Érase una vez en Veracruz

Érase una vez en Veracruz

Cuando se comparece frente al espejo el complejo es narcisismo político.

El desfile de funcionarios públicos en el Congreso local, después del tercer informe del gobernador, para hacer la glosa de las actividades de la administración pública, se ha convertido en una práctica vana y, por ende, la autocrítica brilla por su ausencia.

Lo anterior se ve potenciado, cuando la composición parlamentaria arroja una mayoría calificada en favor del oficialismo, todo se convierte en diagnósticos que concluyen al unísono: más felices...imposible.

Así pues, de acuerdo a la realidad alterna de los secretarios de despacho y su jefe, tenemos una entidad en la que la gobernanza es similar a la de Suiza, los índices delictivos como los de Islandia y el sistema de educación es la envidia de los sudcoreanos.

Además, el campo es más productivo en Veracruz que en el Medio Oeste de los EU, los migrantes centroamericanos son tratados como turistas VIP en un resort caribeño y la salud pública, para no ser menos que el patrón, no le pide nada a la de los países nórdicos.

En lo que toca a la infraestructura impulsada por el Cui, es un ejemplo para los europeos, tenemos carreteras de alta especificación gracias a que ya no están los corruptos de antes. Por su parte, los cuerpos policiacos son la vanguardia moral de la 4T (favor de no reír), al grado que la ‘mordida-extorsión’ no existe más en la entidad.

Pero para que no los acusen de triunfalistas, admiten que el proyecto del tren ligero en Xalapa fracasó, debido a que era tan light…que se fue volando.

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