Anotaciones literarias para un buen gobernante

Anotaciones literarias para un buen gobernante

 

«No desprecio a los hombres.
Si así fuera no tendría ningún derecho,
ninguna razón para tratar de gobernarlos»
Memorias de Adriano Marguerite Yourcenar


Sólo aquellos que le han negado la lectura a su vida ignoran las muchas aportaciones que ha brindado la literatura a las variadas facetas de la cultura humana. La psicología, por ejemplo, se entiende gracias a los modelos que los estudiosos han utilizado de los patrones literarios. Edipo no sólo es un rey, también es un complejo, lo mismo que Elektra. El cuento “El hombre de arena” de Hoffmann, recoge nuestros temores infantiles, La metamorfosis de Kafka anticipa las angustias de un siglo XX que modificó en todos los aspectos la existencia del ser humano en la tierra.

Los gobernantes también se han valido de la literatura, algunos para mal, muy pocos para bien. El Príncipe de Maquiavelo se ha vuelto libro de texto para muchos políticos que aspiran a ser gobernantes. Hurgan en las páginas de un libro, escrito por un buen funcionario, que describió de manera muy audaz y exacta las formas de un gobernante cruel, despiadado e inmoral: César Borgia. Para esos políticos la máxima: «El fin justifica los medios», es su piedra de toque y el principio que habrá de regir su paso por la administración pública.

Pero pocos se han asomado a una joya de la literatura, en dónde se anotan los preceptos que debería seguir un verdadero gobernante, un hombre de estado, un servidor público.

A mediados del siglo XX, exactamente en 1951, salió a la luz un texto que algunos críticos inmediatamente supusieron una novela, Memorias de Adriano de la escritora belga Marguerite Yourcenar. Aunque esté catalogada como una novela a mí no me lo parece. Si bien Memorias de Adriano relata parte de la vida del más esplendoroso de los emperadores romanos, Publio Elio Adriano, el texto es más bien un testamento, las reflexiones de un hombre ante el espectro de la muerte; Memorias de Adriano es una carta escrita donde el emperador expone a uno de sus sobrinos la trama intelectual y el soporte espiritual de sus acciones como ser humano y como emperador.

El documento es el testimonio de una época, de un hombre que gobernó el imperio más grande de Europa en el segundo siglo de nuestra era. Sólo 21 años estuvo Adriano al frente de Roma, dos décadas que bastaron para que el esplendor de Roma regresara.

Pero hablamos de los buenos gobiernos. Un gobernador en la actualidad no tiene ni la más remota idea de la responsabilidad que se echa a hombros. Un gobernador inexperto, llegado al poder por las conveniencias encubridoras de su antecesor, piensa que son sus méritos los que lo colocaron ahí. De ahí que desprecie a todos aquellos que señalen su falta de madurez.

Pero gobernar un pueblo es una responsabilidad inmensa. Gobernar significa brindar las oportunidades necesarias para que la persona que vive en la pobreza pueda realizar sus proyectos, por más sencillos que sean. Gobernar significa crear los mecanismos para que una sociedad transite en un justo equilibrio, sin quitar a los ricos la riqueza que tanto trabajo les ha costado, pero sin relegar a los pobres a una miseria que no merecen. Marguerite Yourcenar, en voz de Adriano lo expone de la siguiente manera:

«Me sentía responsable de la belleza del mundo. Quería que las ciudades fueran espléndidas, ventiladas, regadas por aguas límpidas, pobladas por seres humanos cuyo cuerpo no se viera estropeado por las marcas de la miseria o la servidumbre, ni por la hinchazón de una riqueza grosera; quería que los colegiales recitaran con voz justa las lecciones de un buen saber; que las mujeres, en sus hogares, se movieran con dignidad maternal, con una calma llena de fuerza; que los jóvenes asistentes a los gimnasios no ignoraran los juegos ni las artes; que los huertos dieran los más hermosos frutos y los campos las cosechas más ricas.

