A 40 años del Golpe de estado Chile

A 40 años del Golpe de estado Chile

 

Diversos testimonios sobre el día del golpe militar dan cuenta que el presidente Salvador Allende Gossens combatió y resistió a pesar del desigual combate con los golpistas

Francisco Medina / Especial Al Momento Noticias

CIUDAD DE MÉXICO, 11 de septiembre (Al Momento Noticias).- Este 11 de septiembre se cumplen 40 años del golpe encabezado en Chile por el general Augusto Pinochet contra el presidente Salvador Allende, que dio paso a una dictadura militar de 17 años.

La justicia chilena investiga la gestación del golpe militar ante la eventualidad de que se hayan cometido los delitos de alzamiento y sublevación.

El Gobierno de Allende encontró el asedio de fuerzas de la derecha interna, y del gobierno de Estados Unidos y sus aparatos de espionaje.

Diversos testimonios sobre el día del golpe militar dan cuenta que el presidente Salvador Allende Gossens combatió y resistió a pesar del desigual combate con los golpistas.

En esos momentos, vía telefónica, Salvador Allende dio su último discurso en el que dijo:

“Pagaré con mi vida la defensa de principios que son caros a esta patria. Caerá un baldón sobre aquellos que han vulnerado sus compromisos, faltado a su palabra, roto la doctrina de las Fuerzas Armadas.

El pueblo debe estar alerta y vigilante. No debe dejarse provocar, ni dejarse masacrar, pero también debe defender sus conquistas. Debe defender el derecho a construir con su esfuerzo una vida digna y mejor.

Una palabra para aquellos que llamándose demócratas han estado instigando esta sublevación, para aquellos que diciéndose representantes del pueblo, han estado turbia y torpemente actuando para hacer posible este paso que coloca a Chile en el despeñadero.

En nombre de los más sagrados intereses del pueblo, en nombre de la patria, los llamo a ustedes para decirles que tengan fe. La historia no se detiene ni con la represión ni con el crimen. Esta es una etapa que será superada, éste es un momento duro y difícil. Es posible que nos aplasten, pero el mañana será del pueblo, será de los trabajadores. La humanidad avanza para la conquista de una vida mejor.

Compatriotas: es posible que silencien las radios, y me despido de ustedes. En estos momentos pasan los aviones. Es posible que nos acribillen. Pero que sepan que aquí estamos, por lo menos con este ejemplo, para señalar que en este país hay hombres que saben cumplir con las obligaciones que tienen. Yo lo haré por mandato del pueblo y por la voluntad consciente de un presidente que tiene la dignidad del cargo…

Quizás sea ésta la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura, sino decepción, y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron.

Soldados de Chile, comandantes en jefe y titulares… al almirante Merino… … El general Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su solidaridad y lealtad al gobierno, también se ha denominado director general de Carabineros.

Ante estos hechos sólo me cabe decirle a los trabajadores: yo no voy a renunciar. Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen, ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Trabajadores de mi patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. Es este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, espero que aprovechen la lección. El capital foráneo, el imperialismo, unido a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición: la que les señaló Schneider y que reafirmara el comandante Araya, víctima del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando con mano ajena conquistar el poder para seguir defendiendo sus granujerías y sus privilegios. Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra: a la campesina que creyó en nosotros, a la obrera que trabajó más, a la madre que supo de su preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la patria, a los profesionales patriotas, a los que hace días están trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clase para defender también las ventajas de una sociedad capitalista.

Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha; me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente en los atentados terroristas, volando puentes, cortando las vías férreas, destruyendo los oleoductos y los gasoductos, frente al silencio de los que tenían la obligación de proceder… La historia los juzgará.

Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa: me seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes, por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la patria. El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

Trabajadores de mi patria: tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres el momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile, viva el pueblo, vivan los trabajadores!

Estas son mis últimas palabras, teniendo la certeza de que el sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una sanción moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición”.

La historia recoge que el estadista se quitó la vida mientras aviones de la Fuerza Aérea de Chile lanzaban sus bombas contra la mansión ejecutiva, inmolación que llevó a efecto para evitar caer en manos de los militares amotinados, al mando del general Augusto Pinochet.

