CDMX: Riesgo y valor de asumir las consecuencias

CDMX: Riesgo y valor de asumir las consecuencias

 

Es generalmente aceptado que un Estado fallido y reventado por sus gobernantes –como es el caso del mexicano– también es un Estado sin resultados de beneficio colectivo, sujeto a la depredación rastacuera y con personajes almibarados que no asumen una sola responsabilidad, que no se arrogan una sola consecuencia.

Entre los ninis que creen tener el poder absoluto en este país se juzga que gobernar es sólo una tarea que requiere de mínimos esfuerzos, con comodidades que rebasan cualquier privilegio. Todo mundo desea acceder al confort de la llamada clase política, porque ven esa actividad desde el punto de vista de las zonas de confort y las cantidades en numerario que, lícita e ilícitamente,  proporciona.

Su única motivación es llevar al extremo el ‎El Estado liberal, el predominio de las fuerzas ciegas del mercado, la preponderancia del capital absoluto sobre las necesidades elementales de la sociedad: un modelo de crecimiento político, económico y social totalmente equivocado y rebasado, absolutamente agotado por las exigencias que plantea la modernidad y sus crisis. Nadie responde por ellas. Nadie aprieta, nadie se arrima, nadie le entra al toro.

El Estado vacuo sólo empodera a los sanguinarios

Cuando se abandona la idea del Estado social y democrático de gobierno, se cae –en picada libre–  en las fáciles tentaciones del Estado Liberal, que sólo obliga a la autoridad a brindar elementales servicios de seguridad –en donde siempre fracasa– y a ser celoso guardián de la competencia lisa y llana de las fuerzas del mercado.

‎El Estado así concebido –o esas elementales funciones del aparato público– abandona ipso facto las tareas del bienestar de la población. Genera un entorno de libérrimo ejercicio de los poderes facticos, de los grupos de poder informales y acaba por relegar las tareas de la lucha contra la pobreza a un último término.

Bajo ese ropaje, el Estado deja de ser el rector de la vida en sociedad y en medio de ese vacío se impone la fuerza de los más poderosos, sanguinarios o protegidos por poderes extraños a quienes animan otras ideas del éxito, muy diferentes y contrarias al espíritu social de la auténtica función pública.

Quienes mandan no asumen las consecuencias de sus actos

En un país como México, que ocupa los últimos lugares del planeta en los renglones de productividad, competitividad, igualdad, justicia, educación, bienestar, seguridad social y pública, y mejoramiento de las condiciones de existencia, es un crimen no equilibrar los factores de la producción. Es criminal un gobierno sin idea ni puerto seguro. Y estar blindado por todas las instancias de justicia y fueros inmerecidos.

Una tierra en la que los que mandan no tienen programa ni asumen las consecuencias de sus actos ante la población y ante el entorno internacional, es un país salvaje, un territorio sin ley, donde la impunidad y aún la inmunidad, atentan contra los derechos fundamentales de integridad, dignidad y supervivencia de los ciudadanos.

Cuando los mentecatos ordenan que se haga algo, no tienen la más peregrina idea de cómo hacerlo, por eso las órdenes se pierden o tergiversan entre las interpretaciones y los famosos roles que les dan los encargados de llevarlas a cabo. Para mandar, primero hay que saber cómo se manda, ¿ no?

Ya no quedan políticos profesionales en el panorama

Cuando los asesores presidenciales de Harry S. Truman, angustiados le preguntaban qué pensaba sobre lo que haría al respecto su sucesor, Dwight D. Eisenhower, por toda respuesta, Truman les dijo: “Quiero ver a ese generalito cuando ordene paso redoblado y los subalternos toquen una marcha desafinada , sin sentido, y marchen en sentido contrario”. Por eso son necesarias las sensibilidades y las formas de los políticos profesionales, de los cuales ya no queda uno en todo el panorama mexicano.

“Quién no quiere pensar es un fanático ; quien no se atreve a pensar, es un cobarde”, decía con toda pulcritud, hace 500 años, Francis Bacon, el padre del empirismo filosófico. El brillante jurista estadunidense, Walter Lippman, remató: “Donde todos piensan igual, nadie piensa mucho”.

¿Conciencia limpia? Será porque nunca la usan

En un país sin consecuencias, los actuales fruncionarios, que se han visto involucrados en fraudes gigantescos comprobados, en rapiñas miliunochescas y toda clase de truchimanerías, juran por ésta que tienen la conciencia limpia. ¿Será porque nunca la usan?

‎En su inconsciencia, y ante la falta de ideas y de objetivos concretos , en nombre de una eficacia mal entendida, llegan al extremo de pretender privatizado todo, desde la soberanía y la geografía hasta los servicios básicos, seguramente porque para traducir un solo programa de gobierno en hechos concretos, se requiere organizarse con la población y tener una voluntad y una vocación acerada.

Por eso, no han aterrizado un solo programa de gobierno, una sola obra de interés colectivo, no han dejado una sola huella de su vituperado sexenio.

