¡Faltan huevos!

¡Faltan huevos!

Síntoma de la crisis: cuando el señor de la casa tiene más huevos que el refrigerador

Uno de los fenómenos más perniciosos en una crisis económica, aderezada por una pandemia y la lentitud de reflejos del gobierno, es el acaparamiento de productos, lo cual provoca escasez y la consecuente inflación.

En este contexto, el precio de los huevos de gallina se ha ido a la nubes, cotizándose el cono en más de cien pesos (si alguien supiera explicar por qué un cono de huevo se llama cono de huevo y no un contenedor de huevo (v.gr.), será de agradecerse).

En tiempos de jodidez, es de todos sabido, a nivel cancha, que el huevo es la fuente de proteína animal más socorrida para alimentarse, pensar en consumir carne resulta ilusorio.

Estas situaciones, justamente, son las que el gobierno federal ha dejado sueltas, no se aprecia una estrategia para acotar las compras de pánico, por un lado, y el abuso de los especuladores, por el otro. Todo se limita a exhortos a la solidaridad social, que al final del día, son como los llamados a misa.

Este es el punto: resolver el día a día, no se trata de filosofar sobre si somos la raza de bronce o decir que como México no hay dos. Por ello, urge solventar, también, la emergencia económica, de lo contrario, será más letal que el COVID-19. Así pues, el primer paso para zanjar el entuerto, pasa por remediar, la falta de huevos...literal.

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