La lectura inicia como un asunto social. La gente se reunía alrededor de una persona, hombre privilegiado que sabía traducir a voz los signos que se habían inscrito en una tablilla, en una madera o en un papiro. El hombre tomaba el documento y se ponía a relatar las grandes epopeyas de los héroes de aquella época; los escuchas se dejaban llevar por esa voz que enunciaba hechos magníficos: Los dioses se hacían hombres y habitaban con los humanos; el destino, que todo lo regía, llenaba de fatalidad la vida de los reyes; los hijos habrían de matar al padre y causar ostracismo al reino; los enamorados lo eran, porque tomaron de una poción que los hacía inseparables. De ahí partió el hecho de que los hombres entendieran que los dioses convivían con nosotros, que el destino todo lo rige y que el amor es un elixir que derrota nuestra voluntad.
La lectura trasladaba a los hombres a otros ámbitos; gracias a la lectura entendieron que, como dijera Kundera, la vida estaba en otra parte.
Si bien esto hizo infelices a muchos, que miraban su realidad con desagrado, otros se llenaron de ilusión, se dejaban guiar por la lectura y viajaban felices en su imaginación. Otros más no se conformaban con eso y empezaron a buscar aventuras.
Uno de ellos, el más célebre, es el ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha; paradójicamente, también este era un personaje de la literatura, emblema de los aventureros.
En esa novela Cervantes relata el momento en que en una venta el cura, que ya andaba tras la pista del Quijote, encontró unos papeles que contenían un relato. El título del relato era La novela del curioso impertinente. Ganas le dieron al cura de leer toda la novela a los concurrentes, quienes de buen agrado lo exhortaron: “Pues bien puede leella su reverencia, porque le hago saber que algunos huéspedes que aquí la han leído les ha contentado mucho, y me la han pedido con muchas veras”.
¿Cuándo se perdió el gusto por leer en voz alta a los demás, por relatar a viva voz los actos heroicos de los hombres, sus amores y sus desgracias?
Como sea, si se perdió esa costumbre es necesario recuperarla.
El fomento a la lectura es un asunto íntimo, cercano. No puede ser una simple política cultural, no puede ser un edicto o una ley constitucional. El fomento a la lectura es un acto generoso, que sólo puede funcionar si la persona que otorga ese don, también lo disfrutó. Es por ello que la mayoría de los esfuerzos que se han llevado a cabo y que tienen como propósito el que los mexicanos lean, han fracasado. Porque se pueden hacer muchas bibliotecas, se pueden editar muchos libros, se pueden inaugurar muchas salas de lectura, pero si no hay el gusto por leer, si no hay la disciplina, si no hay la costumbre, todo será como el intento de hacer sonar una campana sin badajo.
El fomento a la lectura es un acto generoso. El que lee queda tan sorprendido, tan emocionado, tan tocado por la historia, por el poema, que de inmediato busca un receptor para que lo auxilie con esa impresión, para otorgarle el mismo disfrute, la misma alegría, el mismo goce.
En la actualidad el gobierno se rasga las vestiduras por los niños, por los alumnos, sus educandos. Fustiga a los maestros porque deberían anteponer cualquier cosa, incluidas las injusticias, por lograr que los niños aprendan. El gobierno se equivoca. Pero nosotros también nos equivocamos si creemos que sólo si se brindan las condiciones óptimas para el estudio, sólo entonces se debe hacer un esfuerzo por enseñar.
Algunos ciudadanos se ponen de parte del gobierno y exigen que a punta de golpes se obligue a los maestros a regresar a las escuelas para enseñar a los niños. Otros apoyamos a los maestros y creemos que el gobierno debe dialogar y dar solución conjunta al problema magisterial.
Pero mientras tanto los niños se quedan en casa cuidados por la televisión. Porque no están acostumbrados a prender un libro, pierden el tiempo y llenan su cabeza de basura.
¿Qué estamos haciendo nosotros? ¿Qué haremos los que nos quejamos de que los maestros no den clases? ¿Qué estamos haciendo los que nos quejamos de que el gobierno haya impuesto una ley injusta?
Desde hace varios años, “Libertad bajo palabra”, proyecto que en 2012 ganara el Premio Estatal de Fomento a la Lectura “Veracruz lee”, ha llevado a diversos ámbitos escritores, lecturas y conferencias para incitar a los jóvenes a que tomen el libro sin miedo, a que confíen en que la lectura es un asunto agradable y placentero. Hemos llevado este proyecto a los menores infractores, hemos estado con los presos en Pacho Viejo, hemos dictado conferencias en las universidades, en los tecnológicos, en las comunidades rurales.
Hace unos días pensamos que si queremos disminuir el rezago educativo en nuestro país, debemos aportar. ¿Y qué podemos aportar nosotros? Lecturas. Por lo mismo “Libertad bajo palabra” iniciará en el mes de noviembre una jornada piloto para llevar a cinco comunidades rurales cercanas a Xalapa, actividades culturales, autores, libros y conferencias para fomentar en los niños y adolescentes el gusto por la lectura. Por supuesto esperamos el apoyo de las autoridades y de los medios de comunicación, pero aún si no lo hubiera (que sabemos lo habrá) esperamos sacar adelante el proyecto y buscar la manera de que sea un esfuerzo permanente.
El fomento a la lectura es un acto generoso. Borges decía que los libros deberían ser instrumentos de la felicidad. Con esta idea, si llevamos libros, si llevamos lecturas, estaremos llevando también felicidad y esta felicidad de la lectura, estamos seguros, dura más que una simple despensa.
POSTDATA 1: DIRECCIÓN DE FOMENTO A LA LECTURA
Hace muchos años me pregunté: ¿para qué existen las direcciones de Publicaciones? Editar y editar libros, montañas de libros para que se queden guardados en bodegas, o para que se regalen a personas que no los van a apreciar, se me hace un esfuerzo vano. Por lo mismo pensé que una dependencia así debería mejor convertirse en una Dirección de Fomento a la Lectura.
POSTDATA 2: A MI AMIGO OMAR GONZÁLEZ
No me queda más que agradecer a todos mis amigos y conocidos por las felicitaciones y por los buenos deseos hacia mi persona en el día de mi cumpleaños. Vaya un agradecimiento especial a mi amigo Omar González Herrera que reside en los Estados Unidos. Tú generosidad Omar tiene a todos sorprendido. Tú me has mostrado que el proverbio bíblico es cierto: “Hay más felicidad en dar, de la que hay en recibir”. Por eso, en adelante pensaré más en dar que en recibir; por ello amigo, por ayudarme a llegar a esa conclusión, gracias, muchas gracias.
Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
