Fue la magistrada veracruzana, Yolanda Cecilia Castañeda Palmeros, miembro del Tribunal Superior de Justicia, quien soltó una verdad como si edificara un monumento: “Cualquier pendejo puede ser magistrado”. La señora estaba desahogando su coraje por la arbitraria designación de magistrados en Veracruz.
Pero esa verdad aplica en cualquier ámbito, dado que los rigores del oficio se han suavizado demasiado. Entérese usted, algunos para ser secretarios de Gobierno, o secretarios particulares de un gobernador, sólo les bastó ser carga maletas de otro gobernador.
Porque en este país está más que demostrado que cualquier pendejo puede ser presidente. Por supuesto no se requiere ser un intelectual, ni siquiera saber nada de geografía, gramática y mucho menos haber leído al menos tres libros que marcaran su vida. No se requiere ser probo, no importa si se es viudo ni tampoco importa que la mujer elegida para ser primera dama hubiese tenido relaciones maritales con algún productor de telenovelas.
En este país cualquier pendejo puede ser presidente, es más, ser pendejo es un requisito para serlo. Porque de qué otra manera se le pueden poner por delante a un mandatario convenios internacionales que obliguen a reformas energéticas, educativas o fiscales y éste las firme sin chistar, sin quitarles una sola coma.
El camino ya lo ha trazado Enrique Peña Nieto, éste ha seguido de manera religiosa el libreto que le escribieran hace más de ocho años en las oficinas de Televisa. Se ha metido completamente en su papel. Aceptó sin ningún miramiento a la esposa que le asignaron, sin importarle que la consorte ya no fuese virgen. Cierto que se ha equivocado cuando lo sacan de su parlamento, cuando ha tenido que improvisar, pero para eso tiene a su ejército de abyectos defensores que con la mano en la cintura, cerca de donde tienen el cerebro, han dicho que “para ser presidente no es necesario haber leído”.
Pues ese mismo libreto lo quiere el actual gobernador de Chiapas. Un chamaco imberbe metido a la política, al que sus mentores le consiguieron la gubernatura de uno de los estados más pobres de la República. Tan quiere ese libreto y ese papel que ha estado gastando cantidades millonarias para proyectarse como el político del futuro, el estadista que todos estamos esperando, el mesías de la selva Lacandona. En su desmesurada ambición de poder Manuel Velasco se está promoviendo dentro y fuera de su estado. Paga cantidades millonarias para que su imagen y sus lemas aparezcan en los portales de los medios de comunicación más visitados en la red. Asimismo está llenando de espectaculares la capital del país y sus spots publicitarios aparecen en los comerciales de los programas más bajos de la televisión mexicana: Laura, Cosas de la vida, María de todos los Ángeles, Ventaneando, La rosa de Guadalupe, incluyendo las telenovelas.
Fiel al parlamento del otro, Manuel Velasco ha aceptado también como consorte a un producto de la televisión. Cubierto por el halo de su estulticia poco le ha importado que la elegida haya padecido problemas de anorexia, o que incluso haya vivido en la residencia del gigolo mexicano Andrés García, quien como buen cazador ha presumido que no ha dejado ir viva a ninguna presa.
Pero uno se pregunta: ¿Cómo es posible que, con el rezago educativo que tiene ese estado, con la pobreza que predomina en la serranía, con la injusticia que impera en los juzgados, este gobernador artificial ande gastando millones de pesos en la búsqueda de su propio sueño?
Pero el confía en que la fórmula que una vez sirvió, otra vez funcionará. Manuel Velasco está muy consciente del dicho que reza: “Los pendejos son peligrosos porque al ser mayoría eligen hasta al presidente”.
Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