Dicha versión no es aceptada por una parte de los seguidores de Allende, como el Movimiento del Socialismo Allendista, el cual intenta demostrar la participación de terceros en la muerte del mandatario.

Los antecedentes

El convulso escenario se reveló con más fuerza en las elecciones presidenciales de 1970, donde Allende logra finalmente, luego de tantos intentos, llegar al Palacio de La Moneda, al frente de la Unidad Popular, triunfo que debió ser ratificado por el Congreso, a causa del estrecho margen en las urnas frente a sus rivales.

Luego de un acuerdo con el Partido Demócrata Cristiano, que incluyó la incorporación de Estatuto de Garantías Democráticas a la Constitución, Allende fue proclamado jefe de Estado.

Desde la asunción, su Gobierno encontró el asedio de fuerzas de la derecha interna, y del gobierno de Estados Unidos y sus aparatos de espionaje, que derrocharon energías en la desestabilización del país.

Una de las primeras acciones fue el asesinato del general René Schneider a manos de un comando de la ultraderecha con el respaldo de la norteamericana Agencia Central de Inteligencia. El militar defendía la subordinación de las fuerzas castrenses al poder civil.

Allende puso en práctica el programa prometido, con medidas como la amplia reforma agraria y la nacionalización del cobre, entre muchas otras que desataron el odio de sus opositores y de Washington, odio que desembocó en el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 y en el establecimiento de la dictadura de Augusto Pinochet, la cual duraría 17 años.

La toma del poder


La toma del poder por Pinochet el 11 de septiembre de 1973 fue el producto de una prolongada campaña de los Estados Unidos, de manipulación política y desestabilización en Chile. En 1964 la administración de Johnson invirtió diez s millones de dólares en una campaña secreta para asegurar la elección del demócrata cristiano, Eduardo Frei, como presidente contra el candidato del Partido Socialista, Salvador Allende.

En 1970, con Frei inelegible para sucederse a sí mismo y Allende el favorito para ganar las siguientes elecciones, Chile se convirtió en un problema para la administración de Nixon. El super-secreto ‘Comité 40′, una organización de alto nivel presidida por Henry Kissinger, junto con representantes del Departamento del Estado, de la CIA y del Pentágono, decidió que una intervención electoral masiva probablemente provocaría una fuerte reacción. El Embajador de los Estados Unidos, Edward Korry, recomendó una urgente operación secreta de la CIA para preparar un preventivo golpe de estado militar.

Kissinger declaró, “no veo porqué tenemos que mantenernos al margen y observar a un país convertirse en comunista debido a la irresponsabilidad de su propio pueblo.” Pero él y el director de la CIA, Helms, bloquearon el propuesto golpe por considerarlo irrealizable antes de las elecciones. Más tiempo era necesario, razonaron.

Allende ganó las elecciones sobre la base de un programa reformista, pero su victoria precipitó un movimiento masivo de la clase obrera y de los campesinos pobres de inmenso potencial revolucionario. Allende y sus promotores Stalinistas dentro del partido comunista chileno pasaron los siguientes tres años refrenando, desalentando y desorientando el movimiento de masa y bloqueando cualquier desafío decisivo a la clase dirigente chilena y al imperialismo americano, mientras que elementos de la derecha y los fascistas preparaban su contraataque. Durante este período hubo seis tentativas fracasadas de golpe por parte de la derecha, la mayoría de ellas con ayuda directa americana.

La implicación de los Estados Unidos en el planeamiento del golpe, codificado FUBELT, comenzó incluso antes de la victoria de Allende en las elecciones, con planes de acción preparados para la consideración de Kissinger. Un grupo de oficiales que trabajaban bajo la dirección de la CIA llevó a cabo el asesinato de general Rene Schneider, un oficial pro-Allende, en una tentativa fracasada de provocar un pleno golpe antes de que Allende pudiera alcanzar el poder.

