Alemania, la fórmula para llegar a ser el número 1

Alemania, la fórmula para llegar a ser el número 1

 

Edgar Castillo/

CIUDAD DE MÉXICO, 18 de julio (Al Momento Noticias).- El futbol alemán posee una innegable historia de triunfo y protagonismo en el ámbito internacional. Sin embargo, inconformes con algunos de sus resultados, hace doce o quizá catorce años inició un nuevo cambio de mentalidad que volvió a enriquecer su origen. Y hoy, su presente tiene una nueva perspectiva que se caracteriza por una filosofía muy distinta a la que predomina en muchos países.

El nuevo cambio de mentalidad comenzó a darse en el año 2000, luego de los rotundos fracasos en el Mundial de 1998 y de la Eurocopa de Bélgica/Holanda, cuando Alemania quedó eliminada sin ganar un solo partido. A partir de entonces, los principales dirigentes de la Federación Alemana de Futbol (DFB) reaccionaron dando un rumbo diferente a la forma como se estaba manejando su liga y sobre todo la selección.

Los objetivos  iniciales fueron muy simples, fortalecer las divisiones menores y gozar de buena salud financiera. La nueva estructura va desde los mecanismos y la política de fichajes hasta los precios de las entradas en los estadios, pasando también por la formación especializada de fuerzas básicas e incluso la economía y finanzas de los clubes.

De esta forma, en 2001, se ordenó inmediatamente que todos los equipos de la Bundesliga crearan academias juveniles con entrenadores profesionales. En ello, se han invertido más de mil millones de euros, especialmente en el programa buscador de talentos “Talentförderprogramm”, el cual es gestionado y supervisado por la Federación Alemana.

Es normal que se argumente que esta liga carece de las grandes estrellas internacionales que abundan en otras ligas como la española, inglesa o italiana, salvo los casos de Frank Ribéry o el evidente innombrable Arjen Robben, pero a cambio, Alemania se ha convertido en una fábrica inagotable de talentos jóvenes. Pues, una década más tarde, más de 80% de los internacionales alemanes y más de la mitad de los jugadores de la Bundesliga fueron formados en esos centros de alto rendimiento, incluyendo los ya consolidados como Thomas Müller, Mario Götze, Manuel Neuer, Marco Reus, etc.

Es decir, la creación obligatoria de esos centros para juveniles sentó la base del presente exitoso del fútbol alemán.

Por ello, resulta una paradoja afirmar que el deporte refleja las mentalidades de los países. No obstante en España, Italia e Inglaterra, el fin, en el mayor de los casos, es ganar sin importar la inversión. No pasa lo mismo con los equipos alemanes. Estos actualmente se guían por no gastar más de lo que pueda ingresar a su institución. En ello se resumen clubes como el Borussia Dortmund que “no compra estrellas, las fabrica. Ésa es nuestra filosofía”, afirma Thomas Tress, director financiero del club.

Empero, el Dortmund no es la excepción. En la Liga alemana se fijan ciertas condiciones presupuestarias a los equipos para garantizar su solidez económica. Por ejemplo, los equipos no pueden estar en dirección de intereses foráneos y nadie, sí, nadie puede tener una participación superior a 49%.

Un rasgo notable a destacar son las normas para distribuir los ingresos televisivos de forma más equitativa. Mientras que en España la repartición es un duopolio entre Real Madrid y Barcelona, que reciben aproximadamente 140 millones de euros cada uno, a diferencia de clubes más discretos como Celta de Vigo, Zaragoza o Getafe con solo 12 millones. Y quizá las honrosas excepciones de Atlético de Madrid y Valencia de España con 42 millones de euros.

La Bundesliga  tiene un sistema de repartición más equilibrado en el que Bayern Munich percibe 28.1 millones de euros, seguido por FC Schalke, Borussia Dortmund y Bayer Leverkusen, con 25.1.

Por otra parte, la realidad de los estadios se visualiza en sus números. Innumerables estudios sitúan a Alemania como el país con el mayor promedio de asistencia, teniendo a 22 equipos entre los 100 primeros, registrando una media de asistencia de 42 mil 231 espectadores.

La de España, la supuesta mejor liga del mundo, ocupa el tercer sitio con 12 equipos y un promedio de 38 mil 550 espectadores. Las consecuencias de esta asistencia rebasan las expectativas, lo cual permite a los clubs destinar mayor inversión para modernizar sus infraestructuras, seguir en la formación de talentos y cobrar las entradas más baratas.

