El PRI en #Veracruz y el juego de perder-perder

El PRI en #Veracruz y el juego de perder-perder

 

Cuando se presentó a cobrar el premio que le resolvía el futuro y le pidieron su “IFE”, renegó por siempre de su pasado anarquista
El panorama electoral que enfrenta el precandidato del PRI a la gubernatura (y aliados que lo acompañan), Héctor Yunes Landa, es de una complejidad extrema.

Además del desgaste natural por el ejercicio del poder y de que Veracruz es una de las nueve entidades en las que no se ha dado la alternancia en el Ejecutivo, la sucesión de Javier Duarte está enmarcada en una severa fractura al interior del tricolor, Yunes no era ni es su candidato, la cuestión es que Duarte no pudo elegir a su “gallo”, pero tampoco lo dejaron aplicar la regla no escrita de vetar al senador con licencia. Aquí se presentó la primera situación atípica, que por ende, derivaría en otras.

El sexenio duartista ha estado caracterizado por una serie de fenómenos que se manifiestan en una bajísima popularidad del mandatario, lo cual repercute en las pretensiones del mencionado suspirante. Adeudos millonarios a proveedores, retraso (o retención) en las ministraciones a órganos autónomos y descentralizados, así como a municipios. Un saldo de alrededor de 15 periodistas asesinados, crecimiento exponencial de la deuda pública y su servicio, son algunos de los elementos que desacreditan al actual gobierno.

Estas circunstancias son oro molido para los opositores, en especial para el precandidato de la alianza PAN-PRD, Miguel Ángel Yunes Linares, que eleva hasta lo indecible el nivel de sus críticas (cualquiera lo haría), para ganar simpatías en la ciudadanía.

Al percatarse Yunes Landa y sus asesores del crecimiento en las encuestas de su adversario y primo hermano, dirimen, con certeza, que el candidato del partidazo es asociado, por derivación lógica, con el gobernador en funciones, por ello, hay que marcar distancia.
Es aquí donde se manifiesta el juego perder-perder para el PRI, escenario en la cual nadie gana (ni Héctor ni Javier) y se presenta cuando cualquiera de las estrategias asumidas no lleva a un logro específico. Veamos.

Si Héctor lanza discursos incendiarios en contra del oficialismo, haiga sido como haiga sido, provoca malestar en la administración, por más que se diga lo contrario. Si los personeros en el poder no boicotean la campaña, al menos no contribuyen, lo que en resumidas cuentas viene a ser lo mismo.

En sentido contrario, si el precandidato no rompe con su “jefe político”, se le percibe como parte integral del sistema. Pero hay que subrayar, que el hecho de que “queme las naves” con Duarte, tampoco implica que en automático, el respetable le “compre” el gesto, sobre todo, después de la declaración de este último, quien afirmó haber aconsejado a HLY para que lo atacara, lo que parece increíble, pues todo sería un montaje.

Para completar lo anterior, nos remitimos al incesante rumor de “radio bemba”, en el sentido de que Duarte pediría licencia: si Duarte se va, mal para Héctor, ya que se diría que Peña Nieto le quiere limpiar el camino, si se queda, también mal, porque sigue siendo un obstáculo en su proyecto.

Nada es imposible, pero podemos concluir que el proceso está muy “perro” para el PRI.

Javier Roldán Dávila Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Twitter: @javieroldan

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