Un cable de la CIA del 16 de octubre de 1970, divulgado bajo el Acto de Libertad de Información, explica los objetivos del gobierno de los Estados Unidos: “es la firme y contínua política que Allende sea derrocado por un golpe …. Debemos continuar generando la presión máxima hacia este fin utilizando todos los recurso apropiados. Es imprescindible que estas acciones sean ejecutadas clandestinamente y bajo seguridad para ocultar bien la mano americana y del USG.”

La CIA estableció una organización fascista, Patria y Libertad, dirigida por un antiguo empleado en relaciones públicas de Ford Motor Company, Federico Willoughby McDonald, que se convirtió en secretario de prensa de Pinochet después del golpe. Patrocinó la operación Djakarta, un plan para el asesinato sistemático de líderes del Gobierno de Unidad Popular de Allende. La organización fue así nombrada en honor al éxito más sangriento de la CIA, el golpe militar en Indonesia en 1965, durante el cual 1 millón de personas fueron matadas brutalmente.

Como lo había hecho anteriormente en Indonesia, la CIA ayudó a los militares en Chile a componer listas de gente a ser exterminada. El 10 de septiembre de 1973, día antes de que la junta atacara, los nombres de 3.000 líderes de alto nivel y 20.000 de nivel medio de organizaciones populares — sindicatos, grupos estudiantiles, grupos de arrendatarios, comités campesinos, grupos de derechos y libertades civiles, partidos políticos izquierdistas — fueron distribuidas a las escuadrillas de la muerte. Prácticamente todo aquél que no huyó del país fue cazado y asesinado.

En testimonio posterior ante un comité del congreso a puerta cerrada, el antiguo director de la CIA, Guillermo Colby, dijo que las ejecuciones en masa habían logrado “algún bien” al hacer la guerra civil en Chile inverosímil. Colby había seguido una semejante terrible lógica en Vietnam, supervisando el programa Phoenix bajo el cual 20.000 sospechosos de resistir la intervención militar de los Estados Unidos fueron asesinados.

En su biografía, Kissinger negó que el gobierno de los Estados Unidos desempeñara papel alguno en el golpe de estado, descartando descaradamente este bien documentado hecho como “un mito de inspiración comunista.” Aun así no pudo evitar el solidarizarse con el régimen de Pinochet, escribiendo: “Los militares chilenos habían salvado a Chile de un régimen totalitario y a los Estados Unidos de un enemigo.”

Los informes de la prensa americana sobre la detención de Pinochet se han mantenido uniformemente silenciosos sobre la responsabilidad del gobierno de los Estados Unidos en el golpe de 1973, y han menguado en general la escala de los crímenes de Pinochet — usando, por ejemplo, la estimación de la CIA de 3.000 personas asesinadas durante el golpe y después, a pesar de que la mayoría de las estimaciones independientes colocan el total en mas de 50.000 muertos.

Se hubiera podido pronosticar que el Wall Street Journal denunciaría la detención de uno de sus favoritos líderes mundiales. La editorial del Journal ridiculiza a España y a Gran Bretaña por detener a Pinochet en lugar de a Fidel Castro, y declara, “El general Pinochet dirigió el golpe de estado que salvó a su país.”

Más significativa es la reacción de tales órganos del liberalismo oficial como el New York Times y el Washington Post. Al tiempo que apoyan a regañadientes las acciones del gobierno británico, al Times le preocupa que puedan suponer un precedente para que las “naciones delincuentes como Iraq” busquen la prosecución internacional de “líderes extranjeros opuestos a ellos.” Esto es una tácita admisión de que las acciones de Bush y Clinton de forzar un bloqueo que ha causado la muerte de centenares de millares de niños iraquíes, se podrían procesar como crímenes de guerra.

El Post aprovecha la ocasión para alabar la historia de Pinochet como gobernante de Chile: “él derrocó a un gobierno democráticamente electo y aseguró la matanza de millares y la detención de decenas de millares entre 1973-1990″, el periódico dice en su editorial, “pero también aseguró el rescate de su país… y su controlada evolución en una próspera democracia latina. Así es que no es tan sólo la derecha militar de Chile sino otros agradecidos por su papel positivo que están ahora inquietos por su detención.”