Francisco en México…la misericordia no llega por contacto

Francisco en México…la misericordia no llega por contacto

 


Su enorme fe en el poder, le hizo pensar que las indulgencias podían llegar vía selfie

La visita del Sumo Pontífice a México, confirma, algo que ya suponíamos, que la clase política nacional es profundamente oportunista, de repente ¡todos son Francisco!

Lo que debía ser una misión pastoral se convierte, por la mezquindad de las elites, en una disputa tal, que pareciera que el argentino se ha convertido en rehén de los poderosos.

De entrada, el gobierno federal le ha puesto marcación personal a Jorge Bergoglio, ya sea la pareja presidencial o un alto funcionario del gabinete, no dejan ni a sol ni a sombra al prelado.

Gobernadores e incluso candidatos, han suspendido sus actividades con tal de sacarse la instantánea con Francisco, lo cual no deja de llamar la atención, porque más de uno ha dado muestras de un “jacobinismo” a ultranza.

No está sujeto a discusión que las señoras y señores gobernantes practiquen la religión que les venga en gana o que se sean ateos, pero no es sencillo comprender como un priista que tiene el ideario de Plutarco Elías Calles como guía doctrinaria, por otro lado, vaya y bese el anillo del pescador sin pudor alguno.

O que un militante de la izquierda, que dice utilizar el marxismo como herramienta de análisis, se muestre seducido ante el máximo representante de una institución que era considerada por el alemán como “el opio del pueblo”.

Realmente la única forma de entender tanto despropósito es recurrir a la “teoría” de la operación “caja china”, aquella que propone el director Luis Estrada en su película “La dictadura perfecta”, las incongruencias de este tipo no pueden ser analizadas con métodos académicos, de plano.

Pero para que no piensen que lo dicho es una exageración, chequen esta reflexión hecha por el ex presidente francés, Valéry Giscard d'Estaing, respecto del Estado laico:

“(…) Yo soy católico, le dije (al Papa Juan Pablo II, durante una entrevista en El Vaticano), pero soy presidente de la República de un Estado laico. No puedo imponer mis convicciones personales a mis ciudadanos (…), sino (más bien lo) que tengo que (hacer es) velar porque la ley se corresponda con el estado real de la sociedad francesa, para que pueda ser respetada y aplicada. Comprendo, desde luego, el punto de vista de la Iglesia Católica y, como cristiano, lo comparto. Juzgo legítimo que la Iglesia pida a aquéllos que practican su fe que respeten ciertas prohibiciones. Pero no es la Ley Civil la que puede imponerlas con sanciones penales, al conjunto del cuerpo social. –y añadía- Como católico estoy en contra del aborto, como presidente de los franceses considero necesaria su despenalización”.

Esto, nos muestra la diferencia entre un estadista y los aprendices de brujo, que buscan a cualquier precio lucrar con las creencias de los ciudadanos, como si el electorado no supiera distinguir.

De cualquier forma, encomiable la tolerancia de Francisco a tanto mercachifle…tiene paciencia de santo.

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Salud

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