¿De regreso al viejo orden?

¿De regreso al viejo orden?



La detención de Miguel Ángel Treviño Morales, el “Z-40”, fue publicitada como el primer “gran golpe” del gobierno de Enrique Peña Nieto contra el crimen organizado.
Y desde el momento mismo del operativo que llevó a su captura, pudo apreciarse un cambio en las formas y la estrategia: Treviño fue dejado con vida, a diferencia de lo que sucedía en la administración de Felipe Calderón, cuando los marinos los ejecutaban sin mayor contemplación donde los encontraban, tal como sucedió con Arturo Beltrán Leyva, Ignacio Coronel y Ezequiel Cárdenas Guillén, entre otros.

Otra diferencia notable es que Treviño Morales no fue presentado casi como héroe ante los medios de comunicación, como se hacía con los criminales que tuvieron la fortuna de no ser asesinados por el Ejército, que no operaba como la Marina. Esta vez, se difundió la aprehensión pero el jefe del grupo criminal no fue llevado ante la prensa.

Pero el Z-40 sí fue fotografiado en el momento de su ingreso a las instalaciones de la Procuraduría General de la República. Y llamó poderosamente la atención que este criminal, considerado el más sanguinario y cruel de México, no estuviera esposado ni portara el chaleco antibalas que rutinariamente se les coloca. Iba, como se dice coloquialmente, como Juan por su casa.

El titular la PGR, Jesús Murillo Karam, alegó que esto se hizo así para “respetar los derechos humanos” de Treviño. Pero la percepción generalizada fue la de un “respeto” que rayaba en el pavor hacia el sicario.

Uno de los argumentos usados contra Enrique Peña Nieto durante la campaña presidencial de 2012 es que si ganaba la elección, volvería a pactar con los grupos criminales como hicieron durante varios años los gobiernos priistas que le antecedieron, dejándolos “trabajar” en zonas determinadas del país a cambio de que los niveles de violencia se redujeran.

Hasta el momento, la violencia sólo ha disminuido en su cobertura mediática, pues en las zonas de conflicto –Veracruz es una de éstas– los enfrentamientos y ejecuciones han continuado. Sólo que nadie “hace olas”.

Sin embargo, de acuerdo con el periodista Diego Enrique Osorno, especialista en el tema y autor de los libros “El Cártel de Sinaloa” y “La guerra de los Zetas”, sí viene un cambio radical: afirma que al haberse exterminado a la casta de ex militares que fundaron este grupo delictivo, ahora será dirigido y encabezado como los demás, por clanes familiares, cuyo modus operandi es distinto.

“Hay señales de que tras una década de competencia económica salvaje por el control del tráfico de las drogas que van a Estados Unidos, que ha incluido enfrentamientos y masacres acrecentadas por la errática política militarista del anterior gobierno de Felipe Calderón, el narcotráfico mexicano puede estar por volver a su viejo esquema. Del oligopolio violento al monopolio criminal y pacífico.

“Y pronto todo volverá a la normalidad también en México. Ese parece ser el mensaje que busca mandar el gobierno de Enrique Peña Nieto. El regreso del viejo statu quo del narco está en marcha”, sentencia Osorno.

A juicio de quien esto escribe, la única vía de solución al problema del narcotráfico es la legalización, algo a lo que Enrique Peña Nieto se opone terminantemente. ¿Regresar al viejo orden del tráfico “tolerado” pero ilegal de enervantes acabaría con la violencia? Es imposible predecirlo. Lo más probable es que no. ¿Qué hacer entonces? El Presidente tiene la palabra. Queremos escucharla.

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