La pistola de un narco de Tijuana que le regalaron a Mario Aburto

La pistola de un narco de Tijuana que le regalaron a Mario Aburto

 

La madre Antonia estaciona su camioneta Suburban frente a la entrada principal de la penitenciaria. A su derecha viaja una mujer que esconde el rostro detrás de su mano izquierda. No quiere ser reconocida y, al descender, mantiene la cabeza baja. Es inútil: ya ha sido identificada. Es María Luisa Martínez, madre de un confeso asesino, la madre de Mario Aburto Martínez. La acompaña José Luis Aburto, su hijo menor.

La madre Antonia –directora de la casa Campos de San Miguel, donde se han refugiado los familiares del presunto homicida— camina velozmente entre los reporteros y dirige a sus acompañantes hacia el salón de juntas. El pequeño grupo es rápidamente asediado por los periodistas.

Antes de que los reporteros hagan cualquier pregunta, María Luisa llora. El dolor es mucho y no puede contenerse. Después de unos minutos, con la voz entrecortada, logra decir: “Estoy muy lastimada por la muerte de ese señor Colosio… porque yo también soy mexicana y sé lo que es perder un hijo”.

-¿A qué se refiere señora?

-A que ahora he perdido a mi hijo Mario.

-¿Cuál cree que haya sido el motivo de su hijo para matar a Colosio?

-No lo sé. Desconozco por qué asesinó a Colosio. Mario era un muchacho muy tranquilo.

-¿Cuál era su relación con su hijo? ¿Lo conocía bien?

-Sí, señor, ya lo dije, era un muchacho muy tranquilo. Nada más se dedicaba a trabajar y por eso platicábamos muy poco. Salía a las dos de la tarde y luego se ponía a leer o a ver la televisión. Nunca dormía fuera de casa. Era un hijo bueno, muy tranquilo, no fumaba, no  bebía. Era bueno, les digo.

-¿Alguna vez su hijo viajó a Chiapas?

-No, nunca. El nunca salió de donde vivía conmigo. Nunca se separó de mí. Que Dios me perdone pero eché mentiras (días antes había dicho que su hijo la había abandonado). Temía decir la verdad, pero era cierto que mi hijo vivía conmigo. No conocía a sus amigos, no sabía que tenía novia. Nadie lo buscaba.

Brota en el interrogatorio el tema del baúl en el que fueron encontrados diversos escritos y documentos de Mario Aburto.

-¿Por qué entregó ese baúl a otra persona?

Doña María Luisa, atribulada, responde:

-Porque hay muchos delincuentes allí que queman las cosas y los papeles y se llevan todo lo que tiene uno.

-¿Qué contenía el baúl?

-Papeles míos. No sé si había de él porque no sé leer.

Se angustia la señora. Se tapa el rostro. Llora, suplica: “Ya no más. Ya no me pregunten más, por favor. Ya no quiero saber nada. Por favor déjenme en paz”.

Entonces interviene la madre Antonia. Secamente anuncia que “la conferencia ha terminado”.

La madre de Mario Aburto es conducida al privado del director del penal.

El arma de Mario Aburto

José Luis, el hermano menor del asesino confeso de Luis Donaldo Colosio, admite que le regaló un arma a Mario Aburto Martínez. “Pero no sé si es la misma que utilizó” en Lomas Taurinas.

Con el pelo casi a rape –tiene apenas un mes que salió de la prisión bajo fianza, por agresiones— y bigote tupido, dice que se parece “un poco” a su hermano. Viste pantalón de mezclilla blanca y una camisa color marrón.

“No conocía nada de los escritos de Mario”, señala a modo de explicación. Y agrega: “Lo único que leía era sobre mecánica”. Habla en voz alta, para darle más énfasis a su defensa: “Es muy callado y nunca hacía comentario alguno sobre lo que hacía fuera de la casa”.

Mientras su madre es consolada por parientes y amistades, conversamos con el Nene, como lo apodan. “Mario nunca quiso decir si tenía simpatía por algún grupo o partido político, porque nunca hablaba al respecto”, dice.

-Supimos que la Procuraduría General de la República lo interrogó en relación con un arma que usted tenía desde hace dos años. ¿Qué nos puede decir al respecto?

-Esa pistola la compré hace tiempo para defenderme. Ya me habían asaltado dos veces en mi trabajo como chofer y vendedor de agua.

-¿A quién se la compró?

-A un narco.

-¿Del otro lado, de Estados Unidos?

-No, aquí en Tijuana, en la colonia Buenos  Aires.

-¿Hace cuánto tiempo?

-Pues ya hace mucho. Como dos años.

-¿A su hermano le gustaban las armas? ¿Esa pistola se la dio usted?

-¿A él no le gustaban, pero me pidió una. Y sin preguntar le di la mía. No sé si sea la misma que utilizó.

-¿Qué piensa?, ¿qué siente por su hermano?

-Pues siento lástima, no estuvo bien lo que hizo. Que Dios lo ayude.

-¿Cuando fue la última vez que vio a su hermano?

-Hace dos meses, en casa de mi mamá.

La madre Antonia llama a José Luis y se ausenta un momento. La entrevista se interrumpe. Regresa para despedirse y agrega finalmente: “Pues si culpable, que lo castiguen”.