Alta traición; José Emilio Pacheco

Alta traición; José Emilio Pacheco

No quiero ser oportunista y presumir que Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco fue la primera novela que leí; no soy tan joven. Mi primera novela fue El castillo de los Carpatos de Julio Verne, luego Las aventuras de Arthur Gordon Pym de Edgar Allan Poe, las siguientes no me acuerdo. Pero si puedo decir que Las batallas en el desierto fue la primera novela que me leí de una sentada.

Por ese entonces tuve, por decir así, un año sabático. Me iba a ir a estudiar al Tecnológico de Veracruz pero mi madre al final no me dejó partir. Para entonces ya habían pasado las inscripciones en la Universidad Veracruzana y la verdad nunca se me ocurrió estudiar en una escuela particular. De modo que me quedé sin hacer nada, como dirían en mi casa “sin oficio ni beneficio”. Por las mañanas me iba a organizar un torneo de “tochito” en el CBTIS 13, bachillerato del que había egresado, pero eso fue sólo unos dos meses. Terminando eso me quedaba todo el día libre sin tener nada que hacer. Por las tardes busqué la manera de ir al cine, entonces me hice cliente del Gran Cine Radio, donde entraba a las 4 de la tarde y salía hasta las 7:40 de la noche, porque entonces las funciones eran dobles. Acaba de cumplir los 18 años y me aventé todos los festivales de cine erótico que proyectaron en esa sala inolvidable.

El problema era por las mañanas. No me gustaba que mi madre me viera todo el día de ocioso, entonces, como niño raro que siempre fui, se me ocurrió ir a la biblioteca. En la sala de lectura, en los cuartos de abajo de la Biblioteca de la Ciudad empecé leyendo los Cuentos de lo inesperado de Roal Dahl, leí Confesiones de una Máscara de Yukio Mishima, los cuentos de Lovecraft, las ficciones de Borges y también los primeros capítulos de Introducción a la Biblia de Isaac Asimov.

Leí muchos libros en todo ese año, leí muchos cuentos; cada novela me tomaba al menos una o dos semanas, hasta que un día me encontré con Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco. Pensé que era un libro de historias sobre los árabes o sobre los judíos, pero en realidad era una novela corta que empezaba a hablar sobre la ciudad de México, ciudad que había visitado muy niño y a la que no había regresado por entonces. La empecé a leer y no salí de la sala de lectura hasta que la terminé, era estupenda; aún me parece estupenda.

Pero es que entonces todavía era inocente, todavía miraba el mundo como Adán contempló el Paraíso; todavía existían cosas a las que había que ponerle nombre. Hoy, lejos de la Ítaca ideal, añoro esos momentos de lectura donde cada párrafo de la novela me descubría un mundo nuevo.

A José Emilio Pacheco antes de Las batallas… no lo había leído; de él sólo sabía que había sido compilador de Poesía en movimiento, esa antología que junto con Gabriel Zaid y Octavio Paz habían editado para dar voz a los poetas jóvenes. Lo supe porque yo leí a José Carlos Becerra, uno de los poetas antologados, antes que a Pacheco.

A los pocos años vi la película Mariana, Mariana, basada en la novela de él. Me gustó, aunque siempre he preferido la novela. Me gustó por ver a Elizabeth Aguilar, nuestra primera playmate mexicana. Me gustó porque es una historia de iniciación, un relato de un México que ya para entonces había perdido la inocencia.

Alguna vez en el suplemento del Nacional leí una ficción de José Emilio sobre el otro Borges, me dio mucho gusto saber que él también era borgeano; su libro de cuentos La sangre de medusa da fe de ello.

Con el tiempo José Emilio se me hizo más presente por su “Inventario” en la revista Proceso. Su poesía me llegaba poco a poco, nunca compré un volumen de sus poemas, siempre, como las canciones que me fascinan, sus poemas me llegaban a cuentagotas.

En los 90’s, cuando México se puso de moda en el mundo, fueron muchos los escritores que aprovecharon la coyuntura y se exportaron a Europa, a España particularmente. Pero José Emilio siguió siempre en México, ese país que no amaba, pero que contenía, como un gran recipiente, las pocas cosas por las que daría la vida.

Nunca buscó los premios y reconocimientos que le dieron; nunca buscó ser célebre; nunca se dejó seducir por el “canto de las sirenas” de Televisa. Él es un claro ejemplo de la congruencia, de la honestidad de un hombre ante su obra. Porque la obra es lo importante, el mismo José Emilio lo reconoce en su poema “Presencia”: “¿Qué va a quedar de mí cuando me muera/sino esta llave ilesa de agonía,/estas pocas palabras con que el día,/dejó cenizas de su sombra fiera?”.

Hoy rendimos un homenaje al poeta, sabemos que José Emilio Pacheco nunca hubiera asistido, porque él se negaba a todo tipo de distinciones. Por lo mismo consideramos que este es un acto de alta traición. Lo sabemos y por lo mismo esperamos que sea la poesía lo que nos redima.

POSTDATA 1: “ALTA TRAICIÓN: HOMENAJE URGENTE A JOSÉ EMILIO PACHECO”

Los eventos salen mejor cuando se convoca a los amigos. Es por ello que el día jueves 30 de enero a las 16:00 horas en la Casa Grande de la Quinta de las Rosas un grupo de amigos se reunirá para rendir un homenaje a José Emilio Pacheco a través de la palabra, a través de su palabra. Contamos con el apoyo del DIF Estatal y de la Universidad Popular Autónoma de Veracruz. Si usted puede asista, será una reunión entre amigos.

Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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