A fuego lento
consumo esta memoria,
rígida, blanda, temerosa y cabizbaja.
En llamas queda mi pena,
la soledad se amarga
con el sopor de esta podredumbre
y las cenizas se esparcen
en la impaciencia temeraria
de la madrugada insomne.
A fuego lento
consumo esta memoria,
rígida, blanda, temerosa y cabizbaja.
En llamas queda mi pena,
la soledad se amarga
con el sopor de esta podredumbre
y las cenizas se esparcen
en la impaciencia temeraria
de la madrugada insomne.

Morir en paz,
es lo que quiero,
que se calle mi voz
y se cierren mis ojos.

En la noche
los grillos grillan
con ansia nocturna
en busca de una amante
y los murciélagos silentes
reposan sobre capulines.

En la última frontera de tu cuerpo
establezco mi dominio con empeño
No hay nada más sagrado que el momento
en que derrites mi piel como en un sueño.

Cuando arrecie el frío
ven a socorrer este cuerpo inerte.

Es de tarde
y la lluvia cae en este mes
de agosto
No hago nada
y no tengo ganas de nada
sólo de ver los barcos de papel
que se van lentamente por la calle...

Un sauce llora
a la orilla del río
Un sauce llora
y no sé por qué

Cada día
adormecemos un sueño,
regalamos un recuerdo
y callamos un secreto.
Cada día
aprendemos un juego.
Soportamos hipocresías
de sonrisas fingidas.
Acostumbramos a la esperanza
al insomnio eterno de las noches…
Valoramos un poco
y extinguimos un suspiro,
renaciendo cada día.
Sobre el Autor:
Luis Gustavo Mendoza Villarreal.Facebook: Luis G. Mendoza Twitter: @luisgmendoza72

Alrededor de la medianoche
las teclas suenan con melancolía
acompañadas del violín
Recuerdos de la infancia me acompañan
y la abuela regando su jardín.
La luna entra por la ventana,
recuesto mi cansancio en la cama
a leer historias sinfín