Todos los grandes escritores relatan que el gusto por la lectura les viene de la tradición familiar. Algunos de ellos entraban a las bibliotecas de los abuelos, esos recintos entonces prohibidos y tomaban los volúmenes de las obras de Verne, para así viajar hasta al centro de la tierra y llegar incluso a los confines de la luna, pasando por dar la vuelta al mundo en 80 días. De modo que la familia es la primera institución implicada en el fomento a la lectura. En los hogares donde existe ese hábito, los padres vigilan y limitan la cantidad de horas que los hijos han de ver televisión, escogen y censuran los programas que se ofertan e intentan que sean los libros los que satisfagan la necesidad imaginativa de los niños.
En el caso de que la familia no tenga el hábito de la lectura entonces está otra institución, la escuela. Qué bueno sería que los maestros, en un momento de relajación, después de las ecuaciones y de la trigonometría, después del cálculo y la biología, pudieran leer algún cuento que ellos mismos hayan disfrutado. Porque sólo se comparte lo que se disfruta. El libro sería entonces una ventana que se abriría para refrescar las jóvenes mentes con el aire de sus palabras. El libro despejaría ese horizonte atravesado de números y ángulos, de fórmulas y ecuaciones y le dejaría ver al joven otros mundos donde se gestan diversas formas de existencia. Cierto, el libro es una ventana a la que el joven se asoma para mirar el exterior, pero también, y esto poco a poco lo irán descubriendo ellos, el libro es una ventana en la que se puede asomar uno hacia su propio interior.
La educación es algo natural, una realidad que se impone al hombre y a la que todos tenemos derecho. La escuela como institución es la habilitada para brindarnos los instrumentos que nos harán más diestros para transitar por la vida. Sin embargo hay un rumor que tiende a ser pregón según Pedro Salinas quien dijo: “O estamos todos poseídos de mental desbarato al andar así por el mundo ofreciendo a diestro y siniestro lo que ya todos tienen, o estamos todos diciendo, al par que nos lo callamos, una verdad como un templo: en las escuelas ya no enseñan a leer”).
Los niños de hoy, antes de saber leer miran televisión. Es el aparato televisor el que va moldeando sus mentes, y si queremos explicarlo de una manera más actual, el televisor va formateando el cerebro del joven, de la misma manera que una computadora formatea un disco limpio de datos. Cuando se formatea un disco, lo que se está haciendo es preparar ese espacio virtual para la información que habrá de recibir. Dice la Enciclopedia Encarta al respecto: “Cuando se formatea un nuevo disco, se define su organización por primera vez; si ya ha sido utilizado con anterioridad, en el formateo se elimina toda la información existente en el disco”. Que eso suceda con el cerebro de un joven es espantoso. Pero que sea la televisión, su programación, lo que formatee el cerebro de un joven sería verdaderamente grave.
El Programa de Fomento a la Lectura “Libertad bajo palabra” ha buscado combatir todos esos vicios que la televisión arroja sobre la mente de nuestros jóvenes. Desde hace muchos años, ya sea en los centros escolares, en los reclusorios, en centros para menores infractores o con los adultos mayores, “Libertad bajo palabra” ha llevado lecturas, libros, autores a todas esas personas que todavía creen que el libro es un instrumento de la felicidad; pero además, el libro es un vehículo de la cultura, una herramienta del conocimiento.
En los libros está todo; la lectura es la base de cualquier carrera, de cualquier profesión. Si no sabemos leer, si no sabemos leer bien, nunca seremos profesionistas completos.
En el año 2012 “Libertad bajo palabra” recibió el Premio estatal de Fomento a la Lectura “Veracruz lee 2012” por el trabajo que realizamos con adultos mayores en los talleres y eventos literarios que llevamos a cabo en la Quinta de las Rosas y con los internos del CERESO de Pacho Viejo.
Paradójicamente, una vez que recibimos el reconocimiento de manos de Arturo Bermúdez Zurita, se nos cerraron las puertas del reclusorio de Pacho Viejo, pues por más intentos que hemos hecho para regresar a impartir el taller literario, siempre encontramos la apática barrera de la subdirectora de Readaptación, la Mtra. María Elena Castro Saldaña, quien nunca ha querido devolvernos el acceso que antes tuvimos.
Sin embargo ha habido otras instituciones que nos apoyan. En su momento los hizo el Instituto Veracruzano de la Cultura (IVEC), actualmente el DIF Estatal nos brinda todo el apoyo que necesitamos y más recientemente la Universidad Popular Autónoma de Veracruz (UPAV), cuyo rector el profesor Guillermo Zúñiga Martínez siempre ha valorado el esfuerzo que hacemos por fomentar la lectura en los jóvenes, en los adultos mayores y en las clases marginadas.
Gracias ello seguimos adelante, a pesar de la indiferencia de muchos, a pesar de su apatía que no hacemos nuestra. Y seguimos adelante porque sabemos que el fomento de la lectura fortalecerá en el joven su imaginación y sus aspiraciones. Lo hará crecer, porque el tamaño de la mirada de un joven, es el tamaño de su esperanza, su estatura real. Es por eso que dijo Borges que el libro debería de ser un instrumento de felicidad; para el escritor argentino era difícil imaginar la vida sin libros. Lo mismo es para nosotros.
POSTDATA 1: CARAVANA DE POESÍA EN LOS MUNICIPIOS DE VERACRUZ
Para continuar con nuestro programa de fomento a la lectura, en “Libertad bajo palabra” estamos organizando una caravana de la lectura para llevarla a los municipios que se interesen en la cultura. Ya varios poetas y escritores veracruzanos se han anotado para este proyecto, que sería un verdadero banquete cultural. Sólo falta saber qué municipios de Veracruz estarían interesados en que se les visitara. A los interesados, aquí está mi correo electrónico.
Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
