La dulce y cándida Rosario Robles y su patrón desalmado

La dulce y cándida Rosario Robles y su patrón desalmado

 

Rosario Robles

De que la señora Rosario Robles tiene derecho a sumarse al proyecto de Enrique Peña Nieto es innegable, nada se lo impide. Sin embargo, lo que si es cuestionable, es que la susodicha nos quiera tomar el pelo.

Al margen de que a Rosario se le pueda criticar su trapecismo político, todo queda en un asunto de conciencia. Si Robles militó en un partido, que sin mayores méritos la hizo Jefa de Gobierno interina del DF y luego se brinca con los de enfrente, pues ella sabrá y punto.

Pero de eso a que nos quiera tirar el choro (así, literal), de que todo lo hace por México y las mujeres, pues que se lo crean y aplaudan sus panegiristas (algunos columnistas que omitimos mencionar). Además, esto nos recuerda aquello de: es en el nombre de Dios o de la Democracia. Pretextos que tantas barbaridades han motivado.

En principio, la señora busca una posición política destacada (hueso pues), porque es una insolencia que nos venga con el cuento de que para trabajar por los desposeídos, se tiene que hacer desde la alta burocracia. Hay miles de activistas sociales que no reclaman foro ni fuero, solo cumplen con sus ideales, todos sabemos de alguno. Son los que hacen que buena parte del sistema funcione.

Segundo, lo que afirmó Charito de que buscará darle un “enfoque de izquierda” a su trabajo junto al mexiquense, es una vacilada del tamaño del mundo.

Robles es empleada de Peña Nieto y las políticas sociales que imperen entre 2012 y 2018, estarán determinadas por los intereses e ideología del grupo dominante, léase: Videgaray, Aspe, Santiago Levy, José Antonio Meade, Gurría, Salinas, etc. O sea, el clan neoliberal que ha dominado la política económica de México, al menos desde 1982.

Rosario es un elemento accesorio para darle una imagen “democrática” a Peña, no más. No la pusieron a tomar decisiones.

Esto es un asunto de intereses y poder.

Tan sencillo que es decir: de algo tengo que  vivir.

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