Renato Tronco, el payaso de rodeo

Renato Tronco, el payaso de rodeo

 

El polémico diputado verde, muy verde, Renato Tronco Gómez, sin duda alguna está marcando la nueva tendencia de la entrante Legislatura: de poses y ocurrencias.

Renato Tronco es muy probable que sea un talento desperdiciado en ese sentido, olvidado en la más aún olvidada Las Choapas, donde si no se matan regidores opositores a su régimen que raya entre lo tiránico y grotesco, levantan periodistas pero sin afán de matarlos por lo que representan.

Ahí, los Tronco Gómez han hecho de Las Choapas su feudo y no precisamente por su liderazgo, sino porque a base de amenazas y porte de pistoleros a lo Mario Almada, han impuesto sus caprichos y voluntades a la población.

Las recientes elecciones municipales demuestran que a base de fuerza quieren seguir disponiendo de las arcas y seguir mamando del erario. Es de esas figuras que no se entiende el porqué es necesario darle ese toque mafioso al círculo político, desprestigiar más aún de lo que ya está desprestigiada dicha clase. No se le apuesta al cambio, sino al voto “seguro” a base de la violencia. Los Tronco no le aportan nada bueno ni a la política, ni al PRI, pero ahí los tienen como si fuesen un mal necesario.

Es así como Tronco Gómez llega nuevamente al Congreso del Estado. Lo hizo como sabe hacerlo: haciendo payasadas de rodeo a caballo para tomar protesta en la sede del legislativo, luciéndose como un Llanero Solitario de petatiux o un mal remedo de Antonio Aguilar.

Estupidizado por el cargo, Tronco ha querido poner su sello personal en la Legislatura. Insistente en el tema de los caballos, pidió que se hiciera una cabaña en los jardines del Congreso para que ahí estuvieran sus dos equinos consentidos; es decir, de la sede del poder legislativo, pasaremos a ser un establo ya no por lo burros que se sientan en las curules, sino literalmente por el olor a estiércol de rodeo.

De paso quiere hacer unas cabañitas para que su gente se quede en el Congreso, quesque para sus colaboradores y para atender en sus gestiones. Al parecer, pese a hacerse millonario en poco tiempo, no tiene para pagar un hotel a sus visitantes; o no sabe que es costumbre del diputado local cubrir, si es necesario, la estancia de un representado. Para eso están las partidas de apoyo.

Penosamente, las ocurrencias de Tronco son divertidas y precisamente ese es su papel en la actual legislatura: hacer bufonadas como en su momento otros personajes se han rentado para hacer o decir estupideces. En resumen, las payasadas de Tronco servirán para eso: para divertir mientras, en lenguaje coloquial, se nos mete la faca en otras cuestiones verdaderamente importantes.

Para eso son los payasos de rodeo, para desviarle la atención al toro.

Pero a final de cuentas la culpa no la tiene el talentoso diputado que profesa un amor casi zoofílico por los equinos, sino los dueños del circo que le siguen dando alfalfa.

EN LOS PASILLOS DEL SINDICATO DE PEMEX DE MINATITLÁN

—Oiga jefe, el presi ya promulgó la Energética y ya valió gaver el desfile del 18 de Marzo.
—Mta madre.

—Oiga, jefe… ¿Qué hacemos con la estatua de Lázaro Cárdenas en la entrada?
—Póngale copete y quítenle el bigote.
—Ta güeno.

Columna sin nombre
Pablo Jair Ortega

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