Guillermo Zúñiga, el joven orador*

Guillermo Zúñiga, el joven orador*

 

Era 28 de octubre de 1966. El periódico El Universal había organizado el XIX Congreso Nacional de Oratoria; la ciudad sede era Querétaro. La contienda se pronosticaba muy reñida. La competencia inició a las 17:30 horas en medio de un ambiente de completa algarabía.

El primero en salir fue el representante de Nuevo León, Héctor Rafael Ancona, quien habló sobre “Juárez, Bolívar y Martí” ante un auditorio formado en su mayoría por jóvenes. Al darse cuenta que no había logrado la atención de su auditorio, el orador se refirió al episodio del Cerro de las Campanas en Querétaro, sin embargo la algarabía era tal que no pudo ser escuchado, como tampoco fue escuchado el representante de Hidalgo, Ricardo Ibarra Durán.

Tocó turno a José Ortiz Arana, representante de Querétaro, estado sede del evento. En el momento de su participación, desde las tribunas, se escuchó el grito «Abajo Querétaro». En ese momento los ánimos se encendieron. Los de casa se levantaron de sus asientos y reclamaron: «No se debe recurrir a la fuerza, porque debemos luchar en la tribuna».

Ni José Luis Cuéllar, representante de Tlaxcala, ni Gilberto Ordóñez Chávez de Chihuahua, pudieron contener las pasiones que se desbordaban. Por lo mismo el tabasqueño Orbelín Ramírez Landero tuvo que retirarse sin terminar su discurso. El representante de Jalisco, Juan José Bañuelos, quiso hablar de la Revolución Mexicana; Abel Dávila García de Zacatecas disertó sobre el desarme nuclear y los ánimos se calmaron un poco. Sin embargo las pasiones se volvieron a desbordar; en ese ambiente tuvieron que lidiar con el público Enrique Aguilar de Yucatán y Enrique Guevara García de Tamaulipas, quien fue duramente hostilizado por los jóvenes, lo mismo que Eugenio Zafra García del Estado de México.

Juventino Rodarte Solís de Durango fue agredido verbalmente cuando hablando sobre la Revolución Mexicana se refirió al Quijote. Francisco Javier Guiza de Guanajuato habló, pero no pudo evitar ser molestado.

Los ánimos seguían encendidos, en ese momento apareció el joven veracruzano; la presencia del orador llamó la atención del auditorio, su seguridad al momento de expresarse obligaron a guardar silencio: «Los que reprueban las luchas de la juventud son espíritus decrépitos. Ofender a la juventud es ofender al pueblo […] La juventud es un conjunto de mentes nuevas, abiertas a todas las ideas, por eso exigimos un clima de libertades, no para destruir, sino para construir». Al final el orador concluyó con una sentencia dominante: «Juventud es sinónimo de dignidad y de limpieza».

Carlos Vargas, periodista de El Universal, escribió lo siguiente: «Los aplausos llegaron con entusiasmo […] El público despidió al campeón veracruzano con una ovación delirante».

A partir de ese momento, el auditorio tomó conciencia de la contienda y se puso a escuchar con atención al resto de los oradores. Álvaro Eguía de San Luis Potosí habló de la Revolución Mexicana y René Palavicini del Distrito Federal sobre la paz; ambos disfrutaron del ambiente de concordia que les legara el orador veracruzano.

Después de esta primera ronda, cinco fueron los finalistas, los representantes de Zacatecas, Nuevo León, Querétaro, Distrito Federal y Veracruz.

La segunda ronda no dejó muy claro quién habría de ser el vencedor. Cada uno de los finalistas se esforzó en su arte, destacando entre ellos René Palavicini, José Ortiz Arana y Guillermo Zúñiga. Fue necesario poner nuevamente a estos tres a prueba. Se les propuso un tema para que improvisaran ante el público, este fue: “Fisonomía de la cultura de México”. Los dos más destacados en la improvisación fueron José Ortiz Arana y Guillermo Zúñiga.

Finalmente el jurado, integrado por Hugo Gutiérrez Vega, rector de la Universidad Autónoma de Querétaro, Enrique Soto Izquierdo, campeón internacional de oratoria y Antonio Lomelí Garduño, tuvo que dar su veredicto. El triunfador de la contienda, por unanimidad, resultó ser el joven veracruzano Guillermo Zúñiga Martínez.

Ya han pasado 47 años de esa contienda. Hoy ese joven ha visto su sueño realizado, las semillas que entonces sembrara han crecido como árboles generosos que dan buenos frutos. «La palabra —aseguraba el joven Guillermo H. Zúñiga Martínez en ese 1966— es una necesidad y la libertad es un derecho». No sabía el joven Zúñiga, al momento de expresar esa frase, que precisamente la palabra habría de ser herramienta, materia prima, argamasa, aliento vital con lo que habría de construir el edificio de su existencia.

POSTDATA 1: GUILLERMO ZÚÑIGA, UN XALAPEÑO UNIVERSAL

El día viernes 25 de octubre de 2013 la Asamblea de Organizaciones Académicas, Científicas, Culturales, Educativas, Sindicales y de la Sociedad Civil del Estado de Veracruz AC en coordinación con el Club de Periodistas de México AC, Delegación Veracruz, invitan al homenaje que rendirán al profesor Guillermo H. Zúñiga Martínez. En el mismo evento se inaugurará la exposición fotográfica “El Impulsor de la Nueva Educación en Veracruz” que estará montada en los pasillos del Pasaje Tanos, en el Centro Histórico de Xalapa.

Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
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*Basado en la nota de Carlos Vargas, periodista de El Universal (29 de octubre de 1966)

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