El presidente selectivo

El presidente selectivo

 

Más que el derecho de audiencia, lo que importa es la contrición

Nadie puede negar que el presidente López Obrador tenga un marcado instinto político, sin embargo, parece innegable que tal virtud la desarrolla más como opositor que como gobernante.

De otra forma, no se puede explicar su falta de sensibilidad ante las protestas de las feministas o el clamor social para terminar con la creciente inseguridad, el mandatario suele interpretar ambos temas, como discordias sembradas por sus conservadores adversarios, niega la legitimidad de los mencionados fenómenos.

En este contexto, resulta asombrosa la empatía que el tabasqueño tiene con las causas de los capos del narco, mientras rechaza una reunión con Javier Sicilia, no tiene empacho en juntarse con los abogados y la madre de Joaquín Guzmán Loera

La pregunta de cajón es ¿tiene el presidente de México la obligación de tramitar una visa humanitaria o pedir la repatriación de un narcotraficante?

El señor López Obrador no puede actuar de contentillo, porque las apariencias indican que todo aquel que lo critica, por más suave que el señalamiento sea, sólo obtendrá como respuesta el desprecio, su obligación es gobernar para todos, no nada más para el coro.

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