¿Usted ha leído el Reglamento de Tránsito?

¿Usted ha leído el Reglamento de Tránsito?

 

Mi ciudad es un lugar en el que, según las estadísticas, se leen más libros que la media nacional; sin embargo, a pesar de todo lo halagüeño que esto parece creo que, ni todos los xalapeños dicen la verdad cuando les preguntan cuántos libros leen ni todo lo que leen es digno de leerse.

Pero bueno, eso será tema de otro comentario, hoy sólo me quiero referir a algo que todos estamos obligados a leer y, si fuera posible, a memorizar: el Reglamento de Tránsito y Vialidad. Y no se me excusen los que no tienen auto, que este documento también habla de los peatones y de lo que deben y no deben hacer cuando caminan en las calles. Si todos lo hiciéramos le ahorraríamos al director de Tránsito muchas declaraciones en los periódicos —aunque también conseguiríamos que dejara de justificar, con ellas, su trabajo— y que nos estuviera repitiendo lo que la dependencia a su cargo va a hacer o, mejor aún, que ocupara ese tiempo en reordenar la circulación como lo ha venido prometiendo desde antes de que tomara posesión de su cargo.

Es decir, supongamos que todo mundo supiera que hay un Artículo de ese documento que dice que la velocidad máxima en la ciudad es de 60 k/h —sólo en algunas avenidas con camellón enmedio—, que en las demás calles es de 40 k/h, y que enfrente de escuelas, hospitales, iglesias y centros de reunión es de 20 k/h. No habría necesidad de que cientos de señoras indignadas se juntaran pa’ ir en bola a pedir topes en todas partes..
Supongamos también que supiéramos que hay otro artículo que dice que por conducir ebrios la multa va de los 20 a los 60 días de salario mínimo y/o hasta cárcel.

Tampoco habría necesidad de operativos como el del alcoholímetro y que se sancionará duramente a los conductores ebrios, pues en una de esas nadie conduciría ebrio.
Si todos nos supiéramos este documento al dedillo no se ocuparían los convenios del Ayuntamiento con la prensa para sacar notas de que no se permitirá el apartado de lugares para estacionar en la vía pública; ni de que es delito estacionar los autos en las banquetas, o de que se harán operativos especiales afuera de los centros nocturnos para cazar borrachos manejando, o en la avenida Lázaro Cárdenas para contener traileros atrabancados. Todas esas, cuestiones obligadas de la autoridad vial, en este caso con injerencia directa del gobierno del Estado.

Ante tales cosas yo sugiero que alguien debería de hacer cuentas para saber a cuánto equivale, económicamente hablando, todos los atascos y pérdidas de tiempo por la gente que no cumple con la ley y lo compare con lo que costaría repartir Reglamentos de Tránsito a la ciudadanía en general. Estoy seguro que esto sería más beneficioso para promover la cultura vial que cobrar multas y pagar golpes en los autos por accidentes.

Todo mundo sabría que no se puede atravesar la calle por la mitad, lo que los silbatazos del agente de Tránsito significan —incluidos los propios agentes que nomás silban a lo buey.

Si queremos promover la cultural vial debemos empezar por aprendernos las leyes que la dan sustento, la circulación por nuestras calles sería más ágil y los agentes de Tránsito no perderían el valioso tiempo —que podrían utilizar agilizándola aún más— coaccionando a ciudadanos incautos e ignorantes de ellas, ¿no lo cree usted así, querido lector?

Alejandro Hernández y Hernández
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