WASHINGTON.— En un nuevo episodio de confrontación diplomática y económica, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva para modificar la denominación oficial del lago Ontario y rebautizarlo como “Lago América” (Lake America). La medida se produce en el punto más álgido de la guerra comercial y arancelaria que su administración sostiene contra el gobierno de Canadá.
El anuncio se formalizó desde el Despacho Oval de la Casa Blanca, donde el mandatario aseguró que el decreto tiene efecto inmediato dentro del aparato gubernamental estadounidense, acompañando la decisión con declaraciones sobre su intención de continuar renombrando puntos geográficos clave del continente.
“‘Lake America’ es algo que he estado considerando desde hace tiempo. Tenemos un golfo y tenemos un lago. Ahora solo nos falta un océano; tal vez tengamos que cambiar el nombre del Atlántico o del Pacífico, tal vez cambiemos ambos”, declaró el presidente rodeado de mapas de la cuenca hídrica, al tiempo que calificó a las autoridades canadienses de “arrogantes” y complejas.
Justificación estratégica y plazo federal
El decreto presidencial instruye al secretario del Interior y a la Junta de Nombres Geográficos a actualizar de forma obligatoria el Sistema de Información de Nombres Geográficos (GNIS). Conforme a la disposición, todas las agencias federales de la Unión Americana tendrán un plazo de 30 días para reemplazar el nombre tradicional en mapas, contratos, comunicaciones públicas y documentos oficiales.
La administración justificó la determinación bajo el argumento de “restaurar nombres que honran la grandeza americana”, alegando que Estados Unidos ha destinado inversiones cercanas a los 4 mil millones de dólares en la última década para la preservación de los Grandes Lagos, además de enfatizar su relevancia histórica, militar y de suministro energético para el estado de Nueva York y el comercio del Atlántico.
Conflicto arancelario y límites internacionales
La orden ejecutiva se enmarca en un escenario de fuerte fricción bilateral, detonado tras el fracaso de negociaciones y la imposición de aranceles del 50% por parte de Washington a exportaciones canadienses valoradas en 20 mil millones de dólares, medida que fue respondida de forma recíproca por Ottawa con gravámenes sobre el acero, maquinaria y bienes agroindustriales.
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