»Quería que a todos llegara la inmensa majestad de la paz romana, insensible y presente como la música del cielo en marcha; que el viajero más humilde pudiera errar en un país, de un continente al otro, sin formalidades vejatorias, sin peligros, por doquiera seguro de un mínimo de legalidad y de cultura; que nuestros soldados continuaran su eterna danza pírrica en las fronteras; que todo funcionara sin inconvenientes, los talleres y los templos; que en el mar se trazara la estela de hermosos navíos y que frecuentaran las rutas numerosos vehículos; quería que, en un mundo bien ordenado, los filósofos tuvieran su lugar y también lo tuvieran los bailarines.

»Este ideal, modesto al fin y al cabo, podría llegan a cumplirse si los hombres pusieran a su servicio parte de la energía que gastan en trabajos estúpidos o feroces; una feliz oportunidad me ha permitido realizarlo parcialmente en este último cuarto de siglo».

Gobernar no es dar, es aportar; gobernar no es arrancar el fruto, es sembrarlo; gobernar es procurar la armonía, no la discordia; gobernar es sancionar a los que se salen del orden establecido, no solaparlos.

Por otro lado gobernar no es administrar el poder, no es abusar de él, no es disponer de las riquezas de una nación para forjar un patrimonio ignominioso, que difícilmente podrán gastar.

Gobernar es amar a los hombres, no despreciarlos y si eso ocurriera, el gobernante no sería digno de serlo. Adriano lo expuso en estas palabras: «No desprecio a los hombres. Si así fuera no tendría ningún derecho, ninguna razón para tratar de gobernarlos. Los sé vanos, ignorantes, ávidos, inquietos, capaces de cualquier cosa para triunfar, para hacerse valer, incluso ante sus propios ojos, o simplemente para evitar sufrir. Lo sé: soy como ellos, al menos por momentos, o hubiera podido serlo».

Un buen gobernante escucha, no se hace escuchar. Aquel que presume que cierra los oídos a las críticas, no es un hombre de estado, es un vil oficiante que no merece el puesto que le hayan regalado.

Vaya pues esta recomendación literaria para aquellos hombres que en algún momento se sintieron tocados por Dios, como si Éste les hubiese dado el derecho a gobernar.

CÍRCULO ROJO: ES EL MOMENTO DE LOS CIUDADANOS: ABEL CUEVAS

El candidato del PAN a la alcaldía de Xalapa, Abel Cuevas Melo, señaló que en las próximas elecciones sólo hay dos opciones, la de mantener a Xalapa en el atraso, el desorden, la corrupción y la prepotencia y la que él encabeza, la de quienes quieren un gobierno honesto y eficiente, con la experiencia necesaria para reconstruir una ciudad de la que los xalapeños se puedan sentir orgullosos. El candidato del PAN comentó que con mucho optimismo y con propuestas sensatas visitará a los ciudadanos de la capital veracruzana para convencerlos de que su opción es la mejor.

POSTDATA 1: ¿QUIÉN ES JUAN JOSÉ BARRANCO FONG?

Al parecer, un gran fraude se ha estado fraguando en el municipio de Emiliano Zapata desde hace algunos años, ante la indiferencia, complacencia y complicidad de las autoridades estatales y municipales. Espere para la próxima semana una investigación completa sobre la venta de unos terrenos a pensionados, terrenos que se pagaron pero que nunca se entregaron y sobre los cuales la inmobiliaria Bosques de Niebla ya está construyendo casas. Y en todo esto está implicado un sujeto llamado Juan José Barranco Fong.

POSTDATA 2: URIEL ROSAS Y EL CLUB DE PERIODISTAS
La delegación veracruzana del Club de Periodistas de México AC que preside Uriel Rosas Martínez, anda muy activa en los preparativos para la celebración del Día de la Libertad de Expresión, en donde se reúne a lo más representativo del periodismo en Veracruz. Vale señalar que en esta ocasión, y con motivo del centenario del nacimiento del fundador del Club de Periodistas de México AC, don Antonio Sáenz de Miera, se otorgará la medalla conmemorativa por este centenario a la poeta veracruzana Silvia Tomasa Rivera, quien tiene todos los méritos literarios para recibirla. ¡Enhorabuena!

Para rematar: ¡¿Qué sale Antonio Ferrari Cazarín del Cobaev?! A quienes conocemos lo inepto que es no debería asombrarnos. Lo que preocupa es que otro inepto, como Carlos Aceves, llegara a la dirección.

Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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