El país, en niveles intolerables de ebullición social

‎Para ver pasar en pasividad los problemas, sólo se necesita sentarse en los lujosos y bien remunerados sillones de mando, y no hacer nada, excepto recibir las comisiones de los negocios públicos. De la honestidad, los resultados y la rendición de cuentas, que se ocupen los bueyes de mi compadre. Para eso están.

Nunca hay negociación y consulta, no existe el proceso ejecutivo de toma de decisiones, no hay instancias de organización, diálogo, intervención e información. La participación social está, de antemano, criminalizada por los tres poderes, sujeta a cualquier estado de sitio o de excepción o de cancelación y suspensión de garantías, con el único requisito que los pida decretar el que manda. Nadie va a decir ni pío. ‎Es una dictadura con toda la barba.

Ya ni qué decir de los asuntos comunes, de voces alternativas, de opciones diferentes. No conocen otras formas de integración a los problemas ingentes, de asociaciones públicas, privadas o sociales. No cuentan con el apoyo invaluable de las redes sociales de evaluación y comprobación.

‎Son ellos y sus chequeras, con sus cuentas personales . Ellos y sus paraísos fiscales. Ellos y sus caprichos. Ellos y sus modos y maneras, los que han llevado al país a un nivel intolerable de ebullición social, sin pivote de desfogue, sin red de protección ante el abismo, sin remedio alguno ante la inminencia del desastre colectivo.

Garbanzo de a libra: Mancera ante la crisis ambiental

‎Ordenar y asumir las responsabilidades, son cosas muy distintas. Más cuando quien asume el costo de la responsabilidad lo hace de manera desinteresada y sin haber provocado el problema que combate. La reciente crisis de contingencia ambiental en el Valle de México, reveló el asunto en toda su esquizofrénica molicie.

Es realmente alentador que el más perjudicado políticamente con la decisión tomada, el Jefe de Gobierno de la CDMX , diera la cara y asumiera su derecho humano a decidir , sobre todo en tiempos que muchos consideran pre electorales. Cuando su cabeza estaba en juego, pero también, cuando estaba en la balanza privilegiar el bienestar y los intereses comunes de la población ante un riesgo concreto de salud pública, de estabilidad y de gobernabilidad.

‎Es una decisión difícil, cuando se percata la gente que quien asumió los riesgos y los costos políticos, lo hizo después de generarse un consenso sobre la viabilidad de la decisión en el cuerpo colegiado de los gobernadores de los estados que integran la Megalópolis de la Ciudad de México: Puebla, Hidalgo, Tlaxcala, Morelos y el Estado de México. Todos dijeron que sí, y a la mera hora, todos recularon, ante el pavor a la opinión de los automovilistas, ante la amenaza a perder puntos de aprobación en sus personitas.

Algunos gobernadores, hasta cambiaron los roles que ya habían aprobado de contingencia, por favores no pedidos, como excusar o prorrogar obligaciones ciudadanas. Se hicieron los chistositos ante una emergencia que pudo haberse convertido en un barril de pólvora con la mecha prendida.‎ En una catástrofe de alcances insospechados.

Ante este desaguisado, ¿qué nos falta ?‎ Seguir premiando a los incompetentes, celebrando su sevicia, o llegar finalmente a la conclusión de que quien asume los costos, tiene al menos el valor civil –casi extinto– de cargar con las mayores responsabilidades.

¿No cree usted?

Índice Flamígero: El viernes más reciente corrió la especie de la muerte de Carlos Salinas de Gortari, en Nueva York. Comederos políticos bullían con la buena nueva, comentarios en redes sociales en todos los tonos, desde manifestaciones de júbilo hasta muy pocas lamentaciones… El caso es que se adivina quién soltó el rumor. Y en respuesta a qué, también. Fue el mismísimo padre del nuevo subsecretario Paulo Carreño King quien en los medios atajó lo que sólo eran bisbiseos, para que no se publicara en ninguna parte ni se comentara en espacio radioeléctrico alguno. ¡Se llevan pesado!, ¿a poco no? + + + Don Alfredo Álvarez Barrón comenta hoy sobre los Panamá Papers: “Deja lecciones, pero México no las aprenderá, dice analista de The Economist. El SAT investiga a 33 ciudadanos mexicanos presuntamente relacionados con inversiones en paraísos fiscales; algunos países ya tomaron medidas en contra de aquellos implicados en la llamada filtración periodística más grande de la historia, pero en México lo más probable es que no pase nada, afirma el analista Rodrigo Aguilera…” Y El Poeta del Nopal envía epigrama al respecto: “Aquí no ha pasado nada, / grita un moderno fiscal, / el acto no es ilegal, / su frase más destacada; / esta feroz andanada, / como ha ocurrido otras veces, / la superarán con creces / ignorando al enemigo, / ¿investigación?, ¿castigo? / ¡si no somos islandeses!”.

www.indicepolitico.com / Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. / @pacorodriguez

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