A veces me preguntaba las razones por las que algunas civilizaciones esplendorosas habían desaparecido abruptamente. Después mi amigo Roberto Williams me explicaba que una de esas razones pudieron ser los desastres naturales. Los pueblos antiguos siempre buscaron estar cerca del río para abastecerse de agua y alimento. Pero esos ríos a veces desbordaban su caudal y arrasaban con pueblos enteros.
De ahí la devoción del hombre por su majestad el río. En el último día de diciembre del año 1999 acompañé a Roberto Williams a Catemaco, Veracruz. Ahí subimos a una lancha para que algunos pescadores entregaran una ofrenda a la laguna, en homenaje a todos los hombres que en ella se habían ahogado.
El río, lo saben muy bien los pobladores, puede ser manso, pero cuando se suma a su caudal la lluvia intensa de una tormenta tropical o de un huracán, el río muestra una fuerza feroz y devastadora. Eso lo sabemos desde hace mucho tiempo. Extraña mucho que las personas sigan fincando su patrimonio y su porvenir en los márgenes de un río.
Si a esto sumamos que el cambio climático ha vuelto el clima completamente impredecible, entonces el riesgo de que las personas que viven cerca de los márgenes del río sean arrasadas aumenta. Entiendo que el río seduce, su presencia, su canto, su frescor hechizan al hombre que no se puede separar de él. Pero a veces el precio que se tiene que pagar por ese encanto es muy alto.
Las tormentas que han azotado al país por los dos litorales, el del Pacífico y el del Golfo de México, han sido verdaderamente inusuales. La suma de grandes cantidades de agua derramada ha sumergido poblaciones enteras; miles de personas lo han perdido todo. Miles de familias han quedado desmembradas.
El agua de la lluvia ha reblandecido los cerros y muchas personas que pensaron que lejos del río se encontraban a salvo, han sido sepultadas por aludes de lodo.
Pero por muy inusuales que sean estos fenómenos naturales, los seres humanos conocen los riesgos que significa edificar una casa en un lugar inadecuado. Lo saben las autoridades también. Hay en cada municipio y si no en cada estado, un departamento que determina si la edificación que se va a levantar pone en riesgo la vida de sus habitantes. Si a pesar de que haya reglamentaciones y leyes sobre dónde y cómo edificar una casa, y la construcción, a pesar de no cumplir con los requisitos mínimos de seguridad se levanta, entendemos que el factor corrupción estuvo presente; otra vez la corrupción es causa de dolor y muerte.
No entiendo para que existen las direcciones o en Veracruz la Secretaría de Protección Civil. Según el Programa Veracruzano de Protección Civil 2011-2016, el objetivo primordial de esta Secretaría es: “garantizar la integridad de la vida y la seguridad del patrimonio de los veracruzanos, reduciendo los riesgos de la población y contribuyendo con el desarrollo humano sostenible”. En otro de sus párrafos explica: “Para fortalecer la vertiente de la prevención en protección civil se elaborarán los programas especiales que técnicamente deben ordenar los recursos, las acciones y las responsabilidades que asuma la Secretaría, así como las distintas dependencias y entidades competentes de los tres niveles de gobierno para responder ante la presencia de amenazas de agentes perturbadores”. Pues todo eso ha fallado. Noemí Zoila Guzmán Lagunes, titular de esta dependencia, ha fallado.
Ni se resguardó la integridad física de las poblaciones en riesgo, ni se garantizó la integridad de sus patrimonios, ni se elaboraron políticas de prevención, ni siquiera hubo coordinación con las dependencias “competentes”, involucradas en la protección civil.
Por eso se enojaron los pobladores a donde acudió el gobernador Duarte a brindar apoyo. Se enojaron porque nunca les arreglaron los caminos, porque las máquinas “están ahí paradas”, le dijeron los campesinos. Acordémonos que los reclamos les hicieron personas que habían perdido en un deslave a sus seres queridos.
Pero ¿quién no arregló ese camino? ¿Quién dejó que las maquinas estuvieran ahí paradas? Pues el anterior secretario de Comunicaciones, un tal Francisco Valencia, restaurantero, dueño de Vinissimo, uno de los restaurantes más caros de la ciudad de Xalapa. En ese sitio se van a gastar enormes sumas muchos funcionarios que sólo firman vouchers de pago con cargo al presupuesto estatal.
Ya lo dije, la culpa no la tiene el “indio” restaurantero, sino el que lo puso al frente de esa dependencia tan importante. Estoy seguro que de los pagos que realizan los funcionarios públicos durante un mes en ese restaurante, hubiera salido presupuesto suficiente para hacer otro camino a la Xaltepec, un camino sin riesgos.
Ahora se lamentan y tienen que aguantar los reproches de los que perdieron todo. Ahora les darán camas de hule espuma y frijoles duros, almacenados de muchos años. Ahora pedirán que nosotros, los ciudadanos los ayudemos. Eso haremos, porque son nuestros hermanos.
Esperemos que el gobierno, pasada la contingencia y cobrados los dineros del Fondo de Desastres Naturales (Fonden), no se olvidé de la protección de los civiles, no se limpie el lodo de las botas y haga como que no ha pasado nada.
POSTDATA 1: LOS LEGISLADORES VERACRUZANOS SE PRESTAN A UNA MASCARADA
Me parece peligroso que los legisladores y algunos supuestos representantes de los maestros que se han manifestado afirmen que con la firma de un "Convenio" termina la lucha magisterial. Es peligroso porque el paso que sigue será desprestigiar a los maestros que insistan en su lucha, los que serán llamados inconformes, rebeldes o que no acatan los acuerdos a que llegan sus representantes. Según información que me llega, los maestros que han marchado, los que han sido vituperados por los medios no estuvieron representados en las supuestas negociaciones. Todo es una mascarada del gobierno que pretende con esto tener una excusa para irse con todo en contra de los maestros. Convendría que los maestros que han estado marchando se reunieran y trataran ese punto.
POSTDATA 2: EL MISERABLE LÍDER DE LA CANACO
No tienen madre los líderes de la CANACO en Xalapa. Mira que pedir ayuda porque según ellos las marchas han hecho que sus ventas mermen. Además de avariciosos mentirosos. Sólo basta darse una vuelta al centro de la ciudad en los días de marchas, los maestros abarrotan los restaurantes; los maestros no son como los 400 pueblos de César del Ángel, que matan un marrano en el parque Juárez y se lo reparten. Los maestros les han hecho el gasto, muchos que vienen de fuera se surten en las tiendas del centro. Y el líder de la CANACO habla de pérdidas. Señor Ernesto Pérez Astorga, hay personas que por los desastres naturales lo han perdido todo, no sea miserable; lo que no se gana, no se pierde.
Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
