Tuxpan y su destino manifiesto

Tuxpan y su destino manifiesto

 

Si quieren clase mundial, no intenten franquiciar los bocoles y las ‘estrujadas’

Aunque el destino manifiesto es una doctrina expansionista pergeñada en los Estados Unidos, en esta ocasión usamos la categoría para subrayar que la cercanía del puerto de Tuxpan con la zona industrial del Valle de México, le da a la región, necesariamente, una vocación para el desarrollo económico que hasta la fecha no se ha consolidado. Geopolítica pura pues.

La cuestión radica en que por intereses de los puertos de Veracruz, Tampico y Altamira, el crecimiento de Tuxpan ha sido inhibido a grado tal, que siendo un puerto de altura desde hace varias décadas, es el momento en que no cuenta con vías ferroviarias, ni aeropuerto internacional. Apenas hace tres años se concluyó la autopista con la Ciudad de México,  para el norte y el centro del estado sólo hay carreteras convencionales. Esta es la realidad.

Sin embargo, las ventajas competitivas de la ciudad llevaron a invertir en la ampliación del puerto, por lo que ayer el presidente Peña Nieto, estuvo a inaugurar dicha extensión, además de un distribuidor vial. La nueva infraestructura se llama Tuxpan Terminal Port y se afirma que tiene tecnología de vanguardia o como pomposamente la definen: de clase mundial.

Esto nos lleva a concluir que a pesar del cretinismo de muchos funcionarios, que a lo largo de los años se empeñaron en frenar la modernización de la llamada ‘puerta de oro de la Huasteca’, la lógica de la geografía (y del capital) se imponen.

Nunca deben faltar los buenos deseos, por lo tanto, esperamos que el crecimiento que se avecina sea amable con el medio ambiente y que los obreros calificados de la región, encuentren una posibilidad digna para ganarse la vida.

Por cierto, el complejo llevará, también, el nombre de don Jesús Reyes Heroles, prócer nacido en el puerto, pero que siendo honestos, no ha sido el principal fanático, a lo largo de la historia, del impulso de la tierra donde todo tiene la cadencia del río (como el vientre materno), lo cual no le quita lo tuxpeño, ni el reconocimiento general a sus invaluables aportes al estudio del liberalismo mexicano.

No podía faltar el lugar común, pero al menos no lo bautizaron con el típico Benito Juárez.

La insoslayable brevedad
Javier Roldán Dávila

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