La apuesta por la sanidad financiera y por las fuerzas básicas no solo generó riqueza financiera. Sino que el trabajo planificado y respetuoso de procesos tuvo su pequeña recompensa en la Champions League de 2013 cuando la final fue disputada por Bayern Múnich -campeón- y Borussia Dortmund (vicecampeón).

Aunque en la última edición de la Champions no lograron estar en la final, tuvieron una destacada participación al llegar a cuartos de final (Borussia) y semifinales (Bayern), ahí siguen sin desesperarse.

Sin embargo, el principal resultado de esta renovación fue la modernización de su futbol. De todos era conocido que Alemania se caracterizaba por un tradicional juego táctico, ordenado, mecánico, duro y arrollador, que tuvo su límite en el fracaso en la Eurocopa 2000. Sin embargo,  esto abrió paso a un rol más ligero y sobre todo creativo.

En julio de 2004, Jurgen Klinsmann fue nombrado seleccionador de Alemania, teniendo como principal objetivo ganar la Copa del Mundo que disputarían localmente. Empero, su visión también incluyó cambiar paulatinamente el juego efectivo, brusco y aplanador, en otro con mayor calidad técnica, ofensivo, veloz y con alta posesión de balón.

Evidentemente, este sistema también estaba apoyado en el orden y solidez táctica. Pero, la idea principal era sentar las bases de un nuevo paradigma que modificaría la identidad del futbol alemán.

Con cambios tan sencillos como la línea de 4 o la incorporación y profundidad de laterales que además de marcar debían ofender, algo poco visto en otras selecciones alemanas, los resultados fueron casi inmediatos.

Durante el Mundial 2006, Alemania fue suprema en la fase de grupos. Consiguió los 9 puntos viendo el surgimiento de Klose -hoy goleador histórico de los mundiales- y un entonces joven Lahm que comenzó a demostrar su jerarquía y autoridad por la banda.

Pese a no lograr el título, Alemania terminó en tercer sitio. De aquel equipo empezaron a brillar, además de Philipp Lahm, Per Mertesacker, Bastian Schweinsteiger, Lukas Podolski y Miroslav Klose; todos figuras y actuales campeones del mundo, pero que formaron parte de la renovación.

Luego del Mundial 2006, Klinsmann decidió no continuar como seleccionador. No hubo alarma alguna, con facilidad se nombró al segundo en el mando Joachim Low.

Este personaje dio continuidad a los principios impuestos y prosiguió el proceso. Realizó una nueva selección dejando de lado a figuras de talla internacional como Michael Ballack. A Cambio, eligió nuevos talentos hoy ya consagrados en sus distintos equipos y en la misma selección.

Llegaron los Thomas Muller, Manuel Neuer, Bastian Schweinsteiger o André Schurrle, pero manteniendo a experimentados como Klose y Lahm. Además, sumó a los talentosos Jerome Boateng, Kevin Grosskreutz, Mats Hummels, Benedikt Howedes y Mesut Ozil.

Bajo este mandato, el equipo alemán logró llegar a semifinales de dos campeonatos internacionales (Mundial Sudáfrica 2010 y la Eurocopa de 2012) y a la final de la Eurocopa de 2008. La recompensa que consumó la revolución emprendida en la última década se consiguió al lograr su cuarto Campeonato del Mundo el pasado 13 de julio en el Maracaná.

Los resultados positivos en el deporte a nivel profesional y en muchas otras actividades de mayor importancia, en reducidas ocasiones son obra de la circunstancia.

El éxito o una copa del mundo no se encuentran tirados en la calle. Hace falta mucho más, mucho más que gritar famélicamente los goles en la banca o dejarse todo en el campo. O peor, que una acción haya condicionado nuestro destino. No fue penal, pliega la retórica popular de la impotencia.

La realidad, lo que pasó con la selección nacional se resume en la sencilla fábula del burro y la flauta diligentemente descrita por Tomás de Iriarte o Augusto Monterroso. Simple, los animales no tocan instrumentos.

Por ello, no se asombre o se deje llevar por alguien que le vende cambiar un estado o un país en una gestión. Tampoco se esperance que seremos campeones en Rusia o Qatar, estamos lejos. Empero, no todo está perdido, logros existen, ahí los resultados en las categorías inferiores o la medalla de oro olímpica. Por ahí algunos están trabajando bien, falta que inicie el cambio.

AMN.MX/ec/bhr