
Diálogos en la morgue: Hay muchas moscas, ¿será por la canícula?
Uno de los problemas más graves que padecen los políticos mexicanos (y como daño colateral los ciudadanos), es su disociación del mundo real, la negación del principio de realidad, vamos.
A diferencia de los gobernantes de las democracias más desarrolladas, que cuando son pillados en algún acto ilegal (basta la sospecha), renuncian al cargo, acá, los mandatarios de todos los niveles y partidos, se aferran al “hueso” con una cachaza proverbial.
El caso de los aún gobernadores priístas: César Duarte, Javier Duarte y Roberto Borge, es un ejemplo extremo de lo señalado.
Veamos.
Ante las pretensiones de los ejecutivos estatales mencionados por impulsar leyes a modo, con la complicidad de sus congresos locales, que los blindarán ante cualquier investigación, la PGR presentó recursos de inconstitucionalidad en la SCJN, contra dichos albazos legislativos, desde luego, la instrucción vino del presidente Peña Nieto.
El segundo acto de este sainete lo protagonizó Enrique Ochoa, flamante presidente del CEN tricolor, mismo que esboza como su primera estrategia de posicionamiento, expulsar a los tres “góbers” del otrora partidazo, ¿por instrucciones de quién?, obvio, del Tlatoani.
¿Qué pueden los Duarte y Borge contra la presidencia imperial? Nada. No hay “arma secreta” que valga, la historia lo demuestra.
La inteligencia indica que en lugar de seguir resistiéndose en forma subrepticia, los citados deberían allanarse a la decisión de Los Pinos y hacerse a un lado o, mínimo, sumirse.
El enfrentamiento, aún si es de baja intensidad, los llevará a una rendición incondicional, sin garantías de nada, en cambio, en un alarde de sensatez, podrían negociar ciertas condiciones a su favor, una retirada táctica pues. Ya saben, el arte de la guerra.
Asumir costos y pedir perdón es el primer paso para encontrar la salida.
Peña dixit.
