
Cuando el Sr. Peña Nieto fue exhibido escondiéndose en los baños de la Universidad Iberoamericana tras la bienvenida que los estudiantes organizaron, cualquier analista hubiera pensado que el declive del candidato de PRI-PVEM era inevitable. No obstante el manejo de medios, la publicidad y la operación que vino después con ciertos comunicadores amortiguo el impacto que verdaderamente sufrió.
La historia la sabemos todos, Peña no solo llegó a Los Pinos sino que consiguió integrar un Congreso Ad hoc a su primer trienio, con mayoría en el Congreso de la Unión. Con Emilio Gamboa en la Cámara de Senadores y Manlio Fabio Beltrones en la Cámara de Diputados respectivamente, el señor Peña no tuvo que preocuparse por la oposición en el Poder Legislativo.
Las reformas a las que se comprometió con los Poderes fácticos nacionales y trasnacionales se dieron, algunas tardaron un poco más pero finalmente se materializaron. Lo que no se ha cristalizado es el bienestar que el señor Peña prometió a la mayoría de sus electores: seguridad, empleo, salud, educación de calidad, reducción a los precios de la canasta básica, bajar la gasolina, libre prensa, respeto de los Derechos Humanos, entre otros.
Hoy los índices de delincuencia son mayores que cuando llego a Los Pinos, mucha de la gente que voto por él ha tenido que migrar de ciudad ante la inseguridad que vive su ciudad de origen, el desplazamiento ha orillado el empobrecimiento de algunas familias y la inestabilidad emocional y económica de algunas otras.
Los precios de la canasta básica siguen su ritmo de oferta-demanda, los sistemas de salud son pobres, la educación sigue teniendo faltas de ortografía, existen menos medios informativos no aliados, los derechos humanos son un tema que bien pudiera inspirar a que todos los organismos internacionales se fijaran en México para visita in situ.
De nada sirvió a los mexicanos que el señor Peña tuviera un Congreso a modo, un Congreso que sin más aprobara complacientemente como en la edad media, los caprichos del Ejecutivo; de nada le ha beneficiado a los mexicanos las reformas estructurales que se aprobaron en el Congreso y que el señor Peña prometió sacarían a México de las condiciones de desigualdad económica que vive.
De cara a la elección del próximo 7 de junio David Santa Cruz de Newsweek nos presenta un trabajo donde afirma: “De 4524 candidatos que buscarán una diputación en las elecciones de 2015 sólo 204 tienen experiencia en la Cámara, y es posible que la mitad de ellos no gane. Así, se estima que el 80 por ciento de quienes integrarán la próxima legislatura federal serán novatos”. (http://bit.ly/1Pv0muI).
Pero quizá eso no sea lo más grave, que haya legisladores “novatos” lo más grave de ello es que sean legisladores arrodillados, que no cumplan su papel de contrapeso de los Poderes de la Unión, lo patético de todo, es que los legisladores, sucumban a las promesas de sus coordinadores y que no jueguen el papel que sus electores les mandataron: representar sus intereses.
Un Congreso a modo, hincado, callado, limitado en su crítica no le funciona a los electores, no le sirve a México. De ahí que mi propuesta, esa que he venido comunicando desde noviembre del año pasado sea #QuítaleElCongresoAPeña.
Por hoy es todo nos leemos la próxima. Carpe diem.
