
CIUDAD DE MÉXICO, 23 de abril (Al Momento Noticias).- Emmanuel Carballo, considerado el más importante crítico literario de nuestro país durante la segunda mitad del siglo XX, afirmaba que la crítica debiera ser vista como una profesión cualquiera, con sus derechos y obligaciones, no como una actividad propia de resentidos y amargados.
Decía que el crítico tiene el compromiso de probar que sus juicios son correctos, que no habla de memoria sino que, por el contrario, sus ideas están respaldadas por la realidad estética de la obra que analiza. Por otra parte, advertía, tiene el derecho de decir lo que piensa tal como lo piensa, sin eufemismos, sin presiones, en voz alta y con toda la boca.
“Si yerra, que las letras mexicanas se lo reprochen; si acierta, que aplacen su sentencia de muerte y lo dejen vivir en paz sus contados días”.
De juicios duros, Carballo -quien fuera el aguafiestas de no pocos escritores- opinaba que en el caso concreto de México la literatura no tiene casi nada que ofrecer. En primer término porque su misión específica es reducida: se concreta a mostrar y no a remediar. Después, porque los tirajes de los libros son confidenciales: normalmente de dos a tres mil ejemplares en un país que sobrepasa los 100 millones de habitantes.
El autor de más de 149 obras, entre poesía, cuento, entrevistas, ensayos, artículos, columnas, investigaciones y memorias, afirmaba que la literatura no va a salvar en general al mundo y en particular al hombre, al hombre que tiene un nombre y un apellido, tan sólo le va a ofrecer una larga cadena de pistas que le permitan conocer el amor y el desconsuelo.
Su filosa cuchilla no perdonó ni a los lectores. Consideraba que el pueblo no sabe leer y si sabe aún no puede ir más allá de los comics y las fotonovelas. Además, el libro es caro, casi un objeto de lujo. “En definitiva, la literatura mexicana se desenvuelve dentro de un círculo vicioso burgués: la escribimos los burgueses, la leemos los burgueses y la criticamos los burgueses. Todo queda en familia”.
En su opinión, la literatura tenía un valor agregado cuando había en ella propuestas innovadoras y voluntad de ruptura. De ahí su afición por autores como José Vasconcelos, José Juan Tablada, José Gorostiza y Octavio Paz. “Prefiero a los acróbatas que ejecutan sus piruetas a gran altura y no tiene abajo una red que los proteja.
De sí mismo, afirmaba que a lo largo de 60 años trató de ser fiel a sí mismo y congruente con las ideas en que sustentó sus tareas como escritor y hombre preocupado por sus semejantes.
El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y la Secretaría de Cultura del Distrito Federal anunciaron que realizarán homenajes a Carballo, aunque aún no se ha precisado cuándo y dónde serán.
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