
Con el cinismo diplomático que le caracteriza, Manlio Fabio Beltrones, dijo que los diputados se tomarán el “tiempo necesario” para sacar la reforma laboral que garantice estabilidad a trabajadores y empresarios. Pues la reforma laboral perdió el carácter de preferente y será la Comisión del Trabajo, la que defina los plazos para revisar la minuta devuelta por el Senado.
Para Beltrones, la reforma a la Ley Federal del Trabajo (LFT) debe girar entorno a cuatro principios fundamentales: transparencia, democracia, derechos sindicales y estabilidad laboral. Pero lo que olvida Beltrones es que esos principios que hoy abandera no fueron los que impulsaron cuando discutieron la reforma.
Es más Manlio no pierde oportunidad para advertir que insistirá en dejar la redacción del artículo 371 de la LFT -la que fue enviada y modificada en el Senado-, que consideraba la posibilidad de elección de dirigencias sindicales a mano alzada. Para el sonorense los trabajadores no tienen por qué conocer los contratos colectivos antes de que los firmen los patrones, de ahí su rechazo a la modificación al artículo 388 bis que considera esta posibilidad.
Para el sexagenario diputado y coordinador de los priistas en la Cámara de diputados, que los trabajadores conozcan el contrato colectivo es una invitación a la “inestabilidad laboral”; en su opinión eso permitiría que exista una subasta de contratos colectivos de trabajo.
Pero ¿y si Manlio no fuera el sultán priistas que conocemos sino un simple obrero miembro de alguna organización gremial, pensaría lo mismo? ¿Qué tal si Beltrones no viajara en su camioneta suburban de modelo reciente, sino en el transporte público que se niega a darle la parada mientras deja una estela de esmog a su paso?
Si Beltrones fuera un obrero como muchos mexicanos más, no se estaría oponiendo a que la elección de su dirigente sindical fuera libre, secreta y universal. No pediría desde luego que el mecanismo de elección de su “líder” fuera plebiscitaria y a mano alzada, opción que lo dejaría en desventaja si este no opta por ratificar al “líder” sindical.
Por eso la propuesta de Martí Batres de pagar a los legisladores por hora trabajada no es más que una correspondencia a la reforma que priistas y panistas aprobaron en la Cámara de diputados. De ahí de que yo este a favor de que Beltrones sea un obrero más, aunque “haga” leyes. ¿Ustedes que opinan?
Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.
