
BEIJING, 21 de marzo (Al Momento Noticias).- Las primeras damas de Estados Unidos, Michelle Obama, y China, Peng Liyuan, sostuvieron una serie de encuentros encaminados a fomentar los lazos culturales y educativos bilaterales, y el presidente chino, Xi Jinping, se sumó de última hora a una de las reuniones.
En su viaje a China, acompañan a Michelle Obama, su madre, Marian Robinson, y sus dos hijas, Sasha y Malia.
La visita que la llevará también a Xian y Chengdu, a lo largo de la semana, tiene un carácter netamente apolítico, por lo que no se abordarán asuntos como los derechos humanos.
La visita ha causado gran expectación en China, al poner codo con codo a la popular primera dama estadunidense con su homóloga china, que, ya famosa como cantante de música tradicional antes de su matrimonio, ha roto moldes con sus predecesoras -siempre en un segundo plano y discretamente vestidas- por su sentido de la moda y su elegancia al acompañar a su marido en viajes al extranjero.
Para poner énfasis en la ausencia de los temas políticos, los primeros actos que compartieron las esposas de los dos hombres más poderosos del mundo estuvieron relacionados con la educación, al visitar un centro de enseñanza secundaria, y la cultura china más tradicional.
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Obama y Peng participaron, durante la visita a la escuela, en una actividad de caligrafía china.
La esposa del presidente Barack Obama también se animó al pasar por un aula donde se practicaba el deporte chino por excelencia, el pingpong, a probar unas voleas, y Peng -vestida con traje de chaqueta y tacones, al contrario que Michelle, ataviada con unos pantalones anchos y zapato plano- declinó sumarse al juego.
La mañana concluyó con un recorrido por la Ciudad Prohibida, la antigua residencia de los emperadores.
En la tarde se produjo una sorpresa cuando el presidente acudió con su esposa a Diaoyutai, residencia para dignatarios extranjeros en Beijing, donde las primeras damas asistirían a una cena y un espectáculo posterior.
En declaraciones al comienzo del encuentro, Xi aludió a la importancia de las relaciones bilaterales entre China y Estados Unidos y destacó “mi sólida relación de trabajo y amistad personal ya establecida” con Barack Obama.
Por su parte, la primera dama estadunidense bromeó que en su primer día de visita había demostrado que el pingpong “no se me da tan bien”.
La presencia de Xi dejó claro que, cuando se trata de las relaciones entre las dos grandes potencias económicas, la política nunca queda de lado. Ambos países tienen demasiados intereses en juego.
En tanto, las palabras de Michelle subrayaron la estrategia de Estados Unidos en esta visita: crear simpatía y confianza entre dos países muy entrelazados comercialmente pero que en el ámbito diplomático se ven en ocasiones con suspicacia.
No en vano, la visita de la primera dama está llena de guiños culturales hacia el país anfitrión, como el hecho de que viaje acompañada de su madre y sus hijas: las “tres generaciones bajo un mismo techo” están consideradas un ideal confuciano de armonía y amor filial.
Aunque este gesto no ha estado exento de polémica en Estados Unidos, donde la primera dama ha recibido críticas por incluir a sus familiares en el viaje, sufragado con dinero público y en el que durante su estancia en Beijing se aloja en una suite de más de 8 mil dólares la noche.
Con su énfasis en la educación, tiene previsto celebrar una mesa redonda sobre este asunto, así como visitar otros dos centros educativos, Michelle Obama también busca conectar con los ideales de una China que valora la educación y la disciplina.
Los medios oficiales chinos han acogido con entusiasmo el esperado encuentro entre las dos primeras damas, si bien han puesto el énfasis en puntos triviales como la moda.
En este sentido, ninguna de las dos defraudó a los medios: para la cena, Peng lucía una elegante versión moderna del qipao tradicional chino, de color negro, acompañado de sandalias de alto tacón, mientras que Obama había optado por un vestido de encaje rojo y zapatos cerrados del mismo color.
AMN.MX/bhr
