vocación por el poder les tiende un difícil camino. Frente al “principal” contrincante político en una democracia en ciernes, toca hablar de eso, contrincantes, no enemigos. El PRI lo sabe y más cuando tiene al enemigo en sus propias sombras descifradas en siete diálogos de café.

Sobre el Autor:

Juan- Pablo Calderon Patiño. Estudió en Universidad de Buenos Aires .

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