Ser “oreja” de gobierno

Ser “oreja” de gobierno

 

No creo que pueda haber peor trabajo que ser “oreja” de gobierno. Ahí están, solos en una mesa del restaurante, esperando a que su lechero se enfríe, simulando que están muy interesados en leer el periódico. Nunca los he visto desayunar, no piden ni los huevos rancheros ni los tirados, ni siquiera una pieza de pan; lo único que hay en su mesa es un vaso de cristal que contiene un lo que alguna vez fue un café lechero; me pregunto si en el “manual de oreja” que les entrega el gobierno esté la prohibición de consumir algo más. Por eso la mayoría están flacos, esmirriados, algunos de ellos desnutridos a pesar de su obesidad.

En algún tiempo debieron tener ilusiones. Creyeron que podrían ser buenos políticos, no malos periodistas o quizá hasta escritores. Pero el tiempo arrolló sus aspiraciones, la mediocridad les cayó como una loza de sepultura. Resultó que no eran buenos para nada de eso, estuvieron a punto de ponerse de veras a trabajar. Sin embargo, en la desesperación, urgidos por la necesidad, descubrieron que eran buenos para algo: ser sumisos y obedientes.

Así un buen día un head hunter del gobierno, buscador de “talentos”, se los encontró sentados en una banca del parque, hojeando la sección de Oportunidades. Los llamó, les dijo que ellos podían servir a su país de una manera singular. Les preguntó si estaban dispuestos a los que sea, y a punto estuvieron de bajarse los pantalones, cuando el head hunter les dijo que lo único que se requería de ellos era la oreja. Les cercenaron los otros 4 sentidos ye los ni siquiera se inmutaron. Lo único que tenían que hacer era sentarse, tomar un café prolongado y escuchar, escuchar, escuchar.

Parece cosa fácil pero no lo es. A veces les dan ganas de opinar, de dar su punto de vista sobre el sujeto vigilado y se apuran a decir “a mí me parece que no es mal sujeto, que es buen padre de familia y que deja buenas propinas a los meseros”. Pero con eso sólo se ganan un buen “cállate pendejo, ¿a ti quién te pidió tu opinión?”. Y se callan, porque a fin de cuentas para eso les pagan, para quedarse callados y sólo escuchar, escuchar, escuchar.

En ocasiones me pregunto, ¿cuánto ha de ganar un “oreja” del gobierno? No creo que mucho, porque siempre se les ve rotos, medio miserables; claro que debe haber sus excepciones, ahí están los “orejas” de lujo que se pasan todo el día en los Sanborn’s, en las inauguraciones o en los banquetes que el mismo gobierno organiza. Esos deben ser parientes del funcionario, hermanos de la amantona en turno o los hijos inútiles de algún amigo, de esos que no sirvieron para estudiar.

Pero como los tiempos cambian, los “orejas” no se podían quedar atrás. Resulta que últimamente les ha dado por meterse en las redes sociales. Por ahí aparecen, mandándote solicitud de amistad, esperando que los aceptes de inmediato. Te das cuenta de lo que son cuando revisas sus perfiles y ves que tienen pocos contactos en común, o algunos sólo abren su cuenta nada más para vigilarte a ti, haciéndote su “amigo” exclusivo.

Yo a todos acepto, porque las cosas que publico son para todo mundo, son las mismas que se publican en los periódicos y portales que me repiten y las cosas que son reservadas, esas ni a mis amigos se las cuento.

Algunos aseguran que igual que el libro, con la tecnología, los “orejas” habrán de desaparecer. No lo creo. El libro se necesita, no es lo mismo mirar la pantalla de un iPad que sentir el peso específico de un libro o palpar sus hojas de papel cultural. Asimismo es con el “oreja”. Y es que no se puede comparar un simple micrófono escondido en la azucarera o debajo de la mesa con la presencia patética de un “oreja”.

Yo voto porque no desaparezcan los “orejas”, los necesitamos, son parte del folklor de la política, los minusválidos del sistema, los que realizan una tarea que, como dijera el imbécil de Fox, “ni los negros quieren hacer”.

POSTDATA 1: ¿EN QUÉ SE PARECE EL HAY FESTIVAL A UN TABLE DANCE?

Hace como 10 años hice un reportaje, junto con Raymundo León, de las mujeres que trabajan en un table dance. Al parecer no son independientes, una compañía de Guadalajara, la matriz, las coloca en los diferentes estados de la República. Los que contratan le pagan una lana a la matriz y todos los gastos de alimentos y vivienda a las teiboleras. A mí me parece que es el mismo sistema del Hay Festival. Los intelectuales teiboleros andan de sede en sede, con gastos pagados y unos cuantos billetes que algún gobernante les coloca en la tanga. Igual que a las teiboleras, a ellos no les importa si el cliente es corrupto, es ladrón, es criminal, es un jumento, lo que sea, a ellos sólo les importa bailar sobre la mesa y los billetes que les arrojan los clientes; ah y el aplauso por supuesto. El problema es que estos últimos divierten menos y cuestan más.

POSTDATA 2: ALFONSO PARRA CAMPOS, REPORTERO GOLPEADO POR ELEMENTOS DE LA SSP

Ya basta de pedir al secretario de Seguridad Pública de Veracruz, el señor Arturo Bermúdez Zurita, que ponga en orden a sus policías. Los hechos muestran que el señor o tiene consigna o se salta las trancas y da la orden expresa de que cuando se vea a un periodista, ya sea fotógrafo o reportero, que lo tundan a golpes sin miramientos. Eso le pasó a Alfonso Parra Campos, reportero radiofónico, quien fuera golpeado por elementos de la Secretaría de Seguridad Pública luego de un incidente de tránsito. Cuando a mí me detiene alguna autoridad, ya sea tránsito o policía, siempre doy mi nombre completo y mi oficio: “Soy Armando Ortiz, escritor y periodista”. Pero no lo digo porque pretenda con eso intimidar a los policías, lo digo porque un periodista también es un servidor público y como servidor público espera uno cierta consideración. Pero ya veo que no.

Armando Ortiz

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