Era 1 noviembre de 1994, el último informe presidencial de Carlos Salinas. Para ese entonces ya el ejército zapatista había irrumpido en el escenario nacional; Luis Donaldo Colosio había sido asesinado en marzo y José Francisco Ruiz Massieu acababa de ser ejecutado en pleno centro de la ciudad de México, apenas en el mes de septiembre. Varios perredistas se levantaron ese día del informe para interpelar al presidente que salía; los gritos de la oposición llenaban el recinto de San Lázaro. Salinas informaba de todo, menos de la descomposición social, menos de los asesinatos.
Cuando los reporteros lo cuestionaron sobre las interpelaciones de los perredistas, Salinas de Gortari soltó una frase que se hizo clásica: “Ni los veo ni los oigo”. Esa frase terminó describiendo la política interna de un gobernante que sólo escuchaba a sus incondicionales, a la gente que le regalaba los oídos.
“Ni los veo ni los oigo” es un himno a la cerrazón, es el lema de un gobernante que no quiere ver la realidad, que se esconde de esa realidad; que le huye.
Javier Duarte ha estado aplicando esa máxima política al problema magisterial. Primero ideó una mascarada, presentándose como un gobernante accesible, listo para el diálogo. Hizo que en varios medios de corte oficialista se publicaran fotografías acompañado de los líderes magisteriales, a quienes otorgó la categoría de representantes de los maestros. Pero no lo eran, y tan no lo eran, que las manifestaciones magisteriales en lugar de disminuir, crecieron. Sin embargo Javier Duarte insistía y seguían apareciendo fotos de él sentado junto a Juan Callejas Roldán, Erika Ayala, Acela Servín, Diz Herlindo y otros líderes que ya no representaban al magisterio inconforme.
Y por más que los maestros, con sus manifestaciones mostraban repudio a esas reuniones que calificaban de espurias, Duarte insistía, como si en insistencia estuviera la garantía de su victoria. Sin embargo para los maestros esa tozudez gubernamental les pareció burla y por ello siguieron manifestándose, creciendo en número. Después del desalojo de maestros en la Plaza Lerdo de Xalapa, muchos estudiantes y ciudadanos se sumaron a la lucha magisterial. Llenaron calles, marcharon hacia el Congreso y se volvieron a presentar en la Plaza Lerdo. Pero Duarte seguía en lo suyo, aplicando la máxima salinista: “Ni los veo ni los oigo”.
El lunes 26 de abril los maestros tomaron las instalaciones de la sección 32 del SNTE. A pesar de las inclemencias del tiempo, los maestros siguen marchando, presentándose al Congreso, cerrando calles y exigiendo ser escuchados por el gobierno. Pero el gobernador sigue en lo suyo, aplicando el “Ni los veo ni los oigo”.
Cierto, el gobernador está preocupado por lo que sucede en el estado. Las lluvias han devastado poblaciones enteras, han acabado con la vida de cientos de veracruzanos; no podría haber asunto de mayor importancia en el estado, que buscar el alivio de aquellos que lo perdieron todo.
Pero mientras eso pasa los maestros siguen marchando, esperando que su gobernador los escuche, esperando que interceda por ellos. Ante esa exigencia los legisladores locales han salido al paso, y a la manera del gobernador, también armaron su mascarada y no tuvieron empacho en publicar un convenio donde aseguraban que al momento de aplicar la ley y las reformas de la ley educativa, ellos habrían de interceder por los maestros garantizándoles su trabajo y sus conquistas laborales. Esa mascarada tampoco dio resultado. Se anunciaba que para el lunes que pasó ya los maestros estarían en las aulas, pero no sucedió, los maestros no se dejaron engañar. Las semanas siguen pasando y los maestros siguen exigiendo ser escuchados por el gobernador, por su gobernador.
Sería, a estas alturas, un error grave que se persistiera en la misma actitud de ni verlos ni escucharlos; sería un grave error que después de que los maestros repudiaran a sus líderes el gobierno siguiera pensando que sus únicos interlocutores sean estos líderes rebasados, despreciados.
“El horno no está para bollos”, es momento de que el gobernador deje de ver y escuchar a sus asesores obtusos y se decida de una vez a mirar y escuchar a los maestros inconformes; después de todo, todavía, él es su gobernador.
POSTDATA 1 LO QUE LOS CALLEJAS YA PERDIERON
¿Cuál es el destino que espera a los Callejas? Ellos esperan que el gobernador les muestre su respaldo y los apoye para recuperar los territorios perdidos. Eso puede suceder, pero lo que los Callejas perdieron y no podrán recuperar ni con la ayuda del presidente es la legitimidad; aunque regresen al trono ellos ya no pueden representar a los maestros.
POSTDATA 2: LOS “MURALES” DE BROCHA GORDA
Se ha echado a andar en las redes sociales la propuesta de que no se le pague el predial a este gobierno municipal por miedo a que este recurso sea mal utilizado o le suceda lo que a veces pasa en el año de Hidalgo; asimismo muchas personas, en las mismas redes, muestran su inconformidad por la cantidad de “murales” que se han pintado en la ciudad, “murales” que les parecen de sobrado mal gusto.